La velocidad de la máquina.
Cuanto más rápido va el ordenador, más se nos exige operar a su velocidad. Pero esto no es nuevo, nos asomamos a una posible racionalización de nuestro inevitable giro conservador.
“Nuestros militares están utilizando una variedad de herramientas avanzadas de inteligencia artificial. Estos sistemas nos ayudan a cribar enormes cantidades de datos en segundos, de modo que nuestros líderes puedan separar la señal del ruido y tomar decisiones más inteligentes más rápido de lo que el enemigo puede reaccionar.
Los humanos siempre tomarán las decisiones finales sobre a qué disparar, a qué no disparar y cuándo disparar, pero las herramientas avanzadas de IA pueden convertir en segundos procesos que antes llevaban horas y, a veces, incluso días”.
Almirante Brad Cooper, comandante del Mando Central de EEUU. (NBC).
Cuando explicamos que la IA es la tecnología clave para la guerra del siglo XXI, subrayamos cómo permite identificar, priorizar y atacar grandes cantidades de objetivos a velocidad de máquina en lugar de a velocidad humana.
Tras el anuncio de Claude Mythos, explicamos que una parte importante del impacto en ciberseguridad consiste en reducir a casi cero los tiempos de trabajo, rompiendo el modelo clásico y sus márgenes temporales. Antes, encontrar un fallo era difícil y crear un exploit era lento, lo que justificaba prácticas como la "divulgación responsable a 90 días". Con los sistemas agénticos de IA, descubrir vulnerabilidades y construir herramientas para explotarlas pasa a tomar horas o minutos. Esto obliga a operar en tiempo real: parchear de inmediato toda vulnerabilidad crítica, acortar drásticamente las ventanas de divulgación y revisar el software con IA antes de lanzarlo a producción.
También hemos contado por aquí cómo el triaje en urgencias es justo el momento donde más se exige rapidez con menos información y es ahí donde la IA muestra su mayor ventaja: en estudio de Harvard, el modelo o1 de OpenAI acertó el diagnóstico exacto o uno muy cercano en el 67% de los casos, frente al 50–55% de los médicos sin IA. Es el terreno en que es más matizable la velocidad de la máquina, los resultados son mejores con historiales completos y estructurados por el hospital, pero peores sin ellos y solo con lo que cuentan los pacientes.
En una pieza de Bloomberg se detalla como los chutes de dopamina cada vez que Codex o Claude Code acaba una tarea que le has pedido se unen al FOMO de los que están en la carrera de la IA. Esos relatos de ‘te quedarás obsoleto, ahora es la gran oportunidad, en dos años o has triunfado o quedarás en la subclase permanente…’ hay una suerte de ansiedad devenida de la velocidad a la que podemos hacer las cosas (¡ahora puedes ir 10 veces más rápido!), y de la que tiene la propia industria. Dentro del mundo de la IA trabajamos más cuando en teoría podríamos trabajar menos.
Incluso en estos tiempos en los que se celebra que los grandes laboratorios de IA contraten filósofos, me acuerdo de la pieza de Bostrom en la que apuntaba a que la inteligencia artificial nos obliga a “una filosofía con fecha de entrega”. Su artículo es de 2014, así que era un deadline no demasiado exigente… que en algún aspecto creo que no han cumplido.
Llevo tiempo pensando en esta aceleración de los tiempos, con los humanos enredados a la velocidad de la máquina: rendición cognitiva, el humano cada vez menos en el proceso, nostalgia de la fricción. Un amigo me recomendaba leer a Hallnäs y Redström y su demanda de una tecnología lenta y ando esforzándome en entenderles. Reclaman diseñar la tecnología para la reflexión y el reposo mental y lo hacen en 2001, antes de que la IA actual acelerara no sólo el procesamiento sino también la producción.
Cuanto más rápido va el ordenador, más se nos exige operar a su velocidad. Pero esto no es nuevo y, como en otros artículos de este corte, nos asomamos a una posible racionalización de nuestro inevitable giro conservador: la tecnología tenía la velocidad adecuada justo cuando yo era joven y me hacía adulto. Es justo después cuando la aceleración se hace insoportable, inhumana.
Mi tesis actual es que el criterio fundamental con este cambio tecnológico es discernir bien en qué acelerar, ser más eficiente y productivo, eliminar la fricción y delegar y automatizar. Pero también pensar en qué deberíamos cuidarnos de todo ello, sea porque le damos una vuelta y conseguimos una “IA lenta” diseñada no para producir por ti sino para hacerte reflexionar, con latencia deliberada, con fricción reintroducida a propósito, que devuelva preguntas en vez de respuestas cerradas, que se resista a entregar el resultado terminado, sea porque renunciamos a usar la IA aunque sea más eficiente y productiva.



