Discusión sobre este post

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Avatar de David Lopez

Hay un punto interesante aquí que probablemente es un cherry-pick, como casi todas las experiencias personales. 

Una frase del texto: "Creo que muchos de los que usamos los sitemas de IA a menudo, especialmente los agénticos y de mejor nivel, tenemos la alarma puesta al delegar tareas."

Sí, pero.

Sí, pero lo haces tú que eres (o intentas ser) tremendamente consciente y crítico de lo que escribes/haces/lees.

Sí, pero lo hago yo que me interesa muchísimo que los desarrollos que hago para mis clientes (mi responsabilidad) sigan estando al nivel adecuado.

Sí, pero lo hace el otro que X, Y, Z. 

El problema, creo, es que precisamente nosotros somos el laboratorio. 

Cuando lo llevas al ejemplo concreto, liberando a Claude Opus 4.6 en un entorno empresarial real de unos miles de programadores, muchos externos a la compañía, externalizados en un país donde el coste es menor (y la calidad puede ser acorde a ello) tienes la receta perfecta para el fallo global porque *no hay esa alarma a la hora de delegar tareas, o es mucho más laxa*. O porque revisar 15000 líneas de código al día es inviable. Quizás quieras mirarlo críticamente pero no hay tiempo material para hacerlo.

La duda que me trae esto es si realmente dejamos de pensar porque las usamos o es simplemente que la capacidad de proceso es tan grande, la cantidad de "output" que puedes producir es tan brutal, que los incentivos para "dejarle hacer" son demasiado fuertes.

Cierto que la programación es sólo una parte del uso de AI, pero...

Avatar de Alex Acero

encuentro fundamentada la argumentación aquí expuesta, aunque la realidad siempre es más compleja y profunda.

En otro artículo que he leído sobre la misma cuestión, se comentaba la disparidad entre la capacidad de procesar de la IA con la limitación "del ancho de banda" de los verificadores humanos. Al final, subyace una cuestión energética, si hemos de verificar cada respuesta de la IA, se acabó. Hay procedimientos para articular esa verificación y validación, aunque requiere complejidad, aplicarlas a cuestiones menores resulta energéticamente excesivo. Así que, en mi humilde opinión, la clave es tomar conciencia de lo que haces, no confiar ciegamente ni en máquinas ni en humanos, confiar lo necesario en lo cotidiano y ser muy cauto en lo estratégico. En según que contextos, lo grave no es tropezar, sino no levantarse rápidamente.

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Por supuesto, sigue adelante.