Tenemos IA, así que trabajemos más
Ahora que la inteligencia artificial nos hace más productivos y tenemos agentes automatizando lo tedioso y dejándonos tiempo para pensar, para crear y para trabajar menos, me imagino a los que la adoptamos en el trabajo del día a día así:
Es curioso, porque no conozco a nadie que esté en ese proceso, pero sí a muchos que están en lo contrario.
Un estudio en desarrollo de Berkeley Haas publicado en Harvard Business Review lo documenta con datos de entre abril y diciembre de 2025. Observaron a 200 empleados de una empresa tecnológica estadounidense y la conclusión es que, de momento, la inteligencia artificial no reduce el trabajo: lo intensifica. Lo que encontraron es que la herramienta introduce un nuevo ritmo. Los trabajadores gestionan varios frentes activos a la vez: escriben código manualmente mientras la IA genera una versión alternativa, ejecutan múltiples agentes en paralelo, retoman tareas largamente aplazadas porque la IA puede ocuparse de ellas en segundo plano. Sienten que tienen un “socio” que les ayuda a avanzar. Pero ese socio les obliga a un cambio constante de atención, revisiones frecuentes de los resultados y un número creciente de tareas abiertas. El resultado es carga cognitiva y la sensación de estar siempre haciendo malabares, incluso cuando el trabajo parece productivo.
Lo que veo y leo en el mundo de los desarrolladores no es muy diferente. Siddhant Khare ha reflexionado sobre el impacto que está teniendo en él y en el sector la adopción de la IA agéntica. Algunos de sus argumentos ya aparecieron por aquí en “Programadores, ¿oís eso?: es el sonido de la inevitabilidad”, pero actualizados y ampliados: el modelo escribe casi todo y eso deriva en el agotamiento por supervisar permanentemente a un sistema que es intrínsecamente no determinista. Su punto es que la incertidumbre constante es un drenaje continuo de energía
Y por encima de todo, el FOMO. En cuestión de meses hemos visto aparecer Claude Code con sub-agentes, un SDK de agentes y Claude Cowork; OpenAI lanzando Codex CLI y GPT-5.3-Codex; Google con Gemini CLI; GitHub añadiendo un registro de MCP; frameworks de agentes nuevos cada semana. Un día te despiertas y parece que si no estás orquestando agentes con sub-agentes ya te has quedado obsoleto. Hay muchos programadores que se pasan los fines de semana evaluando herramientas nuevas, pero en un par de días, ya se han publicado otras mejores.
¿Y por qué lo están haciendo motu proprio? No es sólo la fascinación por la nueva tecnología o el mantenerse actualizados. Darío Amodei lo mencionaba y yo lo comenté en este artículo, el meme de las últimas semanas en cierto sector del mundillo de la IA es el de "vuélvete loco a hacer cosas ahora con agentes" o acabarás en la “subclase permanente”. El FOMO de que hay una ventana de oportunidad muy estrecha económica y es ahora o nunca: hazte rico antes de que la inteligencia artificial cambie el sistema para siempre.
De 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días a la semana
La circulación de estas ideas resulta una suerte de fiebre del oro empresarial. La BBC explica que las startups de IA están resucitando la cultura del 996 (de 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días a la semana) como el nuevo estándar del sector. Citan los casos de ofertas de empleo de semanas de 70 horas o de irte a una “hacker house” donde vivir y trabajar se mezclan. Los fundadores, casi todos veinteañeros, lo comparan con estar enganchado a un videojuego.
Se podría objetar que este aumento es circunstancial: se trataría del momento de la búsqueda de la consecución de la inteligencia artificial realmente capaz de trabajar como un humano. Cuando la consigan, entonces se logrará trabajar bastante menos.
Entramos en uno de los debates que más me apasiona, el de quién va a capturar la mejora de productividad que va a introducir la inteligencia artificial. Las empresas empleadoras, las tecnológicas empleadoras, el estado, los trabajadores, entre los actores está el juego.
Kate Lindsay ejemplifica un perfil de trabajadora de la creatividad que siente que el sistema se la ha jugado:
La automatización no nos dio más tiempo para nuestros hobbies y nuestras comunidades. Solo nos ahorró tiempo para que pudiéramos hacer más trabajo. En la década de 2010 hubo muchos artículos sobre cómo Keynes se había equivocado, pero en realidad no fue así. Yo diría que lo que se lograba en una semana laboral en 1930 podría alcanzarse hoy con tecnología en menos de 15 horas. Lo que quizá Keynes no tuvo en cuenta (yo soy más listo que él) es que el capitalismo no nos lo permitirá. La línea de meta se moverá. Si las empresas no nos despiden para sustituirnos por IA, nos mantendrán para que usemos ese nuevo tiempo libre y llenemos toda la semana laboral haciendo lo que la IA no puede hacer.
El caso es que aunque lo de Keynes no se ha cumplido, sí que trabajamos mucho menos que hace 150 o 100 años y, sobre todo, tenemos períodos mucho más largos de no trabajo por los estudios y en la jubilación. Las grandes reducciones de jornada han aparecido cuando coincidían tres piezas: capacidad técnica para producir más por hora, poder de negociación de los trabajadores y marco legal que convertía acuerdos en norma general.
La IA se presenta como un territorio propicio para que se pueda dar una reducción del tiempo de jornada laboral. De hecho el mayor miedo respecto al empleo es que llegue a ser tan buena que minimice la necesidad de trabajadores humanos. Pero mientras eso llega, sí que puede ser una oportunidad para pasar menos horas trabajando y más dedicadas a lo que más queramos. Sólo hace falta que la esperada mejora de la productividad que se presume de la inteligencia artificial, aparezca.





Interesante. Veo tu correo y hace diez minutos que me había descargado el artículo que mencionas para leerlo con calma y detenimiento. Un saludo.
Es que en el fondo la IA convierte buena parte del trabajo en trabajo de gestión / management. Y ese trabajo, del que todos nos hemos burlado alguna vez cuando lo sufríamos siendo "managereados" o quejado, cuando hemos "manageado", está pasando a ser la norma en trabajos que tradicionalmente eran de "hacer".