En el mercado de las ideas, los anti inteligencia artificial van ganando
En pocos días se han cruzado dos declaraciones.
Por un lado, Sam Altman extrañado por las críticas al gasto energético que supone entrenar un modelo de inteligencia artificial cuando entrenar un humano cuesta 20 años y mucha comida:
Por otro, las que recogía el NYT de Jensen Huang y otros, lamentando que la narrativa anti IA domine las conversaciones, lo que frena las inversiones y anima las regulaciones.
Resulta llamativa la extrañeza de los directivos de las empresas tecnológicas. Si repasamos los últimos años encontramos:
A Mustafa Suleyman de Microsoft, afirmando que la mayoría de las tareas de cuello blanco estarán completamente automatizadas en los próximos 12 a 18 meses.
A Dario Amodei advirtiendo en mayo de 2025 que la IA podría eliminar la mitad de los puestos junior de cuello blanco y elevar el paro al 10-20% en un plazo de uno a cinco años.
A Jensen Huang declarando que todos los trabajos se verán afectados y que el impacto es inmediato.
A Demis Hassabis avisando de riesgos serios que requieren cooperación internacional urgente.
Y a Sam Altman, ante el Senado de Estados Unidos, reconociendo que si esta tecnología sale mal, “puede salir muy mal”.
Prometer impactos extraordinarios genera grandes expectativas, puede beneficiar la captación de inversión y hasta pueden considerar un deber moral avisar a la sociedad. Pero el efecto acumulado de años de declaraciones apocalípticas desde dentro del propio sector ha sido devastador para la percepción pública. Como señala Alex Imas, la gente tiene por un lado chatbots que son divertidos y a veces útiles, y por otro a los directores de casi todas las empresas de IA afirmando que la IA va a por tu trabajo y tu vida.
En “La inteligencia artificial es una revolución contra los deseos del pueblo” recogía encuestas que reflejan que sólo una minoría en Occidente se declara más ilusionada que preocupada por la IA. La opción dominante es la ambivalencia o la preocupación neta. La foto en Estados Unidos es que, aunque Trump mantiene una agenda promotora de la inteligencia artificial, alrededor del 60% de sus votantes están inquietos por el avance acelerado de la IA y casi el 80% cree que necesita más regulación, lo que según el Financial Times está generando una revuelta en los propios territorios MAGA contra los centros de datos.
Pero es otra clase cultural la que promueve el sentimiento anti IA. Lo que estamos viendo es, ante todo, la influencia de las clases creativas en la opinión pública. Como explicaba en “Nosotros, los luditas”, las profesiones del conocimiento y la creatividad son mucho más activas en plataformas y medios de comunicación. No queman centros de datos: pelean tuit a tuit, artículo a artículo, conferencia a conferencia.
Es en este contexto en el que los relatos de miedo sobre el impacto en el empleo calan, se viralizan y en parte compran el hype de los directivos de inteligencia artificial.
Cabe anotar un elemento adicional a esta situación. Hemos hecho el retrato del mercado de las ideas en Occidente, pero mientras tanto, Asia y países emergentes son otro mundo. China, India, el Sudeste Asiático muestran un optimismo hacia la IA por encima del 70-80%. Como analizamos en el último episodio de monos estocásticos
Hay quien usa esta división para argumentar que Occidente no puede permitirse el lujo de frenar la IA porque supone regalar el siglo XXI, tanto el liderazgo económico como militar. Pero también cabe ver ahí la invocación del coco para silenciar cualquier objeción política e ideológica al despliegue de la IA.
Los que mantenemos una posición moderadamente optimista y además no tenemos acciones de OpenAI, quedamos un tanto desmarcados. Mantener la tesis de que la mayoría de tecnologías nuevas generan miedos y problemas iniciales en su adopción y despliegue, pero que a largo plazo tienden a mejorar la vida humana es la típica posición tibia de escaso éxito en el momento. El rechazo actual es una mezcla de temor a externalidades, ansiedad laboral y un clima polarizado que además es en parte debido a los pronósticos de la propia gente de la IA y en parte bastante racional.
Decíamos en 2024 que Terminator era un meme más sexy que la productividad. Ahora queda claro que “vas a perder el trabajo” es el meme que vence a ambos.









La burbuja la burbuja :)
Me flipan las imágenes que generas para los artículos. Muchas me las pongo de fondo en el móvil 😃