Hace unos días me crucé con una adaptación del clásico “Another World” para el Zx Next y recordé al chaval que fui, estirando años la vida de mi Spectrum mientras el resto del mundo daba el salto a las máquinas de 16 bits y disfrutaba de maravillas como aquella. En los 35 años transcurridos desde su lanzamiento, distintos aficionados han reconstruido mediante ingeniería inversa el funcionamiento del juego. Pero hay un cambio de era1: han sido unos meses, los últimos, en los que se ha acelerado el proceso
Con la inteligencia artificial sucede como en aquella frase de la novela de Hemingway: primero poco a poco y después de repente.
Y es que el repositorio más popular de GitHub en estas semanas sirve para desentrañar, tal vez copiar, el software de los demás. Se llama REA (Reverse Engineer Anything) y está cambiando la manera de hacer ingeniería inversa: permite que un agente de IA utilice herramientas de análisis y decompilación para investigar aplicaciones sin disponer de su código fuente. La IA está suponiendo un pasar de 0 a 100 porque facilita enormemente analizar cualquier aplicación, reconstruir su funcionamiento y, esto es fundamental, replicar algunas de sus características
Asistimos a una catarsis de noticias: juegos que aparecen en plataformas para las que nunca fueron programados, recuperación de software abandonado, mensajes admirándose de secretos ocultos en el código, clones de programas con decenas de millones de usuarios. Hackers y crackers están de fiesta, al menos hasta que lleguen los abogados.
Todo esto sucede tras dos años en los se lleva tanteando, con variaciones, lo de que «el software ha muerto» o estamos ante el «apocalipsis SaaS». No es este un artículo enterrador, pero sí uno en el que sostengo que ya hemos entrado en un cambio de era en el software, uno al que lo empujan cuatro fuerzas a la vez: la programación con agentes IA (mal llamada vibe coding a estas alturas) que abarata la producción; la decompilación con IA, que lo desnuda y desprotege (más en este episodio de monos); los modelos generalistas, que se comen usos y verticales enteros; y los agentes personales, que están sustituyendo al humano como usuario. Cada fuerza golpea a empresas y proyectos y distintos. Juntas dibujan un paisaje que a quienes venimos de los medios nos resulta familiar.
Qué bien que has programado una app, es la número 83000 del día
En marzo de 2025, disculpen la autorreferencia, escribía que, igual que con los contenidos en internet, donde cayó la barrera de entrada para publicar textos o vídeos, empezábamos a ver una producción masiva y de calidad muy desigual de aplicaciones. Año y medio después es más claro lo que intuíamos: cuando desarrollar una aplicación cuesta 10, 100 veces menos que antes, el mercado del software empieza a a parecerse al de los contenidos. Sobreoferta, costes de producción que tienden a cero, el marketing y la distribución como puntos fundamentales y éxitos que, como los memes, durarán una semana, un día, una hora.
A la vez cambia quién hace software. Ya hablamos por aquí de la edad de oro del software casero, de los normies y de los departamentos olvidados por el roadmap que ahora se lo guisan y se lo comen. Económicamente, me parece más revelante que en las empresas el cálculo entre contratar una solución de un tercero o construirla en casa se está moviendo: aunque sea sólo un ejemplo, tenemos casos como Curative que canceló un contrato de 600.000 dólares anuales con Salesforce tras montarse su propio CRM, pero sobre todo vamos a tener la filosofía de muchas nuevas startups que van a mirar con otros ojos ese dilema. Como comentaba a propósito de Mercadona, va a haber muchos CTOs felices, los de la escuela de hacer las cosas más que ser una mezcla entre compras y gestionar proveedores.
Es obvio que los miran los números y nos recuerdan que lo de la muerte del Saas y el software es quizás exagerado tienen razón. Se busca demasiado la frase terminante y la rotundidad acelerada. Yo diría que los mejores tiempos para lanzar un software como servicio han pasado ya.
Todo lo que se puede instalar se puede copiar
Volvamos a REA. Lo que me parece decisivo es la consecuencia: cada vez habrá menos secretos que puedan codificarse en el software que se entrega al usuario. Con la IA actual lo que se descarga se puede abrir, entender y replicar; pero lo que corre en un servidor ajeno y sólo asoma a través de una API, bastante menos. Así que a los productores software les puede tocar repensar parte de sus modelos de negocio: desde echar un ojo a los modelos del software abierto a apalancarse en soporte especializado, integración, datos propios o efectos de red hasta pegar otro empujón fuerte hacia la nube, con la lógica valiosa, los modelos y los datos del lado del servidor, y el programa instalado convertido en un cliente lo más tonto posible.
Hay sectores que no tienen esa escapatoria porque viven instalados. Muchos videojuegos, cuyo motor y mecánicas están en tu disco, o el software del reloj inteligente y similares, donde el firmware formaba parte de lo que podría distinguir a un fabricante de otro.
Hay una superapp que siempre tiene hambre
El tercer frente tiene dos caras. Una la descubre el propio usuario: la herramienta generalista de inteligencia artificial resuelve cosas para las que antes instalábamos una app. Ese momento en el que tu agente IA te ahorra una suscripción de pago (monitorizar plataformas de internet, to-dos y recordatorios, clipping de prensa, crear y editar algún tipo de imágenes, etc..) es de felicidad y consuelo: a ver si esto de pagar a Anthropic, Grok o ChatGPT va a ser rentable.
Esto tiene un reverso, por supuesto. La excitación que encuentro en muchos desarrolladores al descubrir que ahora pueden crear muchas más apps y servicios me temo que acabará conduciendo a la melancolía. Es más, hay un horizonte lejano pero no imposible en el que el modelo de super inteligencia es todo lo que se puede necesitar: incluso cuando necesite software determinista lo puede crear directamente.
La otra cara es más cercana y deliberada. Los laboratorios llevan un par de años entrando en algunos verticales: Anthropic ha estado sacando herramientas para abogados, finanzas, diseño o contabilidad para pequeñas empresas, y OpenAI ha metido las finanzas personales dentro de ChatGPT. A algunos les sonará: «¿Y si OpenAI lo construye?» es el nuevo «¿y si Google lo construye?», que a su vez fue el nuevo «¿y si Microsoft lo construye y lo mete en Windows?».
¿Cuánto puede comerse la superapp de cada laboratorio? Mi respuesta es que hasta que no esté claro cuál va a ser la mejor posición en la cadena de valor, no lo vamos a saber: mientras los modelos chinos lleguen a niveles de OpenAI y Anthropic en apenas meses, hay incentivos para que estos busquen estar más arriba en la pila, en la capa de aplicación.
Claro que es algo que tiene sus límites, a la big tech le conviene estar en la posición de plataforma y no tanto en la de servicio porque alguien tiene que tener la culpa. El especialista se encarga de la complejidad: atiende a los clientes finales, custodia datos, vigila la regulación y responde ante un juez o un auditor. Por eso es probable que sólo peleen algunos mercados, los más valiosos, y formulen alianzas: cuando Anthropic sacó sus herramientas legales, optó también por integrar a Harvey, uno de los especialistas del sector, mediante un conector que permite utilizar sus herramientas desde Claude.
Abre la puerta al agente, que el cambio en el software va a comenzar
Queda la cuarta fuerza2, la que, podríamos decir, cambia quien utiliza el software. En los últimos meses sólo uso ComfyUI a través de Hermes: he decidido no invertir más tiempo en aprender a manejar su interfaz, de hecho veo bastante probable no usar directamente software que mi agente pueda manejar por mí. El siguiente paso será dejar de utilizar programas que no permitan trabajar desde agentes IA. Es lo que vengo rumiando con los agentes personales: si son los que reciben la intención del usuario, muchas aplicaciones pasan de tener relación directa a proveedores del Mercadona. Habrá casos en que me va a dar un poco igual que Hermes utilice Photoshop o su clon.
Ante eso, y de manera urgente, las empresas de software, servicios y negocios digitales tienen que elegir estrategia. Amazon le ha cerrado la puerta a Muse, el agente de Meta, algo que no extrañará a los lectores de Error500 ya que hizo lo mismo con Perplexity y lo comentamos por aquí: parte del negocio de la web de Amazon es publicidad que necesita ojos humanos, otra parte es que vamos a ella por costumbre, sin comparar. Shopify parece apostar por lo contrario y se ha aliado con Meta y con Instinct para abrir su catálogo y sus sistemas de compra a los agentes.
Las implicaciones del uso agéntico del software no tardarán en verse. Magnific, donde genero las imágenes de esta newsletter, eligió abrirse con su MCP. Yo lo celebro, claro. Pero, al mismo tiempo, cuando veo que mi agente decidir utilizar Magnific, pienso también en el día en que pueda saltar de un agregador de modelos a otro para generar la misma imagen por menos dinero. Justo esa cualidad que yo espero que tenga, esa facilidad para cambiar de proveedor, acabará presionando los márgenes de toda la categoría.
Abrirse tiene el precio de quedar detrás del agente, convertido en una pieza de Lego intercambiable. Pero cerrarse funciona mientras el usuario siga viniendo por inercia, que es justo lo que los agentes están erosionando, y de paso le regala una ventaja al competidor que sí se abra.
Quienes vimos a los medios perder la relación con su lector a manos de Google y Facebook reconocemos la película: abundancia de creadores, un intermediario nuevo que captura la mayor parte del valor y márgenes arbitrados por algoritmos. La diferencia es que esta vez hay una decisión muy consciente del usuario al elegir intermediario. De momento. Como ya apunté pensando en Instinct, el mismo agente que te pone facilísimo cambiar de aseguradora va a hacer muy complicado cambiar de agente: habrá acumulado tus preferencias, tu historial, tus permisos y una buena parte de tu vida digital.
Veo probable que muchos de los males del software que sentimos que están terminando en la era de la IA simplemente están cambiando de capa de abstracción.
Imágenes: Antonio Ortiz con Magnific.
Este apartado empieza con un guiño a una de mis canciones preferidas.




