4 Comentarios
Avatar de User
Avatar de José Manuel Rivera Castro

Creo que es más un problema de actitud que de tecnología. Siempre habrá una minoría que buscará soluciones de formas creativas e insospechadas y una minoría que seguirá comprando vegetales troceados (industria al alza, por cierto). No se si el símil es adecuado pero la yogurtera doméstica no acabó con la industria, más bien fue al contrario.

Avatar de Amalio A. Rey

¡Ah, otro tema! Es evidente que democratizar el desarrollo de software, reduciendo barreras técnicas a la entrada vía IA, va a multiplicar su demanda, y ahí sí que está Jevons.

Pero ese es un modelo de autoservicio que capturan los ProAms más inquietos, y no los que venden software, como bien explicas en el artículo. Es como si tú fueras fabricante/vendedor de carbón, y descubrieras que la gente ya puede autoproducirse su propio carbón, ¿venderás más carbón? Nop, aumentará el consumo pero no la venta. Lleva ahora esa lógica al mercado laboral.

Por eso digo que lo de Jevons, que tanto se usa desde la mirada tecnooptimista para atenuar el impacto de IA en los puestos de trabajo (como se hizo con el cuento de los radiólogos, que tiene una explicación muy particular por su naturaleza absolutamente regulada) tiene su aquel. Cada vez que me citan a Jevons ahí, encuentro matices que ponen en cuarentena tanto optimismo.

Avatar de Amalio A. Rey

Excelente artículo, Antonio, me ha gustado mucho. Esa tendencia es super interesante. A ver si un día me atrevo a hacer algún pinito como auto-informático. Intuyó que ocurrirá.

Por cierto, me he quedado con esta frase de tu artículo, relacionada con el coste de oportunidad, porque a los efectos de los temas que sabes que a mí me interesan es tan simple como reveladora: «hay que entender que ahorramos tiempo en algunas tareas porque realmente queremos hacer otras». Voy a abusar de tu paciencia, como de costumbre, pero permíteme que le dé unas vueltas a esa frase (aunque no sea central en tu post), que me llevo a casa para seguir rumiando.

Aquí parto del principio no-paternalista de que cada persona debería saber decidir a qué merece más dedicar su tiempo. Si alguien «quiere» dejar de hacer X para poder hacer Y es totalmente legítimo. Ahí damos por hecho que el tiempo ahorrado se reinvierte en algo mejor, aunque eso no siempre ocurra, porque esa racionalidad está muy condicionada por incentivos, impulsos y presiones del entorno. A veces lo que hacemos es evitar la incomodidad de hacer bien lo que toca o lo que solo aporta valor a m/l plazo. Por ejemplo, no es lo mismo automatizar una tarea mecánica que saltarse algo, que cuesta y no es tan divertido, pero desarrolla criterio. «Quiero hacer otras cosas» puede ser FOMO, escapar de lo-tedioso-importante o perderse en la dispersión del picaflor. Ya sabes, intuyo que algo falla en la retórica justificativa de «ahorrar tiempo», como si fuera algo siempre bueno. Siento que ahí hay también mucha ansiedad, presión productiva o pura acumulación. Nada de eso es emancipador. ¿Cuántas veces el tiempo que ahorramos no termina en descanso, presencia o profundidad, sino en más tareas, más velocidad y más deuda de atención? Pero, en fin, como tú mismo estás insistiendo tanto en los últimos tiempos, será porque pertenezco a la 3ra categoría generacional, la de conservadores/escépticos (pero, a veces, tediosamente pesados... o sabios).

Avatar de Patricio Cabrera

Es un buen momento para estar vivos, como en cada momento.

Nunca deja de sorprender hacia donde vamos con la tecnología. Queda claro que hay miles de caminos posibles para facilitarnos la vida en el mercado tanto como para comprar o para vender.