Hay una idea aquí que me parece especialmente potente, que el cuello de botella deja de ser la ejecución y pasa a ser la verificación.
En biología pasa algo parecido. El cuerpo puede generar millones de células nuevas cada segundo pero lo crítico no es producirlas es asegurarse de que son correctas. Por eso existen sistemas como la apoptosis o la vigilancia inmunitaria que eliminan lo que parece válido pero no lo es. Cuando ese sistema falla, el problema no es la producción es el error no detectado.
Con la IA puede estar ocurriendo algo muy similar, producir va a ser barato pero detectar lo que está mal sobre todo cuando el error es sutil o tarda en aparecer se convierte en lo realmente escaso y valioso y eso cambia bastante la situación, porque ya no gana el que más hace sino el que mejor distingue.
La verdad es que el problema del junior perdido me parece poco importante hasta dentro de 3 décadas. En ese intervalo habrá un exceso de seniors formados y con capacidad para verificar que probablemente tengan este trabajo como uno de los pocos donde podrán ejercer. Lo que supondría un exceso de oferta para la demanda existente.
Oro molido! Por cierto el bucle del junior perdido lo hablé la semana pasada con un directivo de una gran ingeniería y me pareció acuradísimo, no se si está más leído que yo, o era una intuición basada en su experiencia, pero lo clavó, aunque este paper abarca muchos más temas. Espectacular Antonio.
El artículo me parece muy acertado: la fragilidad de las ventajas estructurales en lo digital nos obliga a pasar de una mentalidad de conquista de territorio a una de agilidad ecosistémica. Si los marcos de dominancia son efímeros, la verdadera ventaja no es el “dónde” estás, sino la soberanía mental para traducir conceptos entre distintos códigos. La claridad conceptual no es solo una virtud académica: es el único activo que no se devalúa cuando la plataforma colapsa.
Justo el sábado, a propósito del aniversario de la muerte de Marx, me daba por pensar en ese marco conceptual que hoy quizá no hemos desarrollado todavía para comprender y canalizar el nuevo paradigma al que nos enfrentamos.
Compartía la reflexión de que hoy podría estar gestándose entre nosotros un nuevo Marx que trate de reconceptualizar la altura de nuestro tiempo si se confirma que esto es más que una nueva ola disruptiva de destrucción creativa propia de la innovación y nos adentramos en una transformación de magnitud comparable a la que vivieron Marx y sus coetáneos.
Si la IA va desplazando de forma ostensible ese cuadrante industrializable incluso el que no sea verificable y llega a automatizar no solo tareas, sino la propia capacidad general de resolver muchos de nuestros problemas, la redefinición del rol humano podría obligar a repensar las categorías del trabajo, del valor, de la plusvalía y de la propiedad, con un gran peso de los bienes de producción desplazado a las infraestructuras cognitivas (modelos, datos, cómputo, plataformas,...). Sabiendo lo que el marxismo supuso tanto para dignificar y articular la lucha obrera como para legitimar empobrecedoras y sangrientas dictaduras, todo a través de revoluciones y tensiones sociales, da que pensar qué pueda emerger de las nuevas teorías al respecto cuando puedan acabar pasando, una vez más, a la acción.
es un camino sobre el que caben muchas líneas de reflexión, sobre la IA como una tecnología que mueve mucho valor hacia el capital financiero frente al trabajo humano por ej!
Gracias por descubrirnos este interesantísimo paper.
Se me está ocurriendo una derivada del paper que me parece todavía más inquietante que la precariedad de la ventaja comparativa humana: si la ejecución tiende a coste marginal cero y la verificación se vuelve el cuello de botella, entonces la verificación deja de ser una tarea y pasa a ser una infraestructura de poder. No ganará solo quien automatice mejor, sino quien controle el ground truth, los logs, la trazabilidad, los estándares de auditoría y la capacidad jurídica de poner la firma cuando el sistema falle. Ahí ya no hablamos solo de productividad: hablamos de soberanía sobre lo que cuenta como resultado válido.
El riesgo sería la tecnofeudalización de esa capa: plataformas que abaratan la ejecución, socializan el riesgo y luego venden certificación, trazabilidad y cobertura como peaje obligatorio. El paper describe muy bien la escasez de verificadores y nos invita a hacernos la pregunta política siguiente: ¿quién posee la infraestructura que decide qué puede medirse, quién puede verificarlo y quién captura la renta de esa verificación?
Esta lectura me ha abierto los ojos a la siguiente revelación: en la economía agéntica el poder no estará solo en hacer, sino en declarar que lo hecho es aceptable.
Y qué va a pasar cuando haya cada vez menos expertos que puedan verificar lo que devuelve la IA? Porque si hay menos Juniors ahora, eso significa que habrá menos seniors en el futuro. Es posible que la IA sea cada vez más perfecta y sea menos necesaria verificarla?
Creo que hay una capa que también se daría tener en cuenta, la cognitiva. Verificar no es caro solo porque falten expertos sino también porque la arquitectura mental necesaria para sostener ambigüedad, ciclos de feedback largos y decisiones con riesgo real se está erosionando. Lo escaso no será la inteligencia técnica, sino la capacidad de mantener claridad mientras el sistema se acelera.
Valiosísimo. Para los que estamos envueltos en discusiones sobre cuál es el futuro de la gestión por procesos (o de los procesos) aqui hay materia para mucha reflexión. Me bajo el paper.
Hay una idea aquí que me parece especialmente potente, que el cuello de botella deja de ser la ejecución y pasa a ser la verificación.
En biología pasa algo parecido. El cuerpo puede generar millones de células nuevas cada segundo pero lo crítico no es producirlas es asegurarse de que son correctas. Por eso existen sistemas como la apoptosis o la vigilancia inmunitaria que eliminan lo que parece válido pero no lo es. Cuando ese sistema falla, el problema no es la producción es el error no detectado.
Con la IA puede estar ocurriendo algo muy similar, producir va a ser barato pero detectar lo que está mal sobre todo cuando el error es sutil o tarda en aparecer se convierte en lo realmente escaso y valioso y eso cambia bastante la situación, porque ya no gana el que más hace sino el que mejor distingue.
Un abrazo de león 🦁
qué buena analogía David
Me alegro mucho que te haya gustado 😀
Soy Darío pero tú si quieres puedes llamarme “David” 😆😛
Eres como el programa de Crims, pones luz en la oscuridad :)
O_o muy generosa!
Al revés, yo estoy aquí para aprovecharme de tu conocimiento xD
Llevo una temporada pensando en este tema. Estoy convencido de que gran parte de los programadores va a pivotar a testers.
Muy interesante.
La verdad es que el problema del junior perdido me parece poco importante hasta dentro de 3 décadas. En ese intervalo habrá un exceso de seniors formados y con capacidad para verificar que probablemente tengan este trabajo como uno de los pocos donde podrán ejercer. Lo que supondría un exceso de oferta para la demanda existente.
Gracias por compartir
Oro molido! Por cierto el bucle del junior perdido lo hablé la semana pasada con un directivo de una gran ingeniería y me pareció acuradísimo, no se si está más leído que yo, o era una intuición basada en su experiencia, pero lo clavó, aunque este paper abarca muchos más temas. Espectacular Antonio.
gracias Juan!
Muy, muy interesante. Gracias, Antonio!
Gran artículo, justamente estaba escribiendo un resumen sobre ese paper jajaja.
great minds think alike!
Te dejo mi humilde artículo. Un saludo Antonio.
https://substack.com/@ojedavarrasso/note/p-191634165?r=c04jt&utm_source=notes-share-action&utm_medium=web
El artículo me parece muy acertado: la fragilidad de las ventajas estructurales en lo digital nos obliga a pasar de una mentalidad de conquista de territorio a una de agilidad ecosistémica. Si los marcos de dominancia son efímeros, la verdadera ventaja no es el “dónde” estás, sino la soberanía mental para traducir conceptos entre distintos códigos. La claridad conceptual no es solo una virtud académica: es el único activo que no se devalúa cuando la plataforma colapsa.
Qué interesante.
Justo el sábado, a propósito del aniversario de la muerte de Marx, me daba por pensar en ese marco conceptual que hoy quizá no hemos desarrollado todavía para comprender y canalizar el nuevo paradigma al que nos enfrentamos.
Compartía la reflexión de que hoy podría estar gestándose entre nosotros un nuevo Marx que trate de reconceptualizar la altura de nuestro tiempo si se confirma que esto es más que una nueva ola disruptiva de destrucción creativa propia de la innovación y nos adentramos en una transformación de magnitud comparable a la que vivieron Marx y sus coetáneos.
Si la IA va desplazando de forma ostensible ese cuadrante industrializable incluso el que no sea verificable y llega a automatizar no solo tareas, sino la propia capacidad general de resolver muchos de nuestros problemas, la redefinición del rol humano podría obligar a repensar las categorías del trabajo, del valor, de la plusvalía y de la propiedad, con un gran peso de los bienes de producción desplazado a las infraestructuras cognitivas (modelos, datos, cómputo, plataformas,...). Sabiendo lo que el marxismo supuso tanto para dignificar y articular la lucha obrera como para legitimar empobrecedoras y sangrientas dictaduras, todo a través de revoluciones y tensiones sociales, da que pensar qué pueda emerger de las nuevas teorías al respecto cuando puedan acabar pasando, una vez más, a la acción.
es un camino sobre el que caben muchas líneas de reflexión, sobre la IA como una tecnología que mueve mucho valor hacia el capital financiero frente al trabajo humano por ej!
Gracias por descubrirnos este interesantísimo paper.
Se me está ocurriendo una derivada del paper que me parece todavía más inquietante que la precariedad de la ventaja comparativa humana: si la ejecución tiende a coste marginal cero y la verificación se vuelve el cuello de botella, entonces la verificación deja de ser una tarea y pasa a ser una infraestructura de poder. No ganará solo quien automatice mejor, sino quien controle el ground truth, los logs, la trazabilidad, los estándares de auditoría y la capacidad jurídica de poner la firma cuando el sistema falle. Ahí ya no hablamos solo de productividad: hablamos de soberanía sobre lo que cuenta como resultado válido.
El riesgo sería la tecnofeudalización de esa capa: plataformas que abaratan la ejecución, socializan el riesgo y luego venden certificación, trazabilidad y cobertura como peaje obligatorio. El paper describe muy bien la escasez de verificadores y nos invita a hacernos la pregunta política siguiente: ¿quién posee la infraestructura que decide qué puede medirse, quién puede verificarlo y quién captura la renta de esa verificación?
Esta lectura me ha abierto los ojos a la siguiente revelación: en la economía agéntica el poder no estará solo en hacer, sino en declarar que lo hecho es aceptable.
Y qué va a pasar cuando haya cada vez menos expertos que puedan verificar lo que devuelve la IA? Porque si hay menos Juniors ahora, eso significa que habrá menos seniors en el futuro. Es posible que la IA sea cada vez más perfecta y sea menos necesaria verificarla?
Creo que hay una capa que también se daría tener en cuenta, la cognitiva. Verificar no es caro solo porque falten expertos sino también porque la arquitectura mental necesaria para sostener ambigüedad, ciclos de feedback largos y decisiones con riesgo real se está erosionando. Lo escaso no será la inteligencia técnica, sino la capacidad de mantener claridad mientras el sistema se acelera.
Gran artículo, por fin algo que va más allá de «mis tres prompts favoritos» o «AI buena - AI mala»
Valiosísimo. Para los que estamos envueltos en discusiones sobre cuál es el futuro de la gestión por procesos (o de los procesos) aqui hay materia para mucha reflexión. Me bajo el paper.