De lo mejorcito que he leído en mucho tiempo. Has dado en el clavo cuando hablas que aportar valor es la mejor manera de no exponerse a las veleidades de la percepción de los demás. Y eso, Antonio, lo haces muy bien. Tus artículos son siempre interesantes.
No te voy dar like no vaya a ser que... ;-) Siempre te leo con interés. Este artículo, me ha hecho pensar más que otros, porque no lo había visto desde esa perspectiva
Tu reflexión pone en negro sobre blanco un fenómeno sobre el que llevo pensando años. Tengo la gran suerte de no haber conocido, de manera previa, a ninguno de los personajes que comentas en tu escrito; y digo suerte, pero en realidad llevo años haciendo en un ejercicio consciente de aislamiento de ese tipo de mensajes.
Soy profesional del campo de Internet y de la publicidad, y tengo hijos veinteañeros. Cuando tuvieron su primer móvil (a los 13 años; error) y empezaban a entender cómo funcionaba el mundo "influencer", yo siempre les decía, irónicamente, que si querían tener fama rápida y a cualquier precio lo que debían hacer era caminar por la principal avenida de la ciudad, parar el tráfico, bajarse los pantalones de manera muy pausada y empezar a defecar frente a los cientos de vehículos parados y las decenas de personas grabando con sus móviles.
Me extraña (o al menos no he tenido la desgracia de verlo) que nadie lo haya hecho todavía.
Más allá de la broma, creo que la única posición es la individual: aislamiento de todo aquello que no nos interese de manera activa: huir de recomendaciones de algoritmos, limitarse a leer contenidos en aquéllos soportes que ya conozcamos, que vayamos descubriendo por nosotros mismos o que nos recomiende alguien con quien tenemos afinidades. Si de este modo, entre todos, logramos que estos personajes tengan unos cuantos seguidores menos, habremos contribuido mucho a la humanidad.
Me ha gustado mucho el artículo, Antonio. Igual estoy simplificando demasiado, pero me hizo pensar que esto de adaptarse a la audiencia en el fondo siempre existió (tipo tele cambiando programas por audiencias).
Lo que pasa es que con redes me da la sensación de que es muchísimo más bestia por la inmediatez y porque Internet es ya algo permanente en nuestras vidas. Muy buen análisis.
Me parece mas peligroso en general la deriva de medios de comunicación, empresas y entidades publicas.
Elementos claves en la generación de confianza se encuentran bajo la influencia de criterios extremos y polarizados a la hora de valorarlos, lo que deviene en una perdida de referencias y sensación de orfandad para el ciudadano medio.
Cuando dejas de confiar y no encuentras referentes que ordenen el caos, la realidad es difícil de discernir.
De lo mejorcito que he leído en mucho tiempo. Has dado en el clavo cuando hablas que aportar valor es la mejor manera de no exponerse a las veleidades de la percepción de los demás. Y eso, Antonio, lo haces muy bien. Tus artículos son siempre interesantes.
¡muy honrado, gracias!
No te voy dar like no vaya a ser que... ;-) Siempre te leo con interés. Este artículo, me ha hecho pensar más que otros, porque no lo había visto desde esa perspectiva
jajaja, buen punto y muchas gracias
Tu reflexión pone en negro sobre blanco un fenómeno sobre el que llevo pensando años. Tengo la gran suerte de no haber conocido, de manera previa, a ninguno de los personajes que comentas en tu escrito; y digo suerte, pero en realidad llevo años haciendo en un ejercicio consciente de aislamiento de ese tipo de mensajes.
Soy profesional del campo de Internet y de la publicidad, y tengo hijos veinteañeros. Cuando tuvieron su primer móvil (a los 13 años; error) y empezaban a entender cómo funcionaba el mundo "influencer", yo siempre les decía, irónicamente, que si querían tener fama rápida y a cualquier precio lo que debían hacer era caminar por la principal avenida de la ciudad, parar el tráfico, bajarse los pantalones de manera muy pausada y empezar a defecar frente a los cientos de vehículos parados y las decenas de personas grabando con sus móviles.
Me extraña (o al menos no he tenido la desgracia de verlo) que nadie lo haya hecho todavía.
Más allá de la broma, creo que la única posición es la individual: aislamiento de todo aquello que no nos interese de manera activa: huir de recomendaciones de algoritmos, limitarse a leer contenidos en aquéllos soportes que ya conozcamos, que vayamos descubriendo por nosotros mismos o que nos recomiende alguien con quien tenemos afinidades. Si de este modo, entre todos, logramos que estos personajes tengan unos cuantos seguidores menos, habremos contribuido mucho a la humanidad.
yo tiendo a ser optimista: verlo, contarlo, entenderlo y pensar sobre ello creo que nos ayudará a ponerle coto
Me ha gustado mucho el artículo, Antonio. Igual estoy simplificando demasiado, pero me hizo pensar que esto de adaptarse a la audiencia en el fondo siempre existió (tipo tele cambiando programas por audiencias).
Lo que pasa es que con redes me da la sensación de que es muchísimo más bestia por la inmediatez y porque Internet es ya algo permanente en nuestras vidas. Muy buen análisis.
Muy interesante. Gracias por compartir.
Me parece mas peligroso en general la deriva de medios de comunicación, empresas y entidades publicas.
Elementos claves en la generación de confianza se encuentran bajo la influencia de criterios extremos y polarizados a la hora de valorarlos, lo que deviene en una perdida de referencias y sensación de orfandad para el ciudadano medio.
Cuando dejas de confiar y no encuentras referentes que ordenen el caos, la realidad es difícil de discernir.