Demanda insatisfecha de programadores
Una hipótesis sobre IA y empleo.
Para bien o para mal, el desarrollo software está siendo el primer campo de batalla en la implementación de esta generación de inteligencia artificial.
El chatbot de ayuda como copiloto para consultas ¡pero no más porque se equivocaba mucho!; luego la petición de código no demasiado complejo, algo que estuviera muy presente en los datos de entrenamiento; los sistemas de agentes inteligentes, delegando gran parte de la escritura del código pero también decisiones de arquitectura; y también pioneros en escuchar los cantos de sirena: cada vez más tareas de la ingeniería las hará la máquina.
En “Programadores, ¿oís eso?: es el sonido de la inevitabilidad” ya discutimos algunos de los aspectos como el hecho de que la IA se plantea como una nueva capa de abstracción, que el rol del ingeniero se modifica y se eleva y que el empuje técnico y económico crea los incentivos como para no dudar en subirte al tren a no ser que tu jubilación esté muy cerca.
Pero dejamos pendiente la discusión sobre el empleo y la profesión, asunto sobre el que me ha costado desarrollar una hipótesis que me resultara convincente.
Ahora mismo apuesto a que va a haber más empleo en ingeniería y desarrollo software con un matiz: va a haber menos en grandes empresas tecnológicas y mucho más en el resto de organizaciones y compañías.
En el fondo me ha costado resolver una cuestión a mis ojos muy complicada:
Por un lado, el ser muy claro que cada vez que ha habido un aumento de productividad en programación. El motivo no es otro que la existencia de una demanda insatisfecha: había mercado para hacer mucho más software, de digtalizar más tareas, esperando que el precio y la tecnología lo hicieran viable.
Los cambios de paradigma generan demanda extra de desarrollo. El salto del mainframe al PC personal, el salto a cliente-servidor empujado todavía más por internet, la adaptación al móvil. Cada uno de ellos exigieron reescribir el software y, lo que es más importante, permitían nuevos casos de uso que en el paradigma anterior no se contemplaban.
Así que que la inteligencia artificial se podría leer como un nuevo impulso. Cumple los dos factores, aumenta la productividad y es un nuevo de utilizar la tecnología que permite nuevos casos de uso y reescritura del software (para que lo usen los agentes de IA precisamente).
Aún con todo eso presente, la intuición conforme ha ido llegando la programación asistida por IA es que “esta vez es diferente”. Hay ese primer día que uno “oneshotea” algo con Codex o Antigravity y se dice, “pero cómo demonios vamos a sobrevivir los empleos en software si esto mejora todavía más”.
Luego hay una moderación de esa primera impresión. Conforme más la usamos más vamos encontrando límites. A eso se suma que en la token economy vamos descubriendo que los agentes IA no son realmente mucho más baratos que los humanos para idénticas tareas ¡al menos de momento! Y, finalmente, que los marcos de impacto en el empleo más razonables nos explican que hay automatización y hay verificación.
Pero, sobre todo, por algo que comentaba un amigo vibecoder, “los informáticos sabéis cosas que no sabéis que sabéis”. O sea, que con IA agéntica tener conocimientos y experiencia potencia mucho al profesional, no sólo rebaja la barrera de entrada para product managers venidos arriba.
Mi hipótesis fuerte es que las grandes compañías van a ser menos intensivas en empleo de desarrolladores. Sobre todo porque hay una regresión a una cultura de agilidad, aplanamiento y equipos pequeños que ahora son capaces de hacer mucho más.
Pero sólo con eso tendríamos una pérdida de empleo neta. ¿Dónde sospecho que está la ganancia? En esto que explica Aaron Levie: “Cuando hablo con empresas fuera de Silicon Valley, la mayoría de los casos de uso que tienen en mente con la IA son para aumentar y acelerar cómo trabajan, simplemente porque pueden hacer mucho más ahora mismo”.
Empresas farmacéuticas, de atención al cliente, logísticas, despachos legales, constructoras, industriales, educativas, grupos sanitarios… se abre una puerta, para que con IA aumentando la productividad, desarrollen productos y servicios que ahora mismo no son viables por precio. Y para ello van a demandar empleo talento capaz, precisamente el que a las grandes tecnológicas puede empezar a sobrarles.
Creo que esto se cumplirá si se impone una postura optimista, de no tratar la IA como un reductor de costes sino verla como la base para salir ahí fuera y comerse el mundo.
Imágenes: Antonio Ortiz con Magnific.





