Ocho Quilates, «una historia de la Edad de Oro del software español». Biblioteca Error500

Ocho quilates

Jugando al Angry Birds o a muchos otros juegos modernos, hay un patrón que aceptamos casi como intuitivo: la proporcionalidad entre la velocidad / fuerza aplicadas a una acción en función del tiempo que tengamos pulsada una tecla o el dedo sobre la pantalla. Esto, que hoy parece obvio, tuvo entre sus impulsores a un programador español – Paco Suárez – que lo integró en el juego que desarrolló junto a Paco Portalo – La Pulga – que supuso el pistoletazo de salida a «la edad de oro del software español«.

Ocho Quilates es una delicia de libro para los que nos iniciamos en el mundo de la informática allá por los años ochenta con los ordenadores de ocho bits – Amstrad CPC, MSX, Commodore 64 y, sobre todo, Spectrum con la transición desde el ZX81 – y quedamos seducidos por juegos de dificultad disparatada en una época en que todo sucedía a otro ritmo: tanto la carga de los juegos (que hacía mucho por fomentar la lectura) como la llegada de noticias con la espera de cada mes a que aparecieran los nuevos números de Microhobby o Micromanía.

Las apuestas de «Ocho Quilates»

Lo que ahora mismo se puede comprar y leer es el primero tomo que cubre desde 1983 hasta 1986, en 256 páginas que llegan a hacerse cortas por el estilo de reportaje ligero, la abundancia de anécdotas y la búsqueda de la épica en un ir y venir entre los protagonistas – geniales, inconscientes – de la creación de la industria del videojuego en España. Más adelante aparecerá la segunda parte que llegará hasta 1992, año en el que la supremacía de las máquinas de 16 bits es más que patente y las consolas empiezan su reinado con Super Nintendo y Megadrive.

Ocho Quilates funciona muy bien porque renuncia a ser muchas cosas. Renuncia, por ejemplo, a multitud de actores relevantes para centrarse en un puñado de protagonistas (Dinamic, Topo, Opera, Erbe, Made in Spain – Zigurat); también a un repaso más técnico, a contrastar testimonios (hay disputas que el libro refleja, pero de las que sólo se da la visión de una parte), a tener la voz de los que por aquél entonces analizaban la industria (las revistas) y a resolver varios temas que posiblemente veamos en la segunda parte (el mundo de las copias de los juegos y su impacto, una visión de qué fallo en el salto a los 16 bits).

Queda un repaso vibrante a los comienzos, a las historia de sus protagonistas, cómo empezaron, se conocieron y emprendieron en lo que por aquél entonces parecía un escenario disparatado: crear juegos para unos micro ordenadores que empezaban a venderse y para los que apenas había documentación de cómo se programaban.

Ocho Quilates: Retro games y la nostalgia

El mundo de los videojuegos ya es una disciplina con suficiente recorrido como para provocar nostalgias y que haya todo un mundo de contenidos, emuladores y convenciones dedicados a los «Retro Games». Para los treintañeros como un servidor, Ocho Quilates ayuda por un lado a recodar juegos, pantallas, costumbres de aquella adolescencia con el mítico Spectrum, pero también a redescubrir aquellos tiempos como el nacimiento de una industria con sus pioneros en el garaje (buhardilla en el caso de los hermanos Ruiz y Dinamic) con sus genios, sus visionarios y sus miserias.

Como libro que busca abordar el fenómeno en profundidad tiene sus limitaciones, provocadas en parte por las renuncias ya comentadas, en parte por la reiteración en ocasiones de temas, pero es innegable que es una gozada y que viene a ser otro ejemplo más de la tendencia de hacer el mejor periodismo en los libros y no en los medios. El libro se puede comprar en Amazon para Kinle, pero recomiendo comprar en la web oficial donde está a cuatro euros en formato ePub sin DRM como explica Bianka en su reseña, y a 18 euros en versión papel (un error en mi opinión no regalar la versión electrónica a quien ya se ha gastado 18 euros en el libro).

Mientras espero la segunda parte voy a desempolvar algún emulador y recuperar aquellos años de «vicio» al Match Day 2, al Army Moves, a «La abadía del crimen», «La aventura Original» y tantos otros…

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