Microsoft se rinde con Kinect

Xbox One sin Kinect
Llevar Xbox a los 400 euros donde está PS4, «dar más opciones a los fans» como dicen en el comunicado oficial, es lo que ha empujado a Microsoft ha ofrecer la XBox One sin su – hasta ahora – inseparable Kinect.

Apuntan a que lo seguirán apoyando por completo, pero por mucho que sigan ofreciendo soporte, promocionándolo y sacando juegos propios para él, para terceros cambia la foto por completo: si hacen juegos para Kinect de repente hacen juegos sólo para una fracción de los dueños de la consola, reduciéndose su público objetivo. En este caso el porcentaje de usuarios sin Kinect no hará sino ir creciendo, lo razonable será que el comprador se haga con la opción barata y postergue Kinect para «más adelante si sale algo potente».

Y es que este es el punto. Aunque la tecnología de Kinect es alucinante – esta segunda versión todavía más que la original que salió para la generación anterior – el poner sobre la mesa una experiencia redonda y divertida no ha acabado de consumarse a pesar de los intentos. No ha habido efecto Wii para Kinect, tampoco ha habido una integración lo suficientemente diferencial en juegos «hardcore» como para conquistar a los jugadores de ese perfil…

…jugadores que son por excelencia los primeros que llegan a una nueva generación de consolas. La conjunción de todos estos factores ha acabado provocando que Microsoft divorcie a Xbox One de Kinect y que, de cara a futuro, las posibilidades de que encontremos grandes juegos y experiencias alrededor de éste sean cada vez menores.

En el otro lado, las mejoras con el online y Gold son reseñables, sobre el regalo de un juegazo como Max: The Curse of the Brotherhood y que por fin rompan esa norma sin sentido que era exigir tener suscripción de pago para acceder a Youtube y navegar con la consola.