La censura en los tiempos de internet

portada El Jueves

Les supongo enterados de el caso “El Jueves”. Si no, en El Diario lo recogen con pelos y señales, agregando las reacciones de los colaboradores de la revista que la han dejado y resumiendo la marcha atrás decidida por RBA respecto a la portada con la imagen del rey y el príncipe. Sin más información, queda la duda de si es RBA quien proactivamente impide que la revista con esa portada llegue a los kioskos o si recibe algún tipo de presión para actuar de ese modo.

Lo que más me ha interesado del tema es el debate generado a posteriori sobre “la censura”. Más que interesado, diría que me ha chocado por lo viejo de las posiciones. La censura ya no es posible en los tiempos de internet. No hablo ya del recurrente y manido hasta el aburrimiento tema del “efecto Streisand”, tampoco por supuesto de la censura dura y real, la previa gubernamental, sino de ese escenario más nebuloso que en algunos casos se identifica con la autocensura o el control editorial que ejerce el dueño del medio.

Y la censura no es posible porque en internet no hay barrera de entrada para la publicación y, lo que es más importante, hay grandes herramientas para el descubrimiento de contenidos. Google, Twitter, Facebook, Menéame – qué casualidad, todos contra los que va el canon AEDE – y los blogs son capaces de articular una suerte de meritocracia gracias a la cual las nuevas propuestas son descubiertas, compartidas y conquistan audiencias. De esa manera, la capacidad de “censurar” la publicación de ideas y opiniones por parte de los editores dejó de existir hace mucho tiempo. Es más, después del movimiento contra la ley Sinde, la viralización de la foto del rey matando elefantes, el 15M con millones de personas en la calle, ¿se puede dudar de que los grandes medios ya no son condición necesaria ni suficiente para introducir un tema en la agenda pública?

Otro punto diferente es la posibilidad de vivir de esas opiniones y contenidos. Si eso siguiera siendo una prerrogativa en manos de los editores de toda la vida, podríamos hablar de una capacidad de censurar de facto. De hecho es frecuente encontrar en los últimos meses la conjetura de que el gobierno está apretando por la vía de la publicidad institucional a los grandes medios para forzar una moderación en las críticas. Incluso así, contando con una evidencia mucho más débil que en el punto anterior, creo que hay casos suficientes en el mercado que atestiguan que cada vez las firmas personales son capaces de arrastrar a la audiencia gracias a la conexión entre ambos en internet y que cada vez hay más y mejores vías para probar modelos de negocio y hasta de calcular la demanda dispuesta a pagar (véase crowdfunding).

En todo este debate no he parado de utilizar la palabra “censura” entrecomillada cuando me refiero a la acción del editor. No quiero acabar en un debate terminológico, pero mi postura parte de que los editores controlan las líneas editoriales y en ellas ponen las líneas rojas que no cruza un medio. La mayoría lo hace a priori cuando selecciona a sus colaboradores (en casi ningún medio va a aparecer el rey con una corona de mierda, pero eso no es porque lo tengan que echar atrás como El Jueves, sino porque a los que escriben y hacen el medio ni se les ocurriría), en algunos casos hay consignas explícitas y en los menos órdenes de marcha atrás.

No es que El País sea menos “censor” que “El Jueves”, es que controla su línea editorial de otra manera. Lo que chirría, claro, es cuando tienes un plantel como el del Jueves (véase lo que cuenta Uriondo) te extrañes de que saquen algo así sobre la monarquía e intervengas con la medida más punitiva y polémica. Libertad de expresión no es que Expansión o Actualidad Económica – yendo a los sitios donde escribe Miguel Angel – los colaboradores puedan poner lo que quieran (me gustaría ver un intento de que su portada y varias páginas recogieran una versión crítica severa y completa al Canon AEDE, de hecho me ofrezco a redactarlo) o que el Diario tenga la obligación de seguir contando con Senserrich después de su última colaboración. Eso no es censura – o al menos yo haría un esfuerzo por no identificarlo con la censura real que han ejercido y ejercen muchos estados – es control editorial que ejerce cada medio que apuesta por una línea editorial, que tiene líneas rojas propias y una entidad porque, en definitiva, quiere ser un medio y no un agregador de piezas de sus colaboradores. El País no es censor porque no me deje escribir lo que yo quiero en su portada.

No hay censura para las ideas y las opiniones en los tiempos de internet, al menos en los actuales sin barreras de entrada para publicar. Me gusta pensar que los ejemplos que hay en el mercado de periodistas que se lo montan por su cuenta y son capaces de salir adelante no son una excepción rara sino una posibilidad real para gente como la del Jueves. A pesar de que mis intentos en la adolescencia de que me gustara la revista se viesen frustados, creo que ha quedado más que demostrado que seguidores dispuestos a pagar por su trabajo y no tanto por la marca y el medio hay.

8 comentarios en “La censura en los tiempos de internet

  1. Está claro que cada periódico y hasta cada blog tiene una línea editorial a la cual han de atenerse los que publiquen en él. Para empezar porque el responsable es el director o administrador y es el que vela por cumplir la ley o los deseos de los accionistas. El que no esté de acuerdo lo tiene fácil: que se vaya a escribir a otro periódico o blog o que abra él uno donde poner sus opiniones.

  2. Excelente reflexión, sí señor. Te doy la razón sobre las definiciones que planteas sobre “censura”, “control editorial ” y las diferencias entre ambos. El caso de El Jueves es ligeramente más complicado, e intento explicar por qué. Cuando en 2006 RBA compra la revista, lo hace con un compromiso claro: no entrometerse en la línea editorial de la redacción. Y todos los dibujantes afirman no sólo que lo ha respetado, sino que recibieron importantes apoyos en el caso de la portada de 2007. Se establecía así una relación inhabitual entre empresa editora y redacción que era la única capaz de mantener la irreverencia que definía El Jueves. Era un pacto institucional que se ha roto y que ha provocado la legítima decisión de muchos de los dibujantes de abandonar la publicación, aún no sabemos si con un objetivo determinado. Ojalá.
    En Actualidad Económica, por alusiones, somos una publicación en la que los límites y las reglas son diferentes. Existe una relación más fluida entre la dirección de Unidad Editorial y la de la revista, y entre ésta y la redacción. Es un diálogo diferente.
    Por otro lado, coincido contigo es que la gran ventaja de El Jueves es que las marcas personales de quienes la han abandonado son mucho más sólidas que las de la mayoría de profesionales que trabajan en un medio. Pero es que, además, hay otro concepto divertido: el de la ausencia de talento. Nosotros escribimos en un entorno en el que cada año salen de las universidades de Periodismo miles de estudiantes, seguro que muchos de ellos buenísimos y capaces de, eventualmente, reemplazarnos. Sin embargo, la cantera del humor gráfico en España es complicada. El recambio generacional en El Jueves ha sido normalmente cuestión de ensayo y (muchas veces) error. Tengo incluso curiosidad por cómo irán a por los autores de webcomics…
    Jo, qué vara te he soltado en un momento XD

    1. Creo que en todo el caso hay un aprendizaje ineludible: cuando aceptas que el dueño es otro, es otro. Y en esa empresa habrá distintos editores, distintos directivos… la mejor forma de controlar la línea editorial es seguir teniéndola en tus manos

      PS Entrialgo sigue y lo explica

  3. Es lo que pensamos en su momento cuando vendieron a RBA. Es una bofetada tipo Barney que ha tardado ocho años en llegar. Se quedan quienes asumen que el dueño es otro y les parecen bien las condiciones. Asumo que quienes se van lo harán para montar algo, porque no van a encontrar un trato como el que tenían. Sólo ir por su cuenta les dará la libertad que demandan.

  4. yo tengo una pregunta para esos payasetes con infulas de libertadores que han abandonado la revista. ¿El jueves es una revista de humor o política?

  5. Casi que debiera disculparme por hacer el comentario bidireccionalmente personal y seguramente totalmente narcisista: ¿te acuerdas cuando me decias hace días que te alegrabas o querías o regocijabas de recuperarme como comentarista? Lo justificaba por mis tiempos y mi vida. No era mentira. Tampoco ahora. Pero es cierto – y creo que aquí empieza el comentario que realmente puede interesar – que estos temas reaparecen cíclicamente y que están sobradamente debatidos. Sobradamente debatidos por algo que podríamos llamar también narcisistamente viejos comentaristas de o en la red y que esencialmente eran unos buenos aficionados a lo que los bits hacen o representan. Tener que volver a explicar que en internet no hay censura se me hace cansino y extenuante. Y eso desincentiva el regresar o volver a comentar aquí y/o en “mi casa”. Ya está dicho, pero se supone que hay que evangelizar (qué palabra más terrible) a tantas nuevas personas que siguen descubriendo el mundo de lo que hacen las redes con cada oleada de herramientas milagrosas. Quizá lo interesante sería inventarnos un remedo del ciclo del hype de Gartner para volver a explicar por qué aparecen nuevos sectores asaltados (de napster a uber), lo de lo gratis y no gratis (qué entretenido fue lo de la polémica sobre el Huffington post español) o, precisamente, lo de la censura. Ya sabes que soy un melancólico, Antonio: el otro día me encontré una nueva persona maravillada por cómo Twitter le hacía descubrir el mundo y ya desistí de empeñarme en explicar(le) la forma tan torpe en que Twitter lo hace. Oiga, y el sol sigue saliendo cada mañana.

    1. tenía pendiente responder a este correo señor Gonzalo… pero ¿cómo hacerlo? Grande! y vuelva hombre, al menos para charlar con los viejos amigos

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