Discusiones en internet y búsqueda del rival más débil

Twitter, seguidores falsos

Siempre hay un concejal de un pueblo perdido y hasta ese día ignorado, un militante del partido de enfrente, una sindicalista o un periodista de la ideología contraria a la nuestra dispuestos a lanzar una barbaridad, un disparate, un insulto o una amenaza. Ni que decir tiene que si nos vamos a los hinchas del fútbol, a los partidarios de otro proveedor tecnológico o a los defensores de tal o cual modelo de organización territorial las oportunidades se multiplican: la cantidad de sujetos dispuestos a la imbecilidad susceptible de escandalizarnos es enorme gracias a internet.

Es una idea a la que últimamente doy vueltas a menudo mientras observo el tipo de discusiones que tienen otros – y alguna en la que acabo entrando – en internet. La eliminación de distancia en el espacio y el tiempo que permiten las distintas tecnologías y plataformas de participación social nos han abierto un mundo nuevo. Sin duda los pioneros fueron los foros y los blogs, pero ha sido Twitter el gran catalizador de este caso de uso: la búsqueda del rival más débil en las conversaciones online como una forma magnífica de reforzar nuestra superioridad moral e intelectual, a la par que nos reforzamos y parapetamos en nuestras ideas.

Para los que somos partidarios de una una forma de estar en redes sociales que implica sacar las ideas a pasear no deja de ser un peligro, un día el del disparate o la ocurrencia puede ser uno, pero también un mecanismo magnífico para distinguir a quienes merece la pena seguir y con quienes merece la pena conversar y emplear tiempo. Por sus discusiones – y sus conexiones – los conoceréis, quien se queda en el más cenutrio de la acera de enfrente cada día y con ello presume de lo acertada de su posición o quién es capaz de apuntar a los más inteligentes y cargados de razones aún a riesgo de que – en un hipotético caso – no sea el poseedor de toda la verdad y tenga que ceder algo.

Este es uno de esos filtros en internet que podemos diseñar para acomodar la visión que nos llega de la realidad a nuestro antojo. Nadie podrá acusarnos de encerrarnos en quienes piensan como nosotros porque recurrentemente acudimos al criterio – el más idiota, eso sí – del contrario. Es también la vía para reforzarnos en los extremos y el dogmatismo a través de la caricatura del opuesto. Pero eso, claro, no es exclusiva de la forma en que podemos acabar gestionando nuestra conversación en los medios sociales, forma parte del camino emprendido por parte de los medios en este país desde hace años. En todo caso, creo, siempre llega el día en que nos preguntamos ¿y por qué demonios estamos dando importancia a gente cuya opinión no vale absolutamente nada?

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