Obsesión por productos culturales, el «internet» y lo tentador de ser parte de ello

True Detective

En Slate firma Willa Paskin una pieza muy seductora sobre el fenómeno de «las obsesiones por productos culturales buenos pero no muy originales» que además sustituimos un mes tras otro.

Encaja dentro de este patrón fenómenos que hemos comentado por aquí como True Detective o el más reciente Serial:

Las cosas por las que nos obsesionamos son aquellas que creemos que hemos rescatado de la gran ciénaga cultural. Y si usted ha hecho el rol de «cool-hunter» para encontrar estos objetos, entonces también lo ha hecho el resto de gente que los ama. Las obsesiones no sólo nos marcan como individuos con gusto especial, también significan nuestra pertenencia a una cohorte particularmente sofisticada…….

Los medios sociales hacen algo más con estas obsesiones: las hace parecer mucho más extendidas de lo que son. Antes uno se obsesionaba con sus amigos, vecinos, gente con que podría cartearse. Ahora se obsesiona con fragmentos de una red mucho más extensa conectadas con uno a través de los medios de comunicación social. Las preferencias de tus amigos de Facebook o de Twitter se sienten como una evidencia convincente de que algo ha calado ampliamente

El artículo merece la pena ser leído entero. No acaba de resolver del todo la tensión de que usamos estos objetos culturales más o menos brillantes para construir nuestra identidad y el equilibrio entre eso (que nos lleva a defender opciones más elitistas o al menos sin un éxito masivo) y la necesidad cubierta por el mass media de no sentirnos solos por la vía de compartir y tener en común con otros, eso sí.

También creo que falta en la balanza un aspecto que creo que es crucial para entender fenómenos como el crowdfunding. Parte de la motivación que subyace es la de sentirse parte del éxito de un proyecto o al menos de su existencia; en el caso de las series de culto y otros objetos culturales – ahí estoy de acuerdo con Paskin, casi nunca son para tanto – está el factor «yo fui de los primeros en descubrirlos y al compartirlo formé parte de su carrera, de su éxito».

De ahí que busquemos renovar estas obsesiones, que se repita el factor «me gustaban más cuando tocaban en garitos pequeños» de un esnobismo que para nada es nuevo y que, por mucho que nos gusten otros objetos culturales de éxito reconocido, tendamos a compartirlos menos.