Tres asignaturas a resolver tras el acuerdo por la Ley Sinde

Lo de la Ley Sinde va a terminar como cabía esperar. No sólo se aprobará con acuerdo entre PSOE, PP y Ciu, sino que trae de regalo nuevas sorpresas de última hora como el «cierre por daño patrimonial«. Como barruntábamos cuando el congreso la rechazó, con una opinión pública tan en contra, el precio a pagar por el acuerdo tendría que subir, pero hubiese sido ingenuo esperar otro desenlace. Una vez que la derrota es cierta, tocará mirar el futuro, además de para replantearte el crear un servicio online en España, para afrontar tres asignaturas:

¿Existe un voto «internauta», les pasará factura a PSOE y PP?

Es algo que llevamos discutiendo años. Con la aprobación de la Ley Sinde al menos tenemos la opinión del PP, que en este tema se ha movido desde la llamada a la rebelión aduciendo la creación del Gran Hermano de internet (El País) hasta acordar su voto a favor. ¿Los motivos? En aquel momento se pensaba que daba votos decir aquello y ahora se piensan que no van a perder por apoyar la ley, desechando la oportunidad de dejar al PSOE como el partido «enemigo de internet».

No creo que vaya a ser significativo en las elecciones, si acaso sumará al descrédito de la clase política de este país. Algo que PSOE y PP se han ganado a pulso en los últimos años.

Los «artistas» están perdiendo mucho más con la Ley Sinde que con las descargas

Ya sea por acción o por omisión, los «artistas oficiales» (cantantes con discográfica, actores y directores de cine, escritores con columna) están perdiendo un enorme capital moral a pasos agigantados. La lectura que hace gran parte de la población joven conectada es que están reclamando recortes de libertades a los gobiernos, arrimándose al poder pidiendo medidas represoras a costa de dinamitar un espacio de libertad de expresión como es la red.

Entre el miedo al cambio de algunos y la escasa presencia que se otorga a voces discrepantes (especialmente deprimente es ver el nivel intelectual de algunas intervenciones), tenemos un escenario en el que el artista está dejando de ser identificado como un defensor de las causas del pueblo, sino como un enemigo de ellas. ¿Quién está ocupando este espacio? Gente de internet, la tecnología y el derecho.

No es posible dialogar con internet

El tema de los interlocutores cuando se trata de legislar sobre internet siempre es polémico. Las administraciones y los partidos quieren alguien identificado y organizado a quien convocar, pero ahora se encuentran con la participación ciudadana en internet y con una red distribuida, no organizada en una institución, a la que no saben como abordar. Al final la solución por la que optan es la de «ir a por los nodos significativos» que son capaces de localizar en esa red, lo que no deja de ser una aproximación desde un modelo antiguo a una realidad muy diferente. Delia glosaba el último episodio de esta estrategia, empeorado por el hecho de que el objetivo no era dialogar sino dinamitar.

¿Saldrá de ley Sinde la búsqueda de modelos mixtos entre las organizaciones e instituciones del siglo XX y la participación ciudadana en la red? No estoy convenido siquiera de que eso sea posible (ni conveniente), pero casos como el que nos ocupa son descorazonadores para los que creemos en la participación en política de la sociedad civil: pocas veces tantos ciudadanos se habían preocupado de estudiar y analizar una ley, pocas veces desde la otra parte (en este caso, el conglomerado «USA-Gobierno-Industria de los contenidos») se ha evitado el debate real más allá de cuatro consignas y lemas para los fieles. El nivel de la política hoy en día en este país.

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