Todo lo que pensábamos sobre la ley Sinde era cierto

La mayor virtud de las filtraciones de Wikileaks está siendo la de confirmar sospechas, de creer saber como son las cosas, a saberlo con pruebas sobre la mesa. Con el destape de los comunicados de la embajada estadounidense sobre temas de propiedad intelectual se cumple a rajatabla: un gobierno servil que entrega el saltarse a los jueces a cambio de intentar congraciarse con Estados Unidos, una SGAE que se pasea por la embajada señalando a las webs a eliminar, una oposición que está de acuerdo pero que públicamente intenta sacar réditos. Imagen, farsa, manipulación de la ciudadanía y marketing barato sobre una ley que básicamente fue escrita en Estados Unidos por la industria de los contenidos americana.

Si acaso, como consuelo de todo esto, en los comunicados al menos se ve la fuerza de una opinión pública que no es lo que era y que es precisamente la fuerza de la internet que todavía – crucemos los dedos – no pueden controlar y destruir.

Más información y los cables, en El País. Wikileaks en Nación Red.

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