Televisión tróspida, esa segunda audiencia de Twitter que se ríe de tu programa

«Hijos tróspidos» es una expresión debida a hematocrito y que va camino de incorporarse a la subcultura de los memes de internet, al menos el adjetivo que se utiliza cada vez más. Su salto a la popularidad tuitera ocurrió con el programa ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, para el que muchos los usuarios del servicio adoptaron «hashtags» inspirados en el trospidismo: «hijos tróspidos», «madres tróspidas», «lunes tróspido», etc… siempre con el afán de no repetir y que eso le reste opciones de que Twitter le otorgue la visibilidad extra en los «Trending topics».

Un ejemplo de repetición del fenómeno fue el sábado pasado, con Eurovisión, que en Twitter volvió a cobrar una visibilidad «especial»: miles de usuarios que comentaban el festival en torno al hashtag «eurotróspido». Hasta aquí podríamos decir que nada demasiado nuevo, la gente en twitter habla de lo que está haciendo y muchos programas de televisión animan a ello proponiendo hasta el hashtag con visos de aumentar la visibilidad y aumentar audiencia. Pero creo que lo interesante del fenómeno tróspido es como algunos programas consiguen audiencias poco o nada afines a priori, que tienen una experiencia muy diferente del mismo gracias a comentarlo en Twitter.

Básicamente, como decía Rafa Gil de «Mujeres Ricas», la gente ha convertido estos shows en programas de humor. ¿Quiénes comentaban Eurovisión y «Quién quiere…» alrededor de los hashtags tróspidos? Desde luego no enganchados a los «realities interpretados» o fans del festival de toda la vida, sino un perfil de espectador «más alto»: avanzado tecnológicamente y de cierto nivel cultural, que utiliza estos programas como un momento de evasión que sólo tiene sentido cuando además cumplen la función de reírse y hacer reír a los demás. El resultante es que suman dos audiencias, la habitual y ya fidelizada (que además hace también uso de medios sociales pero conversa aparte, con el hashtag oficial) y la nueva más irreverente.

Es curioso en todo caso como este fenómeno más espontáneo supera siempre que se produce los propios intentos de las cadenas televisivas de dinamizar los programas en redes sociales. De hecho eurovisión llevaba un par de años con iniciativas de crowdsourcing que, aparentemente, querían acercarle a un público más joven y conectado… con resultados más bien desastrosos (Chikilicuatre, John Cobra). Al final lo han conseguido, gran éxito de audiencia y un público mucho más amplio del que se podían esperar, pero con el precio de que para el sector tróspido de sus expectadores el objetivo era más bien reírse con y del festival más que el de apreciarlo musicalmente.

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