RFID, la tecnología que ya ha llegado al super

rfidRFID son las siglas de Radio frequency identification, una tecnología que en los próximos meses va a comenzar a sonarnos mucho a todos. Consiste, sucintamente, en articular un mecanismo de identificación por radiofrecuencia que permite leer y almacenar información almacenada en diminutos chips. La aplicación de la misma depende de a qué adhiramos estos chips, que suelen ir acompañados de antenas para la transmisión de datos (esta combinación es una etiqueta RFID o RFID tag). Dichas etiquetas se adhieren al producto pudiendo ser utilizadas para rastrear a distancia los artículos. De esta manera se puede utilizar RFID para múltiples propósitos: WalMart va a comenzar a usarlo para el inventario, pero es sólo el comienzo, en los próximos años podemos asistir al final del código de barras y de la cola del super.

¿Cómo? Pues muy fácil: rastreando nuestro carrito repleto de artículos con etiquetas RFID, el sistema será capaz de calcular la factura, cargárnola en la tarjeta del banco y presentarnos un ticket para que demos la conformidad. Todo en unos segundos, sin colas y sin tener que descargar y cargar toda la compra. ¿más posibilidades de implantación de RFID? Las entradas a los espectáculos o cines, identifiacción de pacientes o recién nacidos, peaje de autopistas…

A otros usos de RFID ya estamos acostumbrados, como es a abrir el coche, chips de identificación de animales o algunos sistemas antirrobo. Hay que señalar que el alcance de estas radiofrecuencias no va más allá de unos pocos metros. No obstante RFID también presenta aspectos que hay que revisar con mucho cuidado y es el tema de la privacidad de los usuarios.

Hay información muy valiosa para un comerciante y es conocer los hábitos y gustos de sus clientes. Saber, por ejemplo, la frecuencia de visitas de un antiguo comprador, sus gustos, el uso que hace de sus productos. Que un artículo tenga etiquetas RFID no es evidente a primera vista (puede ir en su interior), y llevarlo con nosotros nos identifica, puesto que identifica RFID identifica al producto concreto, no al modelo. Lo razonable sería que el chip del producto fuese eliminado tras adquirirlos, pues ya ha cumplido su función, pero no existe una legislación clara al respecto. El comerciante podría ocultarnos la existencia de la etiqueta RFID en el producto vendido y obtener información de la frecuencia de nuestras visitas, nuestros hábitos y configurar un perfil nuestro como clientes de su establecimiento.

En definitiva, una tecnología con un potencial muy interesante, pero con un «lado oscuro» sobre el que parece urgente legislar. En los supermecados americanos de WalMart su uso de momento es para el inventario, pero en los próximos meses podemos asistir a los primeros usos masivos de RFID en este tipo de establecimientos. Un montón de datos personales, lo que compramos, lo que llevamos, podrían quedar en manos de una empresa privada, deseosa de acceder a ellos.