Rentacell, alquiler de teléfonos y tarjetas

n95Casi todos habremos pasado por algún bar situado en una zona muy turística en el que el servicio es malo, la comida peor y encima, es caro. ¿Qué tiene que ver eso con una compañía de alquiler de teléfonos móviles y tarjetas? Pues básicamente, comparten que ninguno vive de clientes fijos a los que cuidar sino de «paracaidistas» a los que no van a volver a ver el pelo. Son cómo páginas web hechas sólo pensando en buscadores y no en lectores habituales, lo importante es maximizar el ingreso porque ni se plantean cuidar al visitante para intentar fidelizarlo.

Contraté los servicios de Rentacell durante el 3GSM de Barcelona. Fue llegar a la mayor feria de telefonía móvil del planeta y olvidarme del PIN de mi tarjeta, genial. Necesitaba llamar a casa para que buscaran el PIN entre mis papales y ahí estaba la opción de Rentacell: alquier de una tarjeta SIM (también ofrecían alquiler de teléfonos móviles) dentro de la feria y por unos precios no demasiado escandalosos: 46 céntimos por minuto en llamadas nacionales. Como sólo iba a hacer una llamada pensé que no había problema.

Hago una llamada, consigo mi PIN y devuelvo su tarjeta. Como mucho un par de euros, pero al llegar a casa veo un cargo de 800 euros desde Rentacell. ¿El motivo? La letra pequeña del contrato, que establece un depósito de 800 euros como garantía de pago durante 15 días. El motivo, según ellos, es que necesitan esperar a los datos de la operadora que utilizan para poder cobrar. Primera postura de Rentacell totalmente inadmisible, ¿vas a cobrar un depósito de 800 euros y lo escondes entre más de cien cláusulas de un contrato con letra infinitesimal sin asegurarte de informar bien a tu cliente?

Pero eso no es todo, pasado más de un mes, Rentacell sigue negándose a devolverme mi dinero aduciendo que Vodafone todavía no le ha dado la información que necesita. Así el negocio de Rentacell parece más claro: retener decenas de miles de euros de clientes de ferias como el 3GSM durante más de un mes y obtener una rentabilidad de ese dinero. Claro, el que los clientes juren en arameo a ellos les da igual, viven de ingenuos paracaidistas a los que no tienen que cuidar porque saben que no van a volver.

Por último, para rematar la faena, Rentacell se niega dos veces a darme soporte en castellano, reclamando en ambas ocasiones finalmente en inglés. Por supuesto, estoy estudiando las posibles acciones que pueda ejercer contra ellos.

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