Redmond, tenemos un problema.

Doscientos correos diarios infectados. No es que llegue spam o que en un arrebato de locura me haya suscrito a la lista de correo sobre la boda del príncipe y Letizia Ortiz, nada de eso. Se trata de los efectos que el gusano MyDoom está teniendo sobre mi cuenta y que mi proveedor de correo comparte con llenados de buzones y sobrecarga en el sistema. Y no sólo eso, la cantidad de recursos consumidos por MyDoom supera con creces lo ofertado como recompensa si se captura a los autores.

Eso no es todo. Al navegador más utilizado, Internet Explorer, se le ha encontrado un nuevo agujero de seguridad. Unido a los que ya tenía, lo convierten en la mejor arma de nuestros enemigos, la pléyade de crackers que está deseando tentarnos con páginas y descargas que, lejos de dar lo que prometen, esconden virus y dialers con los que arruinarnos el sistema, espiarnos o conseguir que conectemos a través de un 806, generándoles ping?es beneficios.

El problema así presentado, podría interpretarse como la inseguridad de Internet o la necesidad de un mayor control sobre los contenidos y mecanismos que en ella operan. Pero la realidad no es esa. Se trata de la inseguridad de ciertos productos y tecnologías cuya utilización generalizada ha desembocado en que la red sea más noticia por sus peligros para los usuarios que por las posibilidades que ofrece. ?y de quién son esos productos? Microsoft, sede en Redmon, desarrolla muchos de ellos.

Nunca había estado el gigante tan débil. Ciudades y países enteros se plantean migrar el software de sus administraciones a software libre, LongHorn, su próximo sistema opeartivo, se retrasa y en la red, Explorer y OutLook son un homenaje a los fallos en seguridad. En este último aspecto, la transición sin trumas está cada vez más fácil, gracias a la magnífica evolución del navegador Mozilla; en el tema del sistema operativo, ya no es tan sencillo. Aún lejos de la aceptación por el gran público, Linux en el escritorio se plantea como uno de los debates tecnológicos más interesantes del 2004.

Dejando esos debates para mejor ocasión y volviendo al tema de la seguridad, Microsoft ha perdido el norte. Sus últimas recomendaciones ante los continuos problemas de seguridad llegan al extremo de recomendar no hacer clic en los enlaces. Uno, que en su vida ha leído numerosas estupideces y majaderías, se sigue quedando de piedra ante la caradura de semejante recomendación. Viene a ser el equivalente a que un fabricante de coches solicitara conducir por línea recta si su vehículo tuviese fallos en los mecanismos de dirección.

Muchas veces se afirma que la tecnología Windows es la más atacada por los hackers y crackers, detalle cierto, todo sea dicho. Pero eso no debe valer como excusa si se quiere ser el líder de software para Internet y el sistema más utilizado del mundo. Microsoft necesita mejorar de forma urgente en seguridad si no quiere asistir a una fuga de usuarios, los más avanzados y que arrastarán al resto, los primeros. Tiemblo ante la idea de que sus productos sean adoptados por la industria del móvil.