Reacciones políticas al OffShore

El OffShore consiste sucintamente en llevar el volumen de actividad de un sector al exterior. Típicamente ha sido muy habitual en el sector financiero buscando reducciones contributivas o privacidad en las cuentas, facilitando entre otras cosas el lavado de dinero y otras actividades ilegales. En el sector informático no obstante es un fenómeno reciente: es en los últimos años cuando los gigantes del software se llevan sus centros de desarrollo al tercer mundo, buscando una reducción de costes. Algunos países están comenzando a reaccionar.

De hecho es en Estados Unicos, el mayor perjudicado, donde se está librando la batalla al ser el país donde más trabajo se va a destruir. Para empezar Indiana ha desestimado un contrato de 15 millones de dólares con una compañía india para la provisión de servicios tecnológicos. En Nueva Jersey hay una propuesta de ley para limitar el número de empleados «offshore workers» que puede tener una empresa que trabaje para el estado.

La consultora Forrestes predice que del 2002 al 2015 se moverán alrededor de 3.3 millones de puestos de trabajo de Estados Unidos a otros países. La causa está clara: un programador norteamericano gana alrededor de 80.000 dólares al año, uno indio nunca más de 20.000. Si nos vamos a Rusia o China la diferencia es mayor. Con ello se ahorran costes de alrededor del 40% según la consultora Gartner.

El cambio parece irreversible: el paso lógico en este sistema capitalista-globalizado. El fututo para los trabajadores del primer mundo del sector tecnológico pasa por una especialización en algún otro sector concreto y en el uso de la tecnología por parte de este, o ascender a mandos medios en las empresas pero, lógicamente, no habrá sitio para todos. Las medidas proteccionistas de algunos estados norteamericanos serán apenas una gota en el agua y es que el grueso del trabajo se encuentra en el sector privado, con muy pocas posibilidades reales de que se legisle en contra del offshore.

Más información: New York Times