Las pequeñas librerías ante el libro digital: no ser sólo librerías

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Anticipando el día del libro, El Mundo y El País nos obsequiaron ayer con artículos sobre las pequeñas librerías y su incierto futuro en estos tiempos de crisis y de irrupción del libro digital. Me ha gustado bastante más el primero, qué se centra en aquellos libreros que están buscando una adaptación a estos nuevos tiempos y exploran fórmulas alternativas a ser «sólo una librería»; en la pieza de El País encontramos la otra cara de la moneda, el énfasis en el lamento, en el «nos echaréis de menos cuando no estemos» y en que la administración debería «actuar», todo aderezado con ciertas dosis de negación y de ese conservadurismo tan característico de las industrias culturales: cómo lo que hacemos es tan maravilloso y somos tan buenos, no tenemos nada que cambiar. El retrato robot de las tiendas de discos y los videoclubs, en cuyo espejo deberían mirarse los libreros.

En el artículo publicado por El Mundo creo que encontramos las propuestas razonables para el futuro de las pequeñas librerías ante el libro digital. Cuando ya no hay obligación de pasar por ellas – incluso quienes somos unos enamorados del «ir de librerías» – para acceder a los libros el motivo debe ser una experiencia diferente, desde una vinoteca hasta exposiciones, conciertos o experiencias gastronómicas, convertir a la librería en un punto de encuentro con otros que en un sitio sólo para buscar y comprar libros. Entre sus ejemplos está Tipos Infames, mi «nueva librería preferida» en Madrid y a la que cada vez que voy acabo comprando un libro – de papel – cuando sólo había entrado a tomar un café o una copa de vino en buena compañía.

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