Con IA se hará el peor cine, se hará el mejor cine
Ben Affleck sigue sorprendiendo por su visión y análisis, su capacidad de comprender y conectar los puntos. Suele circular una entrevista de 2003, en la que aparece como premonitor del futuro del streaming y la suscripción. Esta semana ha dado una clase magistral en el podcast de Joe Rogan hablando de inteligencia artificial.
Repasar su discurso es una muy buena oportunidad para abordar el momento de la inteligencia artificial para las tareas creativas y los posibles escenarios futuros.
Diagnóstico de la tecnología
Affleck compara la IA con la llegada de la electricidad o la invención del CGI para efectos especiales. La ve como una herramienta excelente para tareas técnicas, como corregir errores en postproducción, cambiar fondos o mejorar efectos visuales, pero no como un sustituto del arte. Su posición principal es muy crítica con la capacidad de la inteligencia artificial para escribir guiones.
Argumenta que la IA funciona mediante una "regresión a la media" (imitando lo que ya existe), lo que produce resultados mediocres y carentes de originalidad. Sólo esta parte da para un largo debate ¡casi para un pequeño ensayo!
Subraya algo que suele ser poco comentado, hay más valor en la IA como herramienta de edición que como pura generativa. Affleck acierta con el momento actual tanto por su capacidad técnica actual como por la aceptación social del vídeo sintético, haciendo pasar avatares de IA por actores reales.
Cabe objetar: el cine de animación parece mucho más al alcance de la mano para crear películas con las herramientas de vídeo generativo. Además, en terrenos como los memes de internet o anuncios publicitarios empieza a tener aceptación y éxito el uso de inteligencia artificial más allá de la edición en postproducción. Podemos mantener que incluso en ellos, el rol de la IA es de herramienta al servicio de la pulsión creadora humana, pero al mismo tiempo anotar que ayudarán a construir una aceptación de su uso que podría ir escalando hacia obras más complejas.
Respecto a los chatbots comerciales, Affleck vuelve a tener razón. Sólo matizaría que precisamente ChatGPT y compañía son los que están orientados a resultados más predecibles y convencionales. Es posible trabajar a bajo nivel con modelos grandes de lenguaje para buscar resultados más originales y extremos. Que los avances se estén dando con modelos “razonadores” hace mucho más probable que sean buenos matemáticos y programadores que escritores creativos.
Bajar la barrera de entrada para el mejor cine (y para el peor).
Affleck predice que la IA democratizará la creación cinematográfica al reducir drásticamente los costes. En el futuro, creadores independientes podrán producir series con calidad visual de "La casa del dragón" por una fracción del precio, eliminando barreras de entrada.
Esto es una suerte de test de Rorschach para evaluar nuestro sesgo pesimista u optimista de cara al futuro y el uso de la inteligencia artificial.
Se puede apuntar que esto abre la puerta a cualquiera sin talento, a la creación cuasi infinita de refritos, imitaciones, obras vulgares plagadas de lugares comunes. Al slop.
El punto de Affleck (y el mío también) es más optimista. El actor explica bien el proceso justo antes del bloque sobre IA en la entrevista: quien produce no quiere perder dinero, el presupuesto se hace en previsión de la recaudación esperada y las visiones más arriesgadas tienen menos posibilidades y presupuesto.
Pone como ejemplo poder filmar una escena en el estudio con los actores en parkas y luego hacer que parezca muy realista como si estuvieran en el Polo Norte. Si la inteligencia artificial permite bajar el coste de producir una obra, entonces podríamos tener más obras originales, creativas y arriesgadas, no menos.
Una objeción a esta postura que aún no tengo resuelta: aunque se puedan hacer más películas “de autor”, el cuello de botella seguirá en la distribución. Hay una escasez natural en la cartelera de cine y, hasta cierto punto, en lo que produce y te enseña una plataforma. Conforme subimos en la pirámide de complejidad de obras audiovisuales (Tiktok / IG → Youtube → Netflix / Filmin → cines), más protagonista es la selección humana. Y aquí seguimos afectados por lo que debatimos hace tiempo: Nos chirría que lo razonable en la empresa “dirigida por datos” se traslade a las disciplinas creativas. La inteligencia artificial puede acelerar que “lo que funciona” determine nuestras creaciones.
La cultura dirigida por datos mató al genio creativo e intuitivo (y la inteligencia artificial potenciará el proceso)
Dexter Fletcher planeó una larga y elaborada secuencia de apertura para la película Ghosted en la que Ana De Armas conducía un coche a través de una montaña. Se trataba de una referencia a otra escena de la película de 1978 “Juego peligroso”, protagonizada por Goldie Hawn y Chevy Chase. Fletcher
La clave está en el gusto. La clave estará en el factor humano
Según Affleck, la IA "no tiene gusto", y el gusto es lo que define el arte. Sería la postura por la que en el mundo de los memes y vídeos de internet puede funcionar que los algoritmos condicionen la creación del contenido primero y dictaminen su visibilidad después. Pero que esto no vale para el arte. JL Antunez precisamente escribía su última columna sobre “el buen gusto”.
En el futuro quisiera abordar esta cuestión que me tiene, hasta cierto punto, obsesionado. Estoy releyendo con profundidad e interés a Bourdieu e intentando aplicar a nuestros tiempo su concepto de capital cultural y de cómo las referencias al propio capital simbólico es una forma de poder de clase: qué cuenta como valioso, legítimo, distinguido, y quién tiene autoridad para definirlo.
No acapara tantos titulares, pero Matt Damon también participa en la entrevista y aporta una anécdota sobre el rodaje de “La máquina”. Cuenta cómo Dwayne "The Rock" Johnson logra una actuación devastadora en una escena difícil al canalizar traumas reales de su vida. El propio entrevistador, Joe Rogan, apunta en la misma dirección: “creo que cuanto más omnipresente se vuelva [lo creado con IA], más gente apreciará las cosas reales hechas por personas reales.” Por aquí lo hemos comentado, en “Lo humano será un lujo”.
En mi opinión, ese es el punto dulce, virtuoso, del uso de inteligencia artificial: ganar productividad, incluso automatizar, todo aquello que permita a uno centrarse en aportar la visión propia, en lo enraizado con la vida y la experiencia, en lo que tiene verdad.






