Lula no quiere a Microsoft

Cuando Lula llegó a la presidencia eligió a Sergio Amadeu, un entusiasta del software libre, para dirigir el Instituto Nacional de Tecnologías de la Información, dando una pista clara sobre la política que iba a seguir en cuanto a software en la administración brasileña. De ahí que no es de extrañar las declaraciones de Amadeu: «en un pais en que sólo el 10% de los habitantes tiene ordenador en casa y en el que el gran comprador de software es un gobierno muy endeudado, el pagar por licencias de programas es insostenible, además cuando las que corren en Linux causarán muchos menos gastos».
El proceso de prescindir del software propietario y sobre todo de Windows se está haciendo paulatinamente, de hecho sólo se ha completado la migración en dos pequeñas agencias de gobierno, pero poco a poco se está expandiendo a otras áreas como las urnas electrónicas, usando software libre en 400.000 de ellas (alrededor del 20% del total de las que se usan en Brasil, el resto usan Windows).

Amadeu, autor del libro «Exclusión digital: miseria en la era de la información», insiste en que no obligarán al uso de software libre, acusación principal de Microsoft, que aboga por la libertad de elección y advierte de la ilegalidad que supondría la imposición desde el gobierno de un modelo de software, ya sea libre o propietario.

El paso al software libre no es cuestión tan simple como muchos partidarios de este insisten en defender. El uso del software en la administración lo harán personal no experto en informática y, aunque se podría discutir mucho alrededor del tema, esto puede tener un precio muy caro, y no siempre posible desde la perspectiva de un funcionariado entrado en años resistente a entrar en procesos de aprendizaje largos y engorrosos.

A largo plazo parece una propuesta más que interesante, muy válida en este caso para un país en desarrollo como Brasil y visto como está obrando el gobieno de Lula, conseguible si se continúa inteligentemente sin prisas.

Fuente: siliconvalley.com