Los comentarios de mis artículos son una basura

Informáticos que se quejan de que su jefe no sabe diferenciar una grapadora de un datacenter, diseñadores que se quejan de que las tipografías de un cartel no son las adecuadas, investigadores poniendo el grito en el cielo porque su pescadera no sabe hacer 10€-4,57€ de cabeza. Y profesionales de escribir y opinar que se sorprenden al ver que mucha gente por la calle no tiene su misma pericia argumentativa.
Todos esos, y muchos más… son casos que pasan. Y que tienen bastante o mucha razón. Nos convertimos en expertos en algo, nos rodeamos de gente que, más o menos, hace sus pinitos en ese tema (incluso nuestros familiares y amigos, que no se dedican a nuestra profesión, por influencia nuestra). Y un día salimos a una calle nueva y descubrimos que la gente en general no sabe lo que dice. Y nos llevamos un disgusto. Nuestra primera reacción es de ira, claro, pero ahora pienso que no es culpa de la gente que nadie le haya explicado ciertas cosas.

Quiero pensar que de esto los periodistas y opinadores sabrán sacar la lección de que la sociedad necesita mejorar su formación en lógica, razonamiento, y debate. Igual que los científicos llevan ya un tiempo combatiendo el anumerismo. Igual que los escépticos llevan un tiempo combatiendo la superstición.
Los lectores son lo peor. Pero siempre lo fueron. Simplemente, ahora esto ha dejado de ser invisible. Si esto hace que la gente con experiencia en la comunicación y el debate se animen a ayudar a cambiarlo, lo consideraré algo bueno.

Esta vez la cita y el enlace se los lleva un comentario de un post de Mi mesa cojea, que a su vez parte de las respuestas de Enric González en una entrevista.

Algún día tocara analizar más a fondo la participación de usuarios en comentarios, la visibilidad y los incentivos, así como los mecanismos para mejorar la señal / ruido. Hoy me quedo con las tres lecturas – entrevistado, bloguero / periodista y comentarista – y mi experiencia, que realmente es muy diferente (y no es por hacer la pelota pero el nivel de los comentarios en Error500 es sobresaliente, excepto cuando el artículo se populariza y llegan no habituales, cuando es más irregular)

4 comentarios en “Los comentarios de mis artículos son una basura

  1. Es la democracia de la opinión.

    Se confunde el derecho y el respeto a la libre opinión, con la creencia de que todas las opiniones son válidas.

    La gente quiere opinar y que nadie contravenga su opinión porque “¡debes respetar mis ideas, todas las ideas son válidas!”

    Con tu artículo de hoy me atrevo a etiquetarte de intolerante. ¡Bien por ti!, la falta de “intolerancia racional” es el mal que ha aquejado a la humanidad por milenios y ,tal vez, hoy más que nunca.

    1. Se confunde el derecho y el respeto a la libre opinión, con la creencia de que todas las opiniones son válidas.

      Es el mal que aqueja todas las discusiones de hoy en día, la de llevar los hechos al campo de las opiniones y luego allí defender que todas las opiniones son válidas. También me declaro intolerante racional.

  2. Dicen que se atribuye falsamente a Einstein, pero me gusta el argumento de autoridad ” no sabes algo hasta que no sabes explicárselo a tu abuelo”

    El problema es que mucho escribiente no sabe bien de lo que habla, por tanto no puede ni sabe traducirlo a “román paladino”.

    Que pocos economistas hacen de periodistas u opinadores económicos, que pocos médicos hacen de opinadores médicos, que pocos informáticos hacen de periodistas informáticos, y de los pocos que hay que pocos tiene dotes de comunicación para que se les entienda por los legos, incluso algunos hablan su jerga sin entenderla bien – aunque la hayan estudiado – para darse importancia y excluir a los legos en la materia.

    Y normalmente el que intenta comunicar a los legos con jerga específica sin explicarla es de los menos hábiles entendiendo y comunicando.

    Último, pero no menos importante, de las 5+1 W de la comunicación Donde, Cuando, Cómo, Quien, Cuanto y Porqué, el Porqué ha desaparecido de la comunicación, cuando el porqué de las cosas es el meollo de la cuestión pero si no se entiende no se puede explicar, como bien pudo decir en su día el doctor Albert Einstein.

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