El lector de libros electrónicos frente al usuario multitarea y multimedia

Leqtor libro electrónico

Si fuésemos un fabricante de libros electrónicos ¿por qué apostaríamos? ¿Por mantener la línea de un dispositivo especializado que sirve para leer y poco más? ¿O haríamos caso de los cantos de sirena que emanan de la nueva oleada de tablets y su propuesta plagada de aplicaciones, juegos y elementos multimedia? ¿Llenaríamos nuestro lector de clientes de Twitter, juegos casuales y pantalla a color para ver vídeos de Youtube? A la ya habitual discusión entre si es preferible un dispositivo especializado que sea el mejor en una disciplina u otro multipropósito que abarque varias sin ser el mejor en ninguna, se añade en el caso de los libros electrónicos la sombra de la duda sobre cómo se van a consumir los contenidos en el futuro.

Y aquí creo que puede estar parte del valor de un lector de libros electrónicos, su uso como dispositivo que aísla la experiencia de leer de cualquier otra. Se puede leer desde muchos dispositivos: un tablet, desde un móvil, desde el ordenador… pero la apuesta de los libros electrónicos es la de replicar la experiencia del libro, un acto de concentración completa en una obra que requiere de un desarrollo largo y más o menos complejo. Es una experiencia bien distinta de como se consumen contenidos en la web y las formas de conocimiento asociadas a los mismos: mutitarea, con varias pestañas abiertas, interrupciones por el correo, el Twitter o la mensajería instantánea, saltando del texto al vídeo, necesariamente más corta y directa. ¿Es eso en lo que se deben convertir los lectores de libros electrónicos? Los últimos apuntan a posiciones poco claras, el futuro Papyre Alex viene con Android, mientras que Kindle anunció soporte para aplicaciones de terceros y una tímida integración con Facebook y Twitter para compartir fragmentos, no para actualizar el estado mientras se lee.

Mi uso actual del libro electrónico convierte sus limitaciones en virtud, no quiero un dispositivo de este tipo para navegar, redes sociales o ver vídeos, lo encuentro interesante precisamente para aislarme del ritmo de la web y poder concentrarme durante un tiempo continuado en una sola obra que desarrolle tramas y argumentos más o menos complejos. Lo que se ha venido llamando leer. Y mientras navego, uso intensivo de Instapaper y también de Calibre para luego llevar los artículos que lo precisen al lector. Eso sí, ya doy por descontado que tenderá a ser una posición minoritaria, que el futuro es de los dispositivos multiproposito y multimedia, como tiende a ser el individuo medio (si se me permite esta expresión). ¿Se lee peor allí? Hay posiciones divergentes, desde quienes abominan de la lectura en un tablet, hasta los que ya lo hacen en el móvil y análisis como los de PJorge y Celaya sobre lectura en el iPad. También merece la pena echar un vistazo a la opinión de César Cordero, que comparte un vídeo… bueno, tragicómico diría yo.

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10 comentarios en “El lector de libros electrónicos frente al usuario multitarea y multimedia

  1. Yo me e pillado el papyre 5.1, y estoy muy contento. Se lee bien, la bateria dura un monton, El tamaño es pequeño, no cansa la vista. Lleva una funda antichoc.
    Hay q tener encuenta que tengo una pila de libros y ya no me caben mas en casa. Me seguire comprando alguno pero. Una vez probado mola. Yo lo unico que le podria a los e-book. Seria una pantalla tactil (ademas no de varia ser demasiado exacta para el uso del ebook) y un bluetooth para pasar de una manera mas cómoda los libros nuevos del pc al aparartico.
    Contras
    Un e.book es para eso pa leer libros, si no pillate otra cosa
    Si buscais algun libro lo podeis visitar esta pagina , es muy intersante
    http://papyre.co.cc/

  2. A mi el concepto de ebook me gusta pero todavía le veo dos inconvenientes:
    1.- El tamaño de la pantalla; demasiado marco y pocas pulgadas.
    2.- la ausencia de color, por muchos niveles de grises que les pongan.

    Lo de el tacto del libro, el olor de la tinta y el papel, . . . pues es verdad, pero no hay pisito moderno tan grande como para soportar a un lector empedernido. ¡Qué se le va a hacer!.

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