Las fotos de mis hijos en Facebook (y el resto de internet)

Velas Kayla

Hoy se ha publicado en Xataka un artículo del que me siento muy orgulloso, “Los padres que compartían demasiado (de sus hijos) en Internet“, firmado por Javier Pastor. El debate sobre la tecnología, las fotos de los hijos y su distribución por los padres online es algo que me preocupa y para el que he venido adoptando la postura que en el artículo defiende Raúl:

Para mí, es una cosa absolutamente natural. Antes tus padres enseñaban tus álbumes a quien venía a tomar café, o montaban un pase de diapositivas (“mira, ahí estabas tú desnudito en la bañera!!!”), o te tenían puesto en marcos de fotos por toda la casa. Ahora, simplemente, has ampliado los momentos/situaciones en las que alguien puede ver las fotos de los niños; no hace falta que estén en casa, ni que tú las enseñes.

pero últimamente ando dubitativo sobre si es lo correcto, si a mis hijos en el futuro esta posición les parecerá razonable o lamentarán no haber podido elegir. Sobre todo mi preocupación es con Facebook y su énfasis en la tecnología de reconocimiento de rostros para seguir el perfil de un usuario y que podría derivar en que tuviesen ya un perfil de mis hijos en la sombra.

Foto de K & K

8 comentarios en “Las fotos de mis hijos en Facebook (y el resto de internet)

  1. Podrían? Da por sentado que lo tienen. Lo que da dinero a Facebook es la información que poseen, y ya están preparando la futura extorsión a la que someterán a nuestros hijos, con publicidad y navegación preestablecida desde niños.

    Yo trato de no compartir fotos de mis hijos, si acaso una de su cumpleaños y siempre con el circulo de la familia. Imagino que en un futuro me lo agradecerán. No me parece correcto hacer lo contrario, no imagino que mis padres hubiesen puesto mis fotos en publico y que ahora, 30 años después con un par de busquedas en internet yo (o cualquiera) pudiese verme.

    Hay que respetar a todo el mundo, y tus hijos no te pertenecen

  2. Venía a decir exactamente lo mismo que ya ha dicho Kiko: ¿cómo que podrían tener? Esto es como el chiste, con Facebook eso no se discute, podemos apostar sobre la magnitud y lo detallado del perfil… que apuesto será más detallado de lo que estimaremos.

  3. Somos sus padres, con todas las consecuencias. Cualquier decisión que tomemos, en uno u otro sentido, sobre ésta o sobre cualquier otra cuestión… implica “elegir por ellos”. Y siempre tendremos la duda de si “hicimos lo correcto”, y siempre existirá el riesgo de que “si ellos hubieran podido elegir, hubiesen hecho lo contrario”. De hecho, da por seguro que algo te acabarán echando en cara (ley de vida).

    ¿Le gustará la ropa que le ponía? ¿Acerté con el colegio que elegí? ¿Con la ciudad en la que decidí criarle? ¿Es bueno apuntarles a muchas actividades extraescolares, o que tengan tiempo para jugar como niños? ¿Cuántas son “muchas”? ¿Hicimos bien en apuntarles a kárate en vez de a fútbol, o en apuntarles a inglés en vez de a chino? ¿Y no les dimos educación musical?

    Lo que quiero decir es que como te pongas a comerte la cabeza sobre todas y cada una de las decisiones que tomas por ellos, no pararás. Yo, en esto de la paternidad, intento hacerlo lo mejor que puedo, con lo máximo de sentido común, procurando no equivocarme en “lo gordo”, y asumiendo que no hay decisiones perfectas.

  4. Muy interesante, Antonio. De hecho (y si me lo permites) hablaba justamente de esto en junio http://blog.francescgrau.com/estas-legitimado-a-publicar-la-imagen-de-los-demas sobre la legitimación de los padres en publicar imágenes sobre nuestros hijos en internet. A mi humilde modo de ver, creo que no. Les estamos exponiendo en un medio que ni nosotros sabemos hacia dónde va y que consecuencias puede tener sobre sus vidas futuras.. no sé qué cara le hubiera hecho yo mismo a mi padre si hubiera publicado toda mi infancia a sus amigos (no a los míos.. 😛

  5. Intento ahora alejarme de la perspectiva de legalidad que defendí en el Xataka porque el marco normativo que regula todos estos aspectos no tuvo en cuenta (ni tuvo ocasión de tener en cuenta) todo el fenómeno de las redes sociales. Pero hay algo en el espíritu legal que sí conviene salvar: el valor del consentimiento del menor. A veces es posible detectar rasgos de madurez hasta en el niño más pequeño, y sino de madurez, sí de muestras que entreveran lo que va a ser su carácter. A mí me bastó la vez que fuimos a una tienda de ropa y mi hija se empezó a probar cosas, hasta que acabó peripuesta como una teenager de Sensación de Vivir, pero con apenas 6 años. Le saqué una foto pensando que eso lo tenían que ver ya mismo todos mis contactos y ella posó a gusto pero me dijo “Papá, guarda la foto pero no me subas al feisbu”.

    Eso por un lado. Luego, tengo cierta perplejidad antes esas afirmaciones hondas y un poco casquivanas de que uno es un poco paranoico por desconfiar en lo que estas poderosísimas empresas que hay tras las redes sociales NO van a hacer con nuestros datos. ¿Lo saben tan a ciencia cierta? ¿Forman parte del consejo de administración y han hecho el plan quinquenal con ellos? ¿De verdad se piensa en que unas pusilánimes normativas pueden poner coto al filón de beneficios que supone segmentar hasta el más mínimo detalle tantos perfiles?

    A mí me gustaría pensar que estos actos banales de compartir fotos de nuestros hijos en redes nunca va a tener una consecuencia mayor que la de no haberlos apuntado a inglés en vez de a chino, o, más adelante, no haber hecho Madera en vez de Electricidad en FP. Pero el caso es que no sé donde pueden acabar esas imágenes y temo que el perjuicio para mi hija puede ser mucho mayor que esa frustración, que ese fastidio de que le enseñen a una visita (en mi entorno familiar, en mi casa, bajo mi control total) que viene a casa una foto de cuando la bañábamos siendo bebé o cuando gateaba en su parque. ¿Qué actitud adoptaríamos si esa visita, que ya no es del círculo primario familiar, nos pide una copia de esa foto de la bebé apenas envuelta en el albornoz?

    Administro una página en Facebook con 1 millón de “Likes”. Todos los días veo perfiles de menores abiertos. Uno ya tiene asimilado bastante contenido en este mundillo internetero y sigo asombrado al ver qué fotos comparten entre ellos y para sus seguidores. Es una generación que ha crecido sin el consejo de sus padres sobre el tema, entienden muy bien la red y sus mecanismos de viralidad, pero no son conscientes de los peligros para su reputación futura porque simplemente hasta ahora no les ha pasado nada, como sí les ha pasado a otros. O simplemente han visto que sus padres compartían fotos de ellos mismos y de los propios hijos desde su más tierna edad y han asimilado que divulgarse banalmente y hasta el extremo no tiene consecuencia alguna o incluso que es lo correcto, sin reparar que no estamos en casa en una visita familiar y que siempre hay un tercero mirando por el ojo de la cerradura.

    Seguro que nosotros podemos decirles a nuestros hijos que usen las redes sin miedo, en círculos controlados y con cautelas respecto a los contenidos y fotos compartidos, explicándoles desde pequeños quién puede ver esa foto suya que subo al Feisbu o que pongo en Twitter. ¿Habéis probado a decirles que esa foto disfrazada de Bambi la pueden ver miles de personas? La gente que tiene miles de seguidores y perfiles abiertos no tiene, a mi juicio, menos límites que un periodista con las imágenes de un menor de edad, aunque ese menor sea “suyo”.

    Repito, tutela no significa titularidad.

  6. Ángel, voy a usar tu ejemplo. Pongamos que esa visita nos pide una copia de la foto. ¿Para qué narices va a querer alguien una copia de la foto de la niña? Nadie nos la ha pedido nunca, porque es absurdo.

    Del mismo modo, me pongo en el mundo virtual. Vale, ahora nadie necesita pedirnos una copia, la pueden coger sin pedirla, pero la pregunta sigue siendo la misma, ¿para qué narices va a querer alguien una copia de la foto de la niña?

    De verdad, a mí me cuesta pensar en todas esas consecuencias catastróficas que los “paranoicos” adivinan. En esos terribles problemas reputacionales que generará en el futuro esa foto disfrazado en la fiesta de carnaval, o esa foto jugando en los columpios, o esa foto paseando por el parque. Esas amenazas a su seguridad y a su integridad física y moral. Incluso lo terrible que es que esas malvadas corporaciones puedan hacer un perfil a base de las fotos del niño leyendo o jugando al fútbol… a lo mejor acaban concluyendo que al niño le gusta leer o hacer deporte, dios no lo permita.

    A lo que voy es que ese tipo de argumentos sobre los peligros siempre se quedan en el ámbito de lo genérico, del “ojocuidao”, del “un día os arrepentiréis”, del “percibo que el perjuicio puede ser mucho mayor…”. Pero cuando intento ir a la concreción, esos peligros me parece que quedan diluidos en gran medida. Y más si los comparamos a los peligros de la “vida física”, que me parecen infinitamente más tangibles.

    Insisto, me preocupa mucho más educar a mis hijos en el uso sensato de las herramientas, del controlar lo que se comparte y lo que no, de con quién se comparte y con quién no… algo que por supuesto no tiene nada que ver con “divulgarse banalmente y hasta el extremo”, pero tampoco con el “aquí no se comparte nada con nadie y asunto arreglado”. En el punto medio, como casi siempre, está la virtud.

  7. Me temo que vuestros puntos de vista son difíciles de acercar. Ambos son válidos bajo la óptica de muchos padres, pero aun con los buenos argumentos de Raúl, soy más de la visión de Ángel. Incluso de la de Daniel Cuñado, que también intervino en el artículo, y que apostaba por ese uso sensato pero controlado de esos medios.

    De todos modos, teniendo en cuenta que por lo visto todo lo que movemos en forma de ceros y unos acaba (si ellos quieren) en manos en las que no debería estar, yo prefiero concebir esas posibilidades de los nuevos álbumes de fotos digitales –cambia el formato, pero para mi, no su fondo– como algo totalmente local. En lugar de imprimir las fotos, las guardo en mis discos duros. No tanto en la nube y en servicios “propietarios” con términos de uso confusos (sí tengo montado algo rollo ownCloud), que me sigue dando –y vivo de esto– repelús.

  8. Yo creo que el boom de las redes sociales es lo que provoca que se publiquen fotos de cualquier cosa: pies en la playa, alas de aviones, comidas, autofotos, y en este caso niños.
    Creo que no ha llegado la madurez necesaria en la mayoría de los usuarios para saber que publicar y que no, están todos en la locura de contar sus días a días.
    Calculo que en 5, 7 años la gente tomará más conciencia de todos los errores cometidos.
    Yo soy de la generación del blog, donde lo que subías al servidor era tuyo. No me cierra del todo los “jardines privados” donde lo que subis no sabes donde va a parar.

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