La nueva tentación del escritor: saber cómo y cuánto leen sus lectores

Roberto Bolaño, detectives salvajes

Ha causado cierto revuelo el buen artículo de NYT sobre los datos que capan los servicios de suscripción de lectura tipo Oyster.

Aunque hay una lectura inmediata sobre la privacidad, mi impresión es que es exagerada o al menos sobreactuada cuando esto lo llevan haciendo años los servicios de streaming de vídeo o de música: detectar y almacenar lo que consumen los usuarios para poder pagar a los propietarios de los derechos.

Donde sí creo que hay un tema novedoso es en la tentación para el escritor, la posibilidad de saber cómo han leído su obra: ¿en qué punto la abandonaron más lectores? ¿cuándo no podían dejar de leer y siguieron de golpe un fragmento más grande? ¿cuántos buscaron más libros suyos después de terminar? ¿en qué países, de qué edades, cómo se diferenciaron sus lecturas?

Esa puerta que abre el libro electrónico, al menos en los servicios por suscripción, es el punto que me parece más interesante desde el punto de vista del escritor: ¿busco la información sobre cómo se están leyendo mis obras y obtengo aprendizajes para optimizar próximos libros, o prefiero mantenerme al margen y evitar la tiranía del lector sobre mi proceso creativo?

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