Kai-Fu Lee sobre quién ganará en inteligencia artificial y las ventajas del autoritarismo sobre la democracia

Kai-Fu Lee tiene uno de esos currículums de impresión y en su libro «Superpotencias de la inteligencia artificial: China, Silicon Valley y el nuevo orden mundial» que aquí reseño se preocupa de que lo sepamos. PhD en IA – fue compañero en alguna clase de Obama en Columbia – pasa por Apple, investigador de éxito en Microsoft en la que llega a vicepresidente y por último pasa a Google en la que asume el puesto de jefe de la empresa en China. Su última etapa – visto el poco futuro que le quedaba a Google en el país, aunque él esgrime poca adaptación de la compañía a la especifididad de su país- es como fundador de un fondeo de capital riesgo dirigido a nuevas empresas chinas en inteligencia aritificial

Kai-Fu Lee y su libro

Si alguien es quien monta el primer proyecto de reconocimiento del habla en Apple y llega a ser considerado el mejor investigador en IA por Microsoft, a buen seguro que tiene algo que decir sobre el tema. Y Lee lo tiene, de hecho en «Superpotencias de la inteligencia artificial» defiende varias tesis

  • La inteligencia artificial es la tecnología decisiva de este siglo. La forma correcta de entenderlo no es mirando a productos concretos que los equipos de marketing etiquetan como «inteligentes» sino en paralelismo con la electricidad: la IA mejorará enormemente la productividad en todas las industrias de forma que la sociedad dará un salto equivalente a la revolución industrial
  • Los modelos de IA ya están maduros, ha triunfado el enfoque redes neuronales / machine learning / deep learning. Por tanto ya no se trata de investigación dura sino de la capacidad de captar y utilizar datos que alimenten las implementaciones de estos modelos.
  • Esto nos lleva al siguiente punto que es el central desde el punto de vista de Kai-Fu Lee: quien está en mejor posición para liderar el desarrollo de la IA, y por tanto el siglo XXI, es China. Si el asunto fuera la ciencia dura y la investigación de nuevos modelos Lee concede que en eso Estados Unidos y sus universidades serían la referencia. Es más, si esto sucede dentro de las empresas – algo que en la IA se está dando cada vez más – habría menos ciencia compartida entre todos y el desarrollo podría ser desigual, pero no tanto como se puede creer pensando en Microsoft o Google por buen nivel de grandes empresas chinas. Sin embargo Lee entiende que como los modelos están maduros y se trata de mejoras incrementales en los mismos y tener datos para ejecutarlos, en eso China con su estado y sus empresas tiene muchas ventajas

En este punto creo que es en el que merece la pena detenerse porque hay un elefante en la habitación que Lee no hace explícito pero sobrevuela la tesis nuclear de su obra. El ahora inversor chino elude discutir la censura y el control del internet chino, al que disecciona en el libro con una colección de ejemplos y anécdotas que constituyen los fragmentos más divertidos. Sí consigue hacer ver cómo y por qué la copia es virtuosa en la cultura china frente a la vergüenza que produce en la anglosajona, pero nada sobre situaciones como las que él mismo ha vivido, como cuando su perfil de 50 millones de seguidores en Sina Weibo fue bloqueado por criticar una decisión del gobierno

Y es que la tesis del libro la podemos formular de otra manera: un estado autoritario centralizado tiene ventajas frente a sistemas democráticos representativos y una de ellas tiene que ver con la tecnología más importante del siglo, siguiendo las tesis de Lee. El gobierno chino puede en este caso imponer la recolección de datos sin apenas restricciones, puede articular un plan en el que enfoque los recursos públicos y privados empujando a universidades, escuelas y empresas a que prioricen la IA frente a cualquier otro tema y todo ello no depende de si hay cambio de partido en el gobierno ni se para por los procesos burocráticos o de conflictos entre administraciones o poderes dentro del estado. Por tanto China tendrá más datos – aquí reconoce que la ventaja será sobre todo «sociales», en los industriales la escasa sofisticación de las empresas digitales les hace partir de muy atrás – y más libertad para aplicarlos en cualquier aspecto empresarial o social que consideren oportuno

Cabe la refutación, por supuesto. De hecho la tesis – insisto, Lee no lo dice de esta manera, interpreto que es la que subyace en su argumentario – es la del dictador sabio. Como el gobierno chino no sólo es muy eficiente sino que tiene la inteligencia de coincidir con el autor en que la IA es la tecnología decisiva del siglo, su modelo es el mejor para ser el líder del nuevo orden mundial. El problema está en una de las virtudes de la democracia representativa es que la sociedad puede relevar del gobierno a sus ocupantes cuando considera que no lo están haciendo bien sin derramar sangre, algo que no sucederá en China

El modelo de democracias representativas es el de una influencia del estado menor (sin interpretaciones liberales demasiado ingenuas, el propio Estados Unidos impulsa con fondos, ayuda a compañías de sectores que considera estratégicos y con la regulación indica qué permite y que no) y una mayor flexibilidad y discrecionalidad para las empresas y universidades privadas. Este punto no es trivial, el propio gobierno china «mandó parar» a varios sectores pujantes de internet y de los videojuegos en una llamada al reenfoque del país: menos foco en distracciones estúpidas y alienantes (es su visión) y más en las tecnologías clave del siglo según lo entienden los dirigentes. Esta pieza de Javier Pastor abunda en el tema

Hay por tanto tres aspectos en los que se puede discutir con Lee. Uno es no considerar que la IA será la electricidad de este siglo. Otro es que el modelo de estado autoritario pueda mantenerse décadas siendo «más sabio» que el que resulta de los democráticos con cambios de gobierno. El tercero es que, aunque estemos ante unos dirigentes que acierten en temas clave, el modelo de más seguridad jurídica y más orientación al mercado empresarial de Silicon Valley aventaje a uno en el que un día tienes una empresa de internet gigante y tu propio país te ponga la gran zancadilla porque no eres de la tecnología adecuada a sus ojos (por no simplificar, en EEUU y resto de occidente tienes amenaza regulatoria pero es mucho más previsible)

El libro finaliza con una última tesis que Lee compra, el aumento de productividad de la IA será tan fuerte y repentino que el desempleo generado será enorme y las sociedades no tendrán la flexibilidad necesaria para crear otros a tiempo. Habrá un paro enorme y será necesaria cierta innovación social para evitar el colapso y la violencia. Traspasado por un viaje a los infiernos particular – de adicto al trabajo semi robótico a un linfoma en fase cuatro con el que llega una suerte de iluminación para con la bondad, el contacto humano y el amor – Lee rechaza la renta básica universal (la entiende como individualista occidental) y aboga por un estado que ofreza una renta por labores humanas no pagadas ahora mismo: cuidar de un dependiente o participar de una ONG. Una solución con mentalidad china, indica

Esto incide una deriva que a servidor le ocupa y le preocupa, la tendencia a la monetización de cada aspecto de nuestras vidas. Algo que ataca por el flanco de internet con los contenidos y la mentalidad de que tener aficiones que no generen dinero es perder el tiempo y que en el caso de Lee abundaría en que hasta los actos de amor y generosidad quedarían gratificados con dinero. En cualquier caso, hay muchos «si pasa esto, si pasa lo otro» para llegar a ese escenario. La lectura de «Superpotencias de la inteligencia artificial: China, Silicon Valley y el nuevo orden mundial» es en todo caso muy recomendable para interesados en el tema o alarmados con la tesis de que es la tecnología decisiva de este siglo.

Se puede encontrar en Amazon y en Todos tus libros. Para quien quiera más una entrevista con el autor en 2021, en la que atender a su revisión de algunos aspectos del libro, que es de 2018

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