iPad y el modelo de las consolas de videojuegos en la informática personal

iPad de Apple foto

Esta es la semana del iPad, el lanzamiento del año no sólo para los fans de Apple, sino para muchos otros con un denominador común: los desencantados con la ausencia de una cultura de pago en internet. Desarrolladores de software y servicios, productores de contenidos, los medios de comunicación tradicionales… el iPad se ha convertido en una especie de tierra prometida más allá del debate habitual – «será un éxito o no» – alrededor de un gadget. Para mí el tema más interesante es descubrir si es cierto que a base de ofrecer una experiencia de usuario notable es capaz de catalizar todos estos mercados, pero antes de hablar de eso (esta semana toca iPad, lo siento), hay que hacerlo sobre la precondición con la que Apple lanza el dispositivo: el modelo de las consolas de videojuegos por el que controlan que se ejecuta en su dispositivo.

No hace falta imaginar nada nuevo, basta echar un vistazo a lo que está siendo la AppStore para iPhone, el paradigma de plataforma cerrada: ¿Que alguien hace una aplicación que compite con otra de Apple? Denegada ¿Que alguien propone que los usuarios puedan hacer algo que todavía no permiten como Voz IP? Denegada hasta que lo acordemos de otra forma ¿Que alguien lanza críticas, enseña una teta o tiene un sistema de publicidad con el que competiremos? También fuera. Claro que esta no es la historia completa de lo que ha construido Apple. La compañía de Jobs actua como un «buen tirano», si aceptas sus mandatos entras en un mundo en el que puedes hacer un gran negocio y llegar a una gran cantidad de usuarios interesantes, de esos que descargan, se conectan a internet y pagan much más que los de otras plataformas.

Quien controla el interfaz con el usuario puede controlar el negocio, es algo que Apple aprendió bien de la experiencia con iPod y iTunes y que desde hace generaciones ponen en práctica los fabricantes de consolas. ¿A qué viene pues el sorprenderse con que iPad repita este modelo? Porque iPad está mucho más cerca de lo que ha venido siendo un ordenador personal, como siempre se ha considerado los tablets por mucho que, a priori, esta vez el enfoque parezca ser el de un «consumidor de contenidos» más que el de «una máquina de lectura / escritura». Lo más relevante de iPad no es que Apple vaya a hacer un tipo de dispositivo que lleva años sin acabar de despegar y si lo hará bien, mal o regular; lo más relevante es si este tipo de modelo cuajará y será el comienzo del fin de la era de las «máquinas de propósito general», en el que no hay barreras de entrada para los desarrolladores de aplicaciones ni una autoridad que dictamine que puede hacer el usuario con su dispositivo.

Partidarios del modelo no faltan, desde los que subrayan lo seguro que será iPad porque cada aplicación estará certificada hasta los que apuntan a que así se acabará con la piratería o los que, haga lo que haga Apple, estarán a favor de ello. «¿Qué impacto tendrá en el mundo de la tecnología?» me han lanzado hoy al correo. Por supuesto, no tengo respuesta a esto, sólo tengo deseos: ojalá que lo que aporte sea una genial experiencia de usuario y el impulso de nuevos modelos de negocio para contenidos y software, ojalá también que finalmente el modelo cerrado del iPad sea superado por otros más abiertos. Con uno de ellos va a tener que competir sí o sí dentro del mismo dispositivo, se trata de la web.