Los intermediarios en el cine y la televisión en internet

Sezmi

Seguimos hablando de intermediarios en internet y en esta ocasión llegamos al cine y la televisión, probablemente el sector de los contenidos cuyo futuro está menos claro en la red. La forma en que es consumido el vídeo – bastante diferente a la música, casi siempre vemos una película o capítulo una sola vez – hace que algunas fórmulas aplicadas a ella no sirvan para el cine y la TV. Repasemos algunas de las propuestas que han fracasado, otras que parece que empiezan a funcionar y también las que se están proponiendo a día de hoy:

  • Redes P2P, como con la música, eMule, los torrents y compañía trastocaron para siempre la lógica de la escasez. Poco nuevo que añadir en este área, hay quienes afrontan el fenómeno desde la persecución y quienes lo enfocan desde el intento de crear una experiencia de usuario. En todo caso, han trastocado el ciclo tradicional del producto y las distintas ventanas de explotación (cine, DVD, tv de pago, tv generalista).
  • El fracaso de Google Video Store como «iTunes para cine y la televisión» ejemplificó lo que no iba a funcionar en este mercado: cobrar al estilo de como se venía haciendo con la música cuando una canción la voy a escuchar decenas de veces y un episodio de Damages no, y atiborrar de DRM los contenidos. Algo mejor lo está haciendo iTunes, que parte de la ventaja de una legión de usuarios, una experiencia fácil y cerrada a unos dispositivos y una política de precios ajustada. En todo caso, el «pago por descarga con restricciones» no se está perfilando como el gran negocio en el sector.
  • Youtube y otros sitios para compartir todo tipo de vídeos. En los últimos meses Google ha acentuada la apuesta por mantener contenidos de grandes productores en Youtube: les permite vender su propia publicidad, enmudecer los vídeos de usuario que usen música con copyright y ganar visibilidad gracias al efecto que tiene «estar en Youtube». Mientras, se afanan en empezar a encontrar perlas entre usuarios destacados para hacer negocio. Sin embargo las grandes productores no parecen tener nada claro lo de casarse con Google, de hecho Youtube supone una intermediación con mucho más poder que el buscador: no sólo redirige el tráfico sino que también lo hospeda, controla la distribución y lo comercializa en exclusiva. Demasiado para una industria que ha visto al sector de la música dar mucho poder a actores como Apple.
  • Hulu, Joost, con ellos llegamos a los nuevos modelos preferidos por los grandes de la industria: contenidos en streaming, lo que les permite un gran control de qué se ve, cuándo, desde dónde y con cuánta publicidad. Sobre Hulu hemos hablado mucho por aquí, además de las características anteriores, hay dos elementos a destacar: cierto grado de desintermediación al ser actores de la industria quienes lo promueven y no una «empresa de internet» y su éxito al conseguir vender todo su stock publicitario y a mucho mejor precio que los que siguen el modelo de Youtube. Joost de alguna manera ha ido dando tumbos, teniendo que bajarse de la idea de aplicación de escritorio y volver al streaming desde el navegador, apuesta que comparte con AdnStream. Ambos ofrecen una experiencia más cercana a la de la televisón de siempre, añadiendo el componen bajo demanda y social.
  • Sling

  • Por último no nos olvidemos de quienes ofrecen la distribución de la señal de televisión como servicio. Zattoo o Sling son ejemplos de ello. En este caso su valor no está en llevarse parte del pastel de los contenidos sino en cobrar al usuario – en dinero o atención – a cambio de llevarle la señal de tv a donde él quiera.

No está claro hacia qué escenario vamos, ni tampoco que modelo de neogio se impondrá. Pago por descarga, pago por suscripción, gratis con publicidad…. si tuviese que apostar lo haría por los dos últimos, sin descartar la búsquedas de nuevas vías ligadas al comercio electrónico. Y es que aunque los Hulu, Youtube y Joost estén funcionando, la pregunta para los grandes productores es si conseguirán los mismos ingresos que con su actual modelo o si, por el contrario, empiezan a canibalizarse y a no ser rentable invertir en grandes producciones. En todo caso, el camino emprendido no tiene vuelta atrás, la distribución por internet del cine y la televisión es inevitable. En la segunda parte hablaremos de unos segundos intermediarios, los que fabrican los cacharros que tenermos junto a la tele – o dentro de ella – y que también quieren pegar un bocado al negocio de los contenidos.

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