¿Hay espacio para los servicios de música independientes de Spotify?

Glasvegas en Spotify
Ha pasado casi un año desde que Spotify dio el salto a ser una plataforma que admite aplicaciones, algo que, como señalamos en su momento, aunaba una necesidad (abrir la puerta a ingresos más allá de la suscripción y la publicidad) con una fortaleza (disponer de los derechos de reproducción negociados con las discográficas, algo que ofrecer a terceros).

Para el resto de actores del ecosistema de servicios musicales se presentaba como una oportunidad estupenda, pero como cualquier integración en la plataforma de un tercero, supone también un riesgo al establecer una dependencia, asumir que el interfaz con el usuario lo controla otro y que Spotify – en este caso – es quien tiene la relación de poder. A priori, un mal escenario para quienes estaban establecidos, una buena noticia para quienes quisieran hacerse un hueco.

Entrar o no entrar con tu aplicación en Spotify

Tenemos casos de aplicaciones prometedoras como Turntable (recomiendo leer este reportaje sobre su fracaso), cuya funcionalidad acaba mimetizada por un servicio integrado dentro de Spotify. Para su público objetivo – consumidores intensivos de música, dispuestos a pagar por ella – resulta mucho más cómodo no salir del cliente de Spotify.

Hay otros casos como el de Lastfm, cuya valor recomendador cada vez va perdiendo peso conforme la gente va usando sólo Spotify para escuchar música y que con su aplicación para esta plataforma acaba buscando a los usuarios que una vez fueron suyos. En Spotify al final van confluyendo otros servicios alrededor de la música: presencia de artistas como app, recomendaciones de publicaciones y bloggers, hype machine, letras de canciones acercándose al concepto de karaoke… ¿pueden competir con ellos los servicios que se queden fuera de Spotify?

Centralización de la música

A uno le gusta pensar que sí, que en internet no acabarán triunfando las soluciones tan centralizadas, pero parece probable un escenario en el que Spotify actúe como intermediario de gran parte de los servicios alrededor de la música, sea quien cobre transacciones y suscripciones y acabe haciendo negocio hasta de la venta de entradas. Al menos queda la parte positiva, es posible que crease una tarifa plana de música sostenible, saliendo de las pérdidas que repite año tras año.

Por último, sólo subrayar que si esta es la estrategia prioritaria para Spotify, tienen un equilibrio complicado. Por un lado, cuanto peor hagan su versión gratuita, más dificil tienen ofrecer una plataforma que llegue al máximo número de usuarios posibles, por otro, si sacan versión web para competir con Rdio y Pandora, también penalizarán sus posibilidades de configurarse como la puerta de entrada a los servicios de música.

Tampoco hay que olvidar que hay muchas pantallas, desde la tele hasta el móvil y el tablet, donde Spotify no puede jugar este papel de plataforma. En cualquier caso, los servicios que basen su valor en algo que mejoraría integrado dentro de Spotify deberían empezar a considerarlo muy seriamente dentro de su estrategia.

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