El fin de la música como producto: la música como servicio

El fin de la música como producto es algo que se viene comentando desde hace mucho – quizás con otras palabras – pero viendo los últimos movimientos en la industria, parece estar cristalizando e incluso siendo asumido por los grandes actores del sector. Las ventas de compactos declinan y se buscan nuevos modelos de negocio alrededor la música gratis, que salió hace mucho del P2P para habitar también las redes sociales, los Youtube y distintos servicios alrededor de los Mp3blogs. Para más inri, las últimas noticias apuntan a que la música definitivamente pasará de convertirse en un servicio, en un valor añadido más que en un producto final con coste asociado.

Los servicios de música por suscripción llevan años en el mercado, de la mano del DRM Janus de Microsoft, siendo el modelo elegido por Yahoo o Napster. Hasta ahora no ha conseguido llegar a las cifras del pago por descarga, después de todo no deja de ser una opción para alquilar música que caduca, algo que choca con el uso que se da a la misma (estar siempre ahí para escucharla muchas veces).

Sin embargo, en los últimos tiempos hemos asistido como dos que apostaban fuerte por el pago por descarga están planteando girar hacia la suscripción. Tuvimos el rumor de que Apple estaría dispuesta compartir ingresos con las discográficas a cambio de música de suscripción para sus iPods (César lo llamó «canon privado») y más clara fue Nokia que llegó a un acuerdo con Universal para ofrecer descargas gratuitas e ilimitadas de canciones al comprar ciertos terminales durante doce meses. Se espera que pronto otras discográficas se sumen a la iniciativa, observada también por Sony para copiarla. Otros acuerdos clave es el de Imeem y las discográficas y el paso de Last.fm para ofrecer música bajo demanda gratis.

Si a esos datos unimos el reto de tendencias que nos está trayendo la web: cada vez más grupos dando su música gratis en los MySpace de turno o en descarga directa para captar atención, el fenómeno Youtube como gramola universal y los comienzos de modelos serios alrededor de la música gratis… tenemos como resultado un cuadro que bien podría titularse «El fin de la música como producto«. Las canciones, la música son cada vez más un servicio, un valor añadido a dispositivos como los Nokia (y si Apple se atreve, al iPod) y un instrumento de promoción de las bandas, pero ya no un producto para vender al público general (siempre quedará el coleccionista). Hasta el canon en España es pariente de esta visión, al igual que el exige la Warner, aunque estas dos posturas tienen matices bastante execrables que hemos comentado cien veces.

Claro que quedan otras visiones, algunas muy interesantes como las de RadioHead o la de NIN y otras más tendentes a la resistencia como la de quien pide regalías a las redes sociales, pero los últimos movimientos apuntan a que el negocio de la música definitivamente está cambiando: son las propias discográficas las que están firmando con Nokia, iMeem y compañía para que así sea.

Como epílogo al post, os dejo con Los Planetas… «si está bien, si es tan fácil… ¿por qué duele así?»:

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