Facebook extiende su plataforma al resto de la web

Un movimiento de lo más interesante: Facebook acaba de lanzar una librería Javascript que permite a los desarrolladores extender sus aplicaciones a otros sitios webs fuera de la red social. Esto se traduce que los widgets/aplicaciones Facebook podrán funcionar en otros sitios sin que sus administradores tengan que añadir nada en el lado del servidor, delegando en Facebook la red de contactos del usuario y ser quien hospede dichas aplicaciones. Más información en AllFacebook y en el blog de desarrolladores.

Facebook, por tanto, extiende su plataforma al resto de la web, algo que se puede leer como una reacción a OpenSocial. y que muestra qué consideran su gran valor a proteger: ser los que tengan y administren la red de contactos del usuario más allá de que este ya no tenga que estar en su sitio web para acceder a ellos. Y es que de esta manera, acceder a dichos contactos e interactuar con ellos a través de cualquiera de las aplicaciones desarrolladas se podrá hacer desde fuera de Facebook, sin necesidad de visitar esta red social. ¿Qué ganan lanzando algo así, que supone derribar murallas que retenían a los usuarios en su web? Reforzar su papel de plataforma para aplicaciones sociales en la web y estar presentes en muchas páginas, cuyos usuarios tendrán el incentivo de unirse a Facebook para poder usar los widgets allí embebidos.

Desde luego no es una «apertura de Facebook» (como OpenSocial tampoco tenía nada que ver con ser realmente «abiertos»), pero sí que es un movimiento muy inteligente. Cierto que hay síntomas de cierta fatiga Facebook, que además ha perdido el áurea de «nuevo fenómeno de la web» – además de enormes errores como Beacon – pero Facebook sigue siendo el mejor en su área y dando pasos de manera nítida hacia lo que parece su objetivo máximo: erigirse en la plataforma por excelencia de la web social, dentro y fuera de su propio dominio.

Por cierto, al margen de que en el tema de Beacon podamos estar de acuerdo, decepcionante artículo en El País sobre Facebook. Expresiones como «sería suficiente seguir su vida virtual [en Facebook] durante una semana para conocerle casi como su madre», «los más de 59 millones de usuario [..] corren el riesgo de estar siendo espiados o estudiados» o «los datos que se suelen considerar confidenciales se convierten de repente en información pública» denotan una tendencia alarmante al amarillismo. La privacidad es un derecho, no una obligación: tener derecho a la privacidad significa también que puedo darle mis datos personales a quien yo quiera (manteniendo un control para modificarlos, retirarlos y permitir los usos que se les quieran dar, claro) y de que alguien publique de dónde es y su empleo a profetizar sobre «el enésimo Gran Hermano» (¿cuáles eran los anteriores?) hay un trecho que Manetto se ha comido sin despeinarse.

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