El supremo norteamericano frena las aspiraciones intrusivas de la RIAA

Las pretensiones de la discográficas norteamericanas eran las de poder exigir a los proveedores de Internet los nombres de los internautas tras detectar que intercambian ficheros en programas P2P. La RIAA apenas puede obtener la IP de un usuario que usa estas aplicaciones, por lo que todas las demandas son del tipo «Juan Nadie», es decir, lo demandan sin saber cual es su identidad ya que el único que puede relacionar persona e IP es el proveedor de Internet. Así aparecen casos como el de la chica de trece años a la que la RIAA puso un juicio por usar Kazaa. El supremo norteamericano ha rechazado que los proveedores de Internet tengan que facilitar los datos personales de sus clientes a la RIAA sin que haya proceso judicial.

Y es que esto iba a servir para dos cosas: para que la RIAA pudiera extender amenazas a dichos internautas sin tener que llegar a juicios y para demandar sólo a las personas «adecuadas» que menor condena les deparara de la opinión pública. Nuevo revés para las discográficas norteamericanas tras el juicio a Grokster, que declaró legal el P2P y que por cierto han recurrido como cuentan en Wired. En este mismo medio se recoje la decisión del supremo norteamericano que fija así los límites de la DMCA, ley que establece las pautas a proveedores de servicio y contenido en caso de que de infracción del copyright.

Victoria para el derecho a la privacidad de los datos personales y al secreto en las comunicaciones. Cierto que todos estos casos sólo son aplicables a Estados Unidos, pero también lo es que en breve espacio de tiempo va a ser a lo que nos enfrentemos en Europa (donde se han anunciado ya demandas a usuarios de P2P) y Sudamérica.