El secreto de Christine de Benjamin Black. Biblioteca Error500

El secreto de CristineCon «El secreto de Christine de Benjamin Black» quería hacer un acercamiento a cierto tipo de literatura – que podríamos llamar de evasión – a través de uno de los mejores escritores de los últimos tiempos. Y es que B. Black no es sino el pseudónimo de John Banville, excelente escritor irlandés del que no dejo de recomendar esa obra maestra que es «El mar», que consigue mantener un alter ego con el que abordar el género negro policíaco, no tan lejano a sus habituales personajes oscuros y retorcidos.

«El secreto de Christine» no agota ahí sus similitudes con la obra de Banville, como otras transcurre a caballo entre Irlanda y Estados Unidos y, como es seña del autor, las descripciones, los detalles y la descripción de las actitudes, reacciones y vida interior de los personajes cobra un protagonismo nuclear. Benjamin Black consigue que como lector consiga modular el ansia por avanzar y adopte esa calma, el deleite ante una novela bien escrita. Sin embargo, creo que decepcionará a los que esperen el nivel de las obras de Banville, se trata, al fin y al cabo, de un divertimento.

Quirke

Una de las concesiones que realiza el autor es la presencia en «El secreto de Christine» de algunos personajes estereotipados: los viejos ricos, poderosos y conservadores o la nueva esposa de uno de ellos, más joven y seductora… pero a su vez tenemos a Quirke, nuestro desganado investigador. Se trata de un patólogo con problemas con el alcohol desde que perdiera a su mujer hace muchos años, que descubre cómo Malachy Griffin, reputado ginecólogo y casi un hermano para él, falsifica el informe de una tal Christine Falls, una de las recién llegadas al depósito de cadáveres, dejando la duda de por qué murió y qué pasó con su bebé.

A partir de ahí, y a pesar de que Quirke se nos presenta como un perfecto perdedor poco dado al idealismo, la trama le arrastra a sumergirse en las tabernas del Dublín de los 50 y de hasta saltar a Estados Unidos para llegar a conocer la verdad sobre la desaparición de Cristina, indagando en los secretos de su familia política, de los que quedan muchos por desenterrar.

Quirke es un personaje digno de Banville, con su corpulencia y su cojera, sus problemas con el alcohol y ciertas sombras que la trama se encarga de irnos insinuando muy poco a poco. Es el mayor hallazgo de esta novela, en el que los secundarios que le rodean no acaban de definirse por el bien o el mal, quedando en la zona gris fatal, esa que nos revela que cada uno es capaz de lo peor y lo mejor.

Novela negra para disfrutar como buena literatura

Si hay algo que no soporto de gran parte de los «best sellers» es la forma que tienen de intentar atrapar al lector, encadenando sucesos y sorpresas de forma inmediata, acumulando giros al mayor ritmo posible. Al final queda una obra que es puro entretenimiento superficial, distracción efímera tras la cual no queda nada. Hace muchos años que rechacé esa literatura – encuentro ese entretenimiento mucho más satisfactorio en el cine, las series o los videojuegos – y «El secreto de Christine de Benjamin Black» no pertenece a ella.

No voy a catalogarlo como alta literatura, es una obra menor de un excelente autor, con un equilibrio muy satisfactorio entre los ambientes (la Irlanda de los años 50, las tabernas, el hospital tan lúgubre, las grandes mansiones), personajes (Quirke fabuloso, algunos de los secundarios quizás algo desdibujados, aunque el personaje de Phoebie su «sobrina» es también estupendo) y el desarrollo de una intriga que, emocionante, compite en todo el momento en protagonismo con la verdad de los personajes.

Muy recomendable, buena literatura en el punto exacto para novela de verano. En Amazon se puede encontrar por nueve euros en digital y tiene una continuación – «El otro nombre de Laura» – que todavía no he abordado, aunque sí he leído «El lémur» de Black, que me ha parecido sensiblemente más floja.