El ejército enemigo, de Alberto Olmos

Además de «El ejército enemigo» de Alberto Olmos leí hace años su primera obra, «A bordo del naufragio», de la que guardo un grato recuerdo. Aunque me habían recomendado continuar con su «Trenes hacia Tokio», los temas que se tocaban en «El ejército enemigo» me sedujeron lo suficiente como para escoger esta última novela: el hombre frente a la pantalla que ve transformada su forma de vivir y relacionarse por la realidad online y la crítica al sistema desde la izquierda, los movimientos progresistas / «solidarios» y sus contradicciones.

El protagonista de esta historia es Santiago, un profesional del marketing online, cínico, descreído, partidario del sistema capitalista y gran consumidor de pornografía online. Su antagonista es un amigo recién muerto, Daniel, un carismático líder de movimientos alternativos que quieren cambiar el mundo. Santiago recibe un regalo envenenado de Daniel después de muerto que le hace sospechar que lo que ocurrió fue un asesinato y empieza a escarbar en la vida de su amigo para intentar descifrarlo.

Entre la novela negra y la crítica provocadora

Ahí comienza una especie de novela de intriga con tintes de crítica a la crítica social que está escrita con mala leche. El cinismo de Santiago y sus conclusiones sobre las relaciones, el fin de la privacidad, la publicidad, el sexo y el porno, el amor y la amistad parecen nacidas de un creciente encabronamiento contra todo o casi todo. A los habituales de páginas como la nuestra les sacará una sonrisa el momento en que el protagonista se hace un habitual de Chatroulette o su uso y abuso de buscadores y la información a priori privada del correo o medios sociales para averiguar y perfilar a sus interlocutores. De hecho, el desdoblamiento entre el «yo» y «yo virtual», la tensión entre ambos, tiene una presencia constante.

Más polémica resulta su crítica despiada a la progresía. «El ejército enemigo» – o más bien su protagonista Santiago, que por su fuerte personalidad es difícil dejar de ver como un alter ego de Olmos – apunta y dispara una y otra vez contra las «corrientes solidarias» a las que dibuja como una «subclase» de la clase media acomodada, que no renuncia a los beneficios del sistema al que critica desde una especie de sentimiento de culpabilidad. Alberto Olmos retrata a una clase media/alta que se manifiesta en domingo de forma festiva, para no molestar y no tener problemas, cargada con su iPhone y más preocupada por mantener su superioridad moral que por cambiar una sociedad en la que, en el fondo, se encuentra cómoda al sentirse mejor que el resto.

Notable bajo

«El ejército enemigo» me ha dejado un sabor agridulce. Funciona bien por el atractivo de la personalidad fuerte de su protagonista y por la habilidad de la prosa de Olmos, que se desenvuelve especialmente bien en los retratos hirientes. Tanto cuando Santiago ataca todo lo atacable (en el fondo, es un troll con un discurso elaborado) como cuando le toca recibir un retrato inmisericorde, Olmos acierta con un estilo provocador y efectista.

Sin embargo, el trasfondo es tramposo, con un planteamiento basado en las hipérboles que a ratos cae en una caricatura involuntaria: ni el mundo «solidario/progresista» es tan simple en sus planteamientos ni la integración de las herramientas de comunicación y socialización online son tan vacuas y, por momentos, alienantes como en este libro. Merced a esta reducción, Olmos se lo pone fácil para dar estopa a uno y otro lado, pero a cambio se queda con una novela de mucho menor recorrido que la de su «A bordo del naufragio». Como obra de intriga tampoco acaba de ser redonda, hay giros realmente brillantes (el regalo de Daniel a Santiago después de muerto es probablemente el mejor momento del libro) y otros muy forzados, como los que desencadenan el final.

Fácil de leer, entretenido, en todo caso, muy por encima por ideas y prosa de la mayoría de libros con grandes ventas, que es donde, barrunto, Alberto Olmos ha querido entrar con este «ejército enemigo«.

Para comprar: Amazon lo tiene, aunque el precio para Kindle es algo alto. Por cierto, Alberto Olmos tiene blog y usuario en Twitter (aunque este último aparece ahora privado).

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