Mooc / Educación abierta: cuando el mejor curso que puedes hacer es gratis y está en internet

Coursera

Supongamos que eres un desarrollador y que decides que te vendría bien especializarte en seguridad, un área de la que apenas tienes leves recuerdos de tu etapa académica. Empiezas a investigar y resuelves que para empezar deberías afrontar las bases teóricas de la criptografía. Aquí puedes buscarte la vida tirando de bibliografía o quizás pensar en alguna universidad cercana o a distancia que lo imparta por un módico precio… o enterarte de que una tal Universidad de Stanford lo imparte gratis por internet en una plataforma llamada Coursera, con certificado en caso de que lo completes. ¿Interesante, verdad?

Este fenómeno, al que algunos llaman educación abierta, es con toda seguridad una de las manifestaciones más claras de que la educación está en su mayor etapa de cambio desde que se empezó a dar clase. Coursera es una de las plataformas que más atención está concitando, agregando cursos de un montón de universidades (entre ellas Stanford, Princeton, Duke y Toronto), pero no es la única, tenemos EdX (del MIT y Harvard) o Udacity (con un perfil mucho más claro hacia las ciencias de la computación).

Haciendo un curso con Coursera

El modelo habitual de curso consiste en un recorrido de varias semanas (entre 6 y 12 casi siempre), en las que el alumno tiene a su disposición las clases en vídeo (los que he visto están todos subtitulados) por parte del profesor que las imparte en la universidad. Adicionalmente hay tests para asentar los conocimientos, bibliografía recomendada para complementar, trabajos a entregar (con fecha estricta) y también dinámicas como la revisión del trabajo de compañeros.

El tiempo requerido lo suelen estimar en unas cinco horas semanales, aunque aquí depende del tiempo que uno emplee en compartir y aprender en los foros de cada curso, que suelen ser bastante interesantes. Todo ello sin olvidar el “código de honor” que uno firma al entrar, que consiste en declarar “no me voy a copiar de otros y no voy a fomentar que otros se copien de mí”.

A los “viejos de internet”, Coursera les recordará al OpenCourseWare del MIT en el plantemiento inicial de una gran universidad que comparte con todo el mundo sus contenidos. La gran diferencia viene en la confluencia de dos factores: la opción por el vídeo muy cercana al modelo Khan Academy y su estrategia de “darle la vuelta a la clase” que propician una experiencia mucho más rica y el momento en que tantas universidades están dispuestas a “probar” con el experimento de dar gratis parte de su valor.

El ¿modelo de negocio?

Hace unos meses, justo cuando anunciaban una inversión de 16 millones de dólares, los fundadores de Coursera reconocían lo obvio: de momento no han encontrado el negocio de dar cursos de un altísimo valor gratis a cientos de miles de personas.

De hecho hay varios actores en la cadena de valor cuyos incentivos e intereses difieren: las universidades que por un lado se promocionan y tienen una primera aproximación a miles de potenciales futuros clientes, los profesores que tendrán que trabajar más porque las plataformas demandan trabajo extra más allá de grabar los vídeos, las webs que agregan los cursos que ahora están en plena fase de expansión y captación de usuarios y los estudiantes, a los que a día de hoy la gratuidad viene muy bien.

¿Cómo se acabará convirtiendo en un modelo sostenible? En Nada es gratis se comentaban hace poco el efecto disruptor de este modelo abierto en la educación, pero a día de hoy pocas conclusiones se pueden sacar. Quizás itinerarios más elaborados de pago, quizás esperarán a ver la conversión en estudiantes tradicionales… que en todo caso sería negocio para la universidad pero no para la plataforma.

¿Adiós a la universidad? Los límites del modelo Coursera

Antes de hablar de adiós a la universidad y proclamar que Coursera y similares son el futuro, toca hablar de las limitaciones actuales del modelo. Dos son inherentes: por un lado no se capta el “know-how” (la red de contactos que uno se hace de compañeros de la universidad de Stanford no es la que uno consigue en calidad y cercanía en los foros de estos cursos) y la certificación que se obtiene no es comparable (casi todos los cursos vienen con un certificado sólo si se han completado y aprobado todas las actividades). A eso sumaría que la educación online exige una mayor fuerza de voluntad para evitar distracciones, hacerse un hábito y ser puntual con las entregas.

Dicho esto, sí que creo que la educación abierta tiene el potencial de cambiar muchas cosas. Una vez que el contenido de las mejores universidades del mundo está colgado gratis acompañado de una serie de mecanismos para afianzar el aprendizaje, la oferta del resto del ecosistema educativo no puede seguir igual.

Y esta es una reflexión que llegará tarde o temprano a las universidades privadas, escuelas de negocio y enseñanza superior pública, ¿qué valor pueden diferencial pueden dar en este nuevo escenario? El acceso al contenido y su explicación ya no podrá seguir siendo lo principal, ¿una guía para componer los cursos que el alumno necesite? ¿acceso a grandes profesionales que complementen e inspiren? ¿el trabajo uno a uno con el alumno en planteamientos prácticos y situaciones reales? ¿creación de red de alumnos? ¿la certificación real de conocimientos del usuario? (no creo que nadie aceptase la metodología de Coursera para certificar un médico o ingeniero de caminos)

En mi caso, Coursera y compañía producen un efecto agridulce, por un lado la maravilla de que internet sigue permitiendo cosas extraordinarias, como las que un curso de Stanford se esté impartiendo a cientos de miles de alumnos del mundo gratis y sin más barrera de entrada que el idioma y la conexión; por otro, ver tantos cursos magníficos a mi alcance y pensar que sólo podré aprovechar unos cuantos porque le faltan horas a mis días es tan desconsolador…

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