Un día las editoriales se pueden despertar y descubrir que Amazon es el gran editor global

Hace unos días toco «una de esas tribunas» a las que acostumbra El País (¡Mueran los ‘heditores’!, Luigse Martín), tan tendentes a establecer por un lado que los viejos modelos son muy superiores a lo que trae internet como a describir el cúmulo de fatalidades que se nos viene encima a pesar de las evidentes ventajas para los ciudadanos que, confundidos y ciegos a ellas, caen en las garras de la red. Sin internet se vivía mejor, en definitiva. La tesis en esta ocasión era que los editores aportan mucho valor a la creación literaria respecto a las posibilidades que abre la autoedición, como por ejemplo salvarnos de que los mediocres publiquen y salvar a los genios de la literatura de sus demonios y faltas de ortografía.

En fin. Mientras, en el mundo real, Ian McEwan (del que guardo un grato recuerdo gracias a «Amsterdam») firma un acuerdo exclusivo con Amazon en el que dobla el porcentaje que se lleva para las ventas (Times Online). Si alguien va a revisar sus textos no será un editor a la vieja usanza al que el escritor inglés parece no necesitar más. Un día las editoriales se pueden despertar y observar que Amazon es el gran editor global, capaz no sólo de encargarse de la venta y distribución sino también de la impresión en papel, de la versión digital y, hasta cierto punto, del marketing

Si hasta plataformas de autoedición como Bubok deberían estar preocupadas, qué decir de las grandes editoriales. El peligro que se cierne es que los autores consagrados, los que más venden, empiecen a percibir que no las necesitan tanto como afirmaba el señor Martín y que se deberían llevar más dinero por la venta de sus obras. No, todavía no es el apocalipsis para los editores tradicionales, pero sí puede ser una de las últimas llamadas de atención antes de que empiecen a pasarlo realmente mal, los nuevos intermediarios están aquí y entienden perfectamente algo que será básico los próximos años: el precio de venta del libro digital tiene que ser mucho menor que el del libro físico e internet permite optimizar procesos de forma que los escritores puedan ganar más por sus libros. De nuevo, editoriales y tiendas de libros ante el espejo de la industria de la música.

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