Crowdfunding, ¿son El Cosmonauta y Jero Romero anécdota o sólo el comienzo?

A la gente de El Cosmonauta apenas le faltan 1500 euros a día de hoy para alcanzar la nueva petición de financiación realizada para poder completar su película. Se trata del caso más llamativo de Crowdfunding en España, la externalización de la financiación a una «masa indeterminada de gente» a través de internet, pero no el único. Jero Romero, el ex-cantante de los Sunday Drivers, ha logrado con creces los 10000 euros que precisaba para grabar su disco. Ambos casos apuntan a un modelo que les permite funcionar de forma alternativa a la producción habitual de sus industrias respectivas: independencia y libertad gracias a la ayuda de su propio público, que cada vez es menos «receptor/comprador de la obra» sino que se implica mucho más de lo que los apóstoles del todo gratis en internet se empeñan en repetir.

La pregunta ahora es si el Crowdfunding puede funcionar para un amplio número de artistas e iniciativas y en qué casos lo haría. El Cosmonauta ha jugado la baza de ser la primera gran película en abrazar el modelo, por lo que ha ganado las simpatías de mucho público posicionado a favor de hacer las cosas de una forma opuesta a la de la industria del cine; Jero partía de una buena cantidad de seguidores de su etapa de los Sunday Drivers (servidor por ejemplo estuvo en un par de conciertos de la banda). Ambos ejemplos, por tanto, no deberían ser tomados de momento como la regla general como tampoco «hacer un Radiohead» le funcionaría a todo el mundo.

Sin embargo, si tuviese que apostar, creo que el Crowdfunding sí que tiene bastante recorrido y que puede jugar un papel importante no sólo en las industrias «culturales» o del ocio. La explosión de plataformas (Lanzanos, Verkami y más que van a aparecer) llega en la confluencia de tres factores clave: la explosión de medios sociales (blogs, twitter, redes sociales) que permiten a los artistas mantener una relación desintermediada con su público, la cada vez más barata producción digital de muchas obras que requieren por tanto menos financiación y una cultura mucho más desarrollada de «comunidad» que de «audiencia». A ello podríamos sumar el posible papel que pueden jugar las marcas en el crowdfounding como apunta Gonzalo y redondearíamos un cuadra en el que esta práctica no sólo no va a quedarse en anécdota sino que dará mucho que hablar en los próximos años.

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