Solaris de Stanislaw Lem. Biblioteca Error500

Solaris

Solaris de Stanislaw Lem fue la novela capaz de reconciliarme con la ciencia ficción después del distanciamiento de años que había seguido a una intensa afición durante mi adolescencia. No es fácil hablar de este libro, pero al ver la reedición con traducción directa del original que ha hecho Impedimenta (una editorial que es mi debilidad y causante de que todavía compre libros no digitales), no he podido resistir la tentación de elegir Solaris como una de las mejores novelas que he leído y, por tanto, una de las primeras en aparecer en esta “Biblioteca Error 500”.

La obra cumbre de Stanislaw Lem juega con el género, partiendo de un argumento clásico de la ciencia ficción – el primer contacto con una inteligencia extraterrestre – pero a la vez renunciando a varios de los elementos recurrentes de las obras más populares del mismo. No hay intentos de explicaciones de tecnologías futuras ni un final revelador que despeje las incógnitas que surgen en la trama. Lo que hay es una expedición al planeta Solaris a la que llega el protagonista Kris Kelvin, encontrándose una situación decadente en lo material y desconcertante en lo demás: quienes debían gestionar la estación sobre el planeta presentan un cuadro terrible, un muerto que sólo dejo algunas notas, otro claramente enloquecido que no sale de su laboratorio y un tercero, Smaut, receloso a la espera de que Kelvin descubra la locura a la que se enfrentará.

Lo que hay en Solaris

A lo que deberá enfrentarse el protagonista es a un océano-criatura de inteligencia inasible, materializada en criaturas réplicas – indistinguibles de los originales – de humanos ya muertos, pero que Solaris es capaz de leer de los sueños de los vivos. Así Kelvin acabará encontrándose con su mujer muerta años atrás, de cuya desaparición aún se culpa. En sus pesquisas se topará con décadas de torpeza de la ciencia para clasificar al océano como una inteligencia viva con voluntad propia, incapaz de abordar desde sus propias categorías este fenómeno, y un misterio todavía mayor: las propias pasiones humanas, el miedo y los afectos, la nostalgia, la culpa y el deseo, la vida y la existencia enfrentadas sin posibilidad de huida.

Mi descripción no hace justicia a Solaris cuyo desarrollo tiene una capacidad para provocar el desasosiego e incluso la angustia. Lem no se permite ni una concesión lírica, pero el conjunto de la obra es sobre todo evocador, trasciende con mucho una aventura galáctica. Son dos los océanos desconocidos que aparecen en la novela, uno es ese ente fantástico (deliciosas las descripciones de los “nimoides”, párrafos que valen más que millones en efectos especiales) al que la humanidad es incapaz de descrifrar con sus limitaciones cognitivas; el otro océano es el propio hombre, que ante la vida, la muerte, el amor y la culpa se enfrenta a una abismo todavía mayor.

Otras lecturas de Solaris

Existe una versión muy conocida del libro, el Solaris de Tarkovski, de la que tengo buenas referencias pero que todavía no he catado, así como otra posterior de Soderbergh. Algunas críticas del libro mejores que esta: Andrés Verdasco y Jordi García, Alfonso Merelo y Armentia. La nueva edición traducida directamente por Impedimenta la conocí gracias a Papel en Blanco.

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