Línea de metro Vodafone, estación Galaxy Note

Presentación Metro Sol

Lo adelantaba ayer El Mundo y lo confirman hoy quienes han estado en la presentación oficial (véase Zona Movilidad): la Estación de Sol y la Línea 2 de Metro se llamarán Vodafone hasta 2016. No han hecho público el precio de un acuerdo muy similar al que también cerraron desde la comunidad de Madrid con Samsung para cambiar el nombre de la misma estación por el de “Galaxy Note”.

Es un error. En mi opinión, claro. Sobre todo porque la percepción de gran parte de los ciudadanos es que “le están quitando algo” al cambiar el nombre de “su estación”. La marca aparece aquí como alguien que ocupa un espacio que no le corresponde, que pertenece a la comunidad. Tanto Vodafone como Samsung consiguen gran notoriedad (quizás más los coreanos que fueron los pioneros) pero también son quienes se ven en la diana en este debate sobre el espacio público y el papel que debemos permitir a las marcas en él. Los impactos, como tantas veces hemos comentado, casi nunca son neutros.

Los “economics” del transporte público

Con los números de la transacción sobre la mesa – insisto, no los han hecho públicos – sí que es defendible que el patrocinador aporta: los billetes no pagan ni mucho menos todos los costes del metro de Madrid, la otra parte no la asumen sólo sus usuarios sino el resto de la sociedad (empresas y particulares) con cuyos impuestos se cubre ese déficit del transporte público. Que alguien pague por este tipo de publicidad (o por otra, por ejemplo, cartelería) redunda en que cuesta menos a la comunidad mantener el metro y que esos recursos los puede dedicar a otras tareas.

Pero este debate dista mucho del que se pone sobre la mesa. Es habitual el entendimiento de que si esta publicidad no lleva aparejada una bajada de la tarifa no repercute en beneficio de los ciudadanos, de hecho no saber cuánto paga Vodafone por esto y cuánto ayuda a cubrir costes de metro de Madrid es fundamental para poder llevar el debate a algo más allá del “me han cambiado el nombre de la parada”.

Estación metro ligero

Para la marca, que consigue una gran notoriedad en todo caso, no deja de ser un riesgo entrar en la zona de “los que nos están quitando algo”… una zona en la que gran parte de la ciudadanía sitúa a los males de la sociedad y que en estos momentos se traduce en un contexto de comunicación muy delicado.

Mi impresión personal es que una ciudad debería tener espacios libres de marcas, puramente públicos en los que el sentido de las cosas no lo marque sólo el balance económico sino también la idea de ciudad y convivencia que queremos tener. Disto mucho de ser “anti marcas” – trabajo en una empresa que vive de la publicidad y los proyectos de empresa – pero también creo que la propuesta de estas siempre debe ir enfocada – y más en estos tiempos – hacia la aportación de valor. Vodafone no debería ser quien le cambia el nombre y los carteles a mi estación de metro, debería ser quien consiga que haya buena cobertura 3g y Wifi en todas las estaciones. Claro que quizás la propia comunidad de Madrid es quien no está abierta a estos enfoques.

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Actualización: según El País la cifra por estos años de patrocinio será de tres millones de euros.

7 respuestas en “Línea de metro Vodafone, estación Galaxy Note

  1. Juan Lupión

    No estoy del todo acuerdo cuando dices

    e la percepción de gran parte de los ciudadanos es que “le están quitando algo” al cambiar el nombre de “su estación”. La marca aparece aquí como alguien que ocupa un espacio que no le corresponde, que pertenece a la comunidad

    En todo caso y con la pérdida de calidad en el servicio de Metro de Madrid de los últimos años -achacable a muchos factores, no cabe duda- uno ya no tiene la percepción de que el Metro sea algo de la comunidad. De la Comunidad de Madrid, en todo caso, que uno tiene a asociar más con el Gobierno de turno (aunque aquí turnos más bien pocos).

    Así que si uno no siente el espacio de Metro como propio, qué más da que le cambien el nombre. A mí me interesan cosas como los paros periódicos y casi sistemáticos, las escaleras mecánicas rotas, las máquinas expendedoras que no funcionan a primeros de mes, la lentitud del tren entre Joaquín Vilumbrales y Colonia Jardín por unas obras misteriosas que llevan meses… el nombre es lo demos.

  2. Jose

    >> Disto mucho de ser “anti marcas” – trabajo en una empresa que vive de la publicidad y los proyectos de empresa – pero también creo que la propuesta de estas siempre debe ir enfocada – y más en estos tiempos – hacia la aportación de valor. Vodafone no debería ser quien le cambia el nombre y los carteles a mi estación de metro, debería ser quien consiga que haya buena cobertura 3g y Wifi en todas las estaciones. Claro que quizás la propia comunidad de Madrid es quien no está abierta a estos enfoques.

    Yo sin embargo, me quedo con esto. Forzar un cambio de hábito del tipo «cambiar el nombre a la línea de metro» es terrible, pero cuánto más valorado no sería si llegases a algunas líneas en las que la cobertura es cutre, cutre, cutre… y tuvieras un cartel que dijera COBERTURA 3G DE VODAFONE. Tendrías los mismos carteles en las mismas estaciones de metro, dándole a Telefónica donde ésta tiene asociada su imagen («la infraestructura es nuestra», que diría Alierta) y sin jugársela a desatar reacciones adversas…

    En fin, yo tampoco creo que el cambio de nombre sea buena idea, pero no porque esto escenifique el metro no es de la comunidad (estoy muy de acuerdo con lo que dice Lupión), sino porque creo que necesitamos que los espacios públicos sean algo más que lo que separa una tienda de otra, necesitamos que efectivamente sean públicos para el disfrute. Y eso implica que las marcas estén en cierto modo ausentes en algunas partes…

  3. Arturo

    Si se descuentan los 3 millones que se recaudan del precio del billete ok, pero claro, no va a ser así.
    La gente no ve bien dónde va a parar el dinero de privatizar el nombre de una linea que es DE TODOS. Queremos transparencia.

  4. Asier

    “…pero cuánto más valorado no sería si llegases a algunas líneas en las que la cobertura es cutre, cutre, cutre… y tuvieras un cartel que dijera COBERTURA 3G DE VODAFONE. Tendrías los mismos carteles en las mismas estaciones de metro, dándole a Telefónica donde ésta tiene asociada su imagen.”
    No puedo estar más de acuerdo con este comentario de Jose. Creo que este “patrocinio” de Vodafone es no solo demasiado megalómano, sino además ineficaz.
    Me explico: será ineficaz porque que un nombre sea impuesto oficialmente no significa que vaya a ser adoptado socialmente. En este caso hablamos de un sistema de “naming” de las líneas profundamente arraigado (algunos números tienen décadas) y de una estación con el nombre del que es probablemente el espacio público más popular (y simbólico) de Madrid. Dudo mucho que los madrileños empiecen a utilizar otro nombre porque una marca (o las instituciones) se lo pidan. Pasa como con los motes: no se los pone uno mismo, sino que te los ponen los “amigos”.
    Respecto a si la apuesta repercutirá negativamente en la imagen de marca de Vodafone, podría ser, aunque creo que estamos bastante inmunizados ante la presencia de éstas en nuestras vidas (incluso me da la sensación de que cada vez las introducimos con mayor entusiasmo). En todo caso sí me parece que ahondará en la percepción que los ciudadanos de Madrid tienen hacia sus instituciones, como entidades cada vez más volcadas en la privatización de lo público.

  5. julio

    Donde me fijo yo es en la foto, supongo que la gente de los extremos son los firmantes del acuerdo y son los que “sostienen el cartel”(idea+acuerdo+…), el del medio que es al político de turno, fíjense que no sostiene el acuerdo y como tiene las manos.

    No me creo nada de lo que dicen o hacen, ni de sus intenciones.

    Para mi su postura lo dice todo.

    Ojo, es posible que el fotógrafo no haya sacado el espíritu del acuerdo, pero yo creo que el fotógrafo ha hecho unos de sus mejores trabajos y lo ha clavado.

  6. Ivan

    Vincular un servicio público con una marca privada entraña riesgos de imagen para el servicio. ¿Alguien se imagina un juzgado patrocinado por Endesa o un regimiento luciendo publicidad Pikolín? Ni los consumidores ni los competidores de los patrocinadores estarían muy seguros de cuáles son las prioridades del servicio patrocinado.

    Aún así, como comento en mi blog, en este caso veo beneficios para ambas partes.