La neutralidad de la red en el juego político

La votación en el senado sobre la neutralidad de la red y los argumentos utilizados por los distintos grupos que han rechazado la moción del PP, no han hecho sino reforzar una sensación que se ha ido acrecentando en los últimos años: esto de internet era algo nuestro, cuyas posibilidades y libertades enarbolábamos orgullosos, pero sobre el que se han ido creando múltiples intereses que acaban cristalizando en los intentos por controlar internet por parte de los gobiernos.

La neutralidad de la red ha entrado en el juego político y eso en nuestro país significa que empieza a utilizarse como arma arrojadiza y sectaria (hoy a favor de ella en España por hacer oposición y ganar voto internauta, mañana en contra en Europa de los derechos en la red; hoy eres de derechas si lo defiendes, mañana serás progresista o de izquierdas o lo que sea), pero sobre todo entran en juego «los intereses nacionales». Y eso casi siempre significa que se escucha a Telefónica y a los grandes creadores de empleo en nuestro país, bajo el mismo argumentario que suelen utilizar los partidarios de la ley Sinde, el empleo que genera tal o cual industria y que hay que proteger, al parecer, a toda costa de la influencia de la red. Y al final se acaba llegando a situaciones esperpénticas en la que políticos de escasa altura se enrocan en posiciones del tipo «la gente no sabe que necesita esto, pagaré el precio de la impopularidad a coste del beneficio real para la sociedad», cuando en realidad lo que tenemos es una insoportable ausencia de una idea de internet en nuestra clase política.

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