Khan Academy

Khan Academy tiene todos los ingredientes para convertirse – como lo está haciendo – en un tema candente de debate en blogs y otros medios «hambrientos» de novedades y con cierta confianza en que la tecnología puede traer progreso a todas las disciplinas: es una apuesta por el uso de internet y el vídeo en la educación, tiene conferencia TED vista millones de veces y suscita cierto escepticismo entre educadores tradicionales.

El planteamiento de Khan Academy es el de ofrecer lecciones en vídeo de matemáticas y otras disciplinas, de forma gratuita, para su uso por los estudiantes. Hasta ahí lo esperable es que su uso fuese como complemento de la educación formal en la escuela, pero lo interesante es que en alguna están dándoles un mayor protagonismo: la idea es que los estudiantes atiendan a las lecciones en casa, viendo los vídeos, y la clase pase a ser totalmente práctica, el profesor no dicta las lecciones ni explica sino que ayuda con la realización de ejercicios. Adicionalmente a los vídeos el sitio web de Khan Academy ofrece ejercicios a resolver directamente en la página, con mecanismos de recompensa / juegos para incentivar a los alumnos.

El valor que defienden desde Khan Academy es que con un vídeo uno puede volver atrás, verlo cuantas veces quiera y se evita que la timidez impida la solicitud de una repetición. A eso suman un montón de datos para el profesor, qué alumnos han visto qué vídeos, qué ejercicios han resuelto y en cuáles se han quedado atascados, lo que conforma todo un cuadro de mandos de la clase en cuestión. Con ello debería saber en qué alumnos centrarse en clase para ayudar más a resolver los problemas en los que están atascados. Idealmente esto nos lleva a una atención más personalizada y a que distintos alumnos pueden ir a distinto ritmo, evitando esa dificultad insalvable en ciencias cuando alguno «se queda atrás».

Resultados de Khan Academy y críticas

Tienen un programa piloto con un colegio de Los Altos, California, de cuyos datos presumen: la mejora del nivel de matemáticas de los alumnos en un año es bastante significativa. Claro que aquí tenemos un escenario difícilmente extrapolable: por disponer de equipos y conexión en casa, por el nivel de ingresos y la implicación en la educación de las familias… parece complicado que el modelo Khan funcione igual en otros contextos.

El modelo, como comentamos, suscita críticas. Algunas de ellas están recopiladas en hackeducation: cierta «sustitución» del profesorado por vídeos y algoritmos, negación del enfoque constructivista (basado en entregar al alumno herramientas que le permitan crear sus propios procedimientos para resolver una situación problemática, lo cual implica que sus ideas se modifiquen y siga aprendiendo) y limitación en la aplicación (sólo puede plantear problemas con respuestas no ambiguas, va a ser difícil sacarlo del ámbito de las ciencias). Más sobre todo ello en blog.genyes.org.

Curiosamente un gran defensor de Khan Academy es Bill Gates, benefactor de la iniciativa (que por cierto, es una organización sin ánimo de lubro), que defiende el proyecto desde la base que «liberar la clase» de las explicaciones y lecciones facilita la realización en ella de tareas creativas, fomentar el debate y la participación y actividades más complejas. En un artículo a fondo en Wired tenemos la historia del proyecto con un enfoque bastante elogioso.

La educación del futuro… o tal vez no

Hay muchos deseos de que «se arregle la educación», unida a la fe de que la tecnología tendrá un papel protagonista en ello. A la vez asistimos a respuestas en la dirección contraria, como la del colegio en Sillicon Valley que repudia la tecnología. Por aquí – sin ser uno ni mucho menos experto en educación, pero sí un poco conocedor de lo tecnológico – hemos defendido que la herramienta debe ser lo de menos ante esa corriente promovida por los políticos de llenar de ordenadores los colegios.

No puedo ocultar que Khan Academy me parece un proyecto seductor, con planteamientos muy interesantes y del que de inmediato se percibe valor y potencial. No obstante, la dificultad de extrapolar los primeros resultados de su implantación creo que debería llevar a moderar el entusiasmo y, sobre todo, no olvidaría reforzar el papel del profesor, elemento clave – en mi opinión – para que funcione una escuela. No en vano, uno puede aprender sólo con un libro o con un vídeo, pero sólo las personas que nos transmiten su pasión y conocimiento, son capaces de inspirarnos.

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