El valor de Change.org y de la cultura de la adscripción

Lleva unos días en el candelero un debate sobre la solvencia técnica y fiabilidad de las votaciones en Change.org (véase Galli y 2, también entrevista al director de Change sobre el tema), que parece no dejar margen de duda: no es que no haya autenticación de la identidad de quien firma vía DNI electrónico o similar, es que ni siquiera hay capacidad de contar correctamente correos electrónicos.

Al respecto me ha llamado la atención enfoque de Genbeta que se pregunta si «tiene valor». Y el caso es que más allá de la casuística técnica, el valor de las votaciones de Change.org es como el valor de ser trending topic, de la existencia de un hashtag o una protesta de usuarios en Facebook… el que le queramos dar. Mi impresión es que ahora mismo hay una sobrereacción con lo que sucede en estos entornos por una mezcla de miedo a lo nuevo, desconocimiento / dificultad para medir los efectos y un empuje interesado por quienes plantean el «social media» desde los cuentos de miedo… pero me puedo equivocar, si después de todo quienes sepan media bien la influencia acaban encontrándola en estos entornos.

En todo caso, mi distancia con Change.org es más conceptual que técnica. No me gusta el planteamiento de «te sumas» o no, sin más matices o debate. Es la cultura de la adscripción, del +1, del retuit que encuentro reduccionista del valor que podemos conseguir en medios sociales en internet, o al menos para los que yo me planteo utilizarlos. Leo y releo las peticiones que hay en portada y en todas discutiría, matizaría, aportaría… pero lo que se busca es el número por el que una gran muchedumbre pueda hacer «presión social» para influir / forzar la conducta de otros individuos, organizaciones, administraciones públicas y empresas.

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3 comentarios en “El valor de Change.org y de la cultura de la adscripción

  1. Antonio, más allá de la cuestión técnica, me parece que tanto Avaaz.org y Change.org, no son plataformas de debate ni diálogo. Su función es sumar personas para apoyar o no cada causa que se presenta. El problema radica en la «pereza intelectual» con que muchos comparten y re-difunden ideas en medios sociales, sin la menor crítica ni dedicando un mínimo de tiempo a comprender bien el asunto. En mi opinión esto es lo que resta valor a este tipo de iniciativas. Así como uno firma y explica por qué lo hace en change.org, debería estar también la opción contraria: explicar por qué uno no quiere firmar una petición, cuando se niega a hacerlo.

  2. Yo diferencio entre lo casuístico y lo causístico cuando se trata de participar socialmente en la red. Tienes razón al resaltar la apreciación reducionista de muchas de estas iniciativas. Pero nada de ello me impedirá participar en aquellas que, en lo sustancial, coincidan con iniciativas que yo mismo tomaría. Creo que todo depende de esa misma pereza intelectual que menciona Gonzalo Reynoso. Y equiparar un «retuit» sobre «lo monos que son los pies de Milan» con la firma en change.org de la petición de un referéndum para abolir la monarquía es excesivamente simplista. Quizás (seguro) que la técnica de medición de impacto no es la adecuada (ni está desarrollada), pero cuando se empieza a hablar de darle voz al pueblo en asuntos públicos creo que casi cualquier iniciativa tiene valor por si misma. Además ¿no puede cualquier ciudadano promover la iniciativa de poner una medalla a Urdangarin por su excelente etapa de jugador de balonmano internacional?. Que lo haga. ¡Habralos que la suscriban, dejémoslos a ellos, pues, tan ardua tarea!

  3. Bueno, ya era hora de decirlo. Resulta también divertido que la víctima sea el creador y defensor de Menéame, aunque debe decirse que no entra en la bondad ética del sistema y el overhype sobre el presunto poder rebelde de las masas y sí en la debilidad técnica del asunto.

    Pero como bien dice #1 sobre estas plataformas «Su función es sumar personas para apoyar o no cada causa que se presenta. El problema radica en la “pereza intelectual” con que muchos comparten y re-difunden ideas en medios sociales, sin la menor crítica ni dedicando un mínimo de tiempo a comprender bien el asunto». Añado, también la presunta bondad de la jerarquía de enlaces que hacen los usuarios de Menéame y que algunos tratan de hacer pasar como un termómetro de la vida y la opinión. Me da más que son los de fuera y no tanto el fundador. Sin embargo, a mi nunca me ha valido demasiado el argumento de que te saca de tu círculo de comfort: el linchamiento es linchamiento allá donde vaya, y la falta de análisis es falta de análisis.

    Pero los viejos bloggers que abrazaban las causas de la indepedencia y el valor de la red se enamoraron de la espuma del volumen y lo guai. Y trasladaron su protagonismo a los servicios que les dan su influencia.

    Change perderá su credibilidad por sí mismo. Es cuestión de tiempo. No quiere decir que cierre o cosas parecidas, sino que formará parte del paisaje y terminará por no hacer temblar a nadie, salvo a sus propios consumidores. Ahora es estupendo abrir titulares de medios online reivindicativos con no se cuantas firmas y tal y tal. Como cuando los periódicos titulan «arden las redes sociales» y ni saben cuántas personas reales dicen lo que sea.

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