Las discográficas contras las radios online. El caso de Pandora

Pandora

Pandora está cerca de cerrar. Lo afirma su fundador, Tim Westergren, en una entrevista en el Washington Post, apuntando a la subida de royaltis aprobada el año pasado como la culpable de que no le salgan las cuentas. Estas comisiones aprobadas por un comité federal en Estados Unidos – único país donde se puede acceder a Pandora – supondrían llevarse el 70% de los ingresos de este año proyectados por este servicio de música online. Teniendo en cuenta que hay programadas nuevas subidas los próximos años de estos regalías, el resultado es que Pandora sería una empresa imposible de rentabilizar.

La industria discográfica es consciente de que con estas comisiones está matando la radio online, y no me refiero a la distribución por internet de emisoras tradicionales, sino de los nuevos servicios por internet alrededor de la música. Pandora, iMeem, Last Fm, Finetune son ejemplos de nuevas propuestas de negocio que plantean ingresos para las discográficas en la era del P2P, de la mal llamada «piratería» y del top manta. ¿por qué la discográficas se dedican a estrangular a quienes plantean nuevos modelos con ingresos para ellas? ¿por qué no permitirles sobrevivir con comisiones razonables en los años que están desarrollando su negocio y mantener un ecosistema con servicios de valor añadido?

Uno puede ir a Pandora (precisa que utilicemos un proxy de Estados Unidos) o a Last.fm y se encuentra no sólo con mucha música gratis, sino con sistemas de recomendación y con la posibilidad de comprar las canciones. Distribución, promoción y comercialización todo en uno, con un modelo que paga a las discográficas y cobra por servicios extras (como la radio personalizada de Last.fm). Si tanto lloran y lloran contra la «piratería» desde la industria musical, ¿no deberían apoyar estas radios? La respuesta es complicada, pero creo que algunos de los siguientes esquemas son los que pueden estar barajando:

  • Pérdida de margen de beneficios: las discográficas pretenden que los nuevos modelos mantengan los márgenes de la comercialización en CD de la música. El «gratis con publicidad» puesto en manos de intermediarios digitales no se acerca a ellos y por eso mismo exigen una subida constante del royalty que cobran por canción.
  • Miedo a la desintermediación: los sistemas de recomendación online como Last.fm y las nuevas plataformas tipo MySpace hurtan a las discográficas parte del mayor valor que aportan hoy día a los creadores, la promoción. Si grabar un disco con calidad cada vez es más fácil y barato, si la distribución va a ser eminentemente digital y encima la promoción depende también de agentes online… ¿quién necesita discográfica?
  • Pérdida de poder: salir en las «radio fórmulas» es algo que «te consigue» la discográfica. Motores neutrales hacen que las radios online te recomienden nuevos grupos sin que la Warner de turno pueda cambiarlo (al menos en un servicio honesto).
  • Miedo a la desintermediación II: cuando todo se digitaliza, hacen falta menos intermediarios. Ejemplo de ello es la propuesta de Last.fm pagando directamente al músico, un esquema por el que al artista le conviene quedarse con los derechos de explotación de su obra (y por tanto no cederlos a su discográfica). En este caso, otros intermediarios como las sociedades gestoras de derechos ven menos menoscabadas sus funciones al ser posible medir con exactitud cuando debe cobrar cada grupo sin necesidad de sus «servicios».

La industria musical se muestra en este caso insaciable. No quiere P2P, no quiere que se comparta música gratis… pero tampoco acepta nuevos modelos que se adapten a que la distribución de música no tiene costes y, por tanto, hay que dar buscar dar valor en este escenario para encontrar nuevas fórmulas de generar ingresos. El resultado de todo ello es el de un escenario en el que las discográficas se posicionan contra las nuevas radios online, hasta el punto de querer liquidarlas: si un servicio de éxito como Pandora pasa apuros, los pequeños que estén empezando tienen todas las de perder. Si al final consiguen matarlos, no conviene olvidarlo cada vez que escuchemos a una discográfica hacerse la víctima porque «internet mata su negocio a pesar de que se esfuerzan en adaptarse». Pura hipocresía.

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