Cuando los libros son software, tienen problemas de software

Kindle nuevo

Hay tres debates clave alrededor del libro electrónico. El primero, que gira en torno a modelo de negocio, precios y actores, está en plena ebullición en España; el segundo, sobre la desintermediación y concentración en el sector se encuentra en estado incipiente pero presumiblemente irá a más; el tercero tiene que ver con ciertos costes ocultos de la digitalización del libro. O, mejor dicho, con los efectos derivados de que lo que está pasando con el libro no es su mera «digitalización», sino su transformación en software.

Los libros electrónicos ya son software

Habitualmente asociamos que un «libro electrónico es un fichero», con una analogía similar a lo sucedido con las canciones. Hasta ahí el debate respecto al libro gira entorno a la inclusión de sistemas de DRM para evitar la copia, algo que ya empieza a introducir la incompatibilidad en la lectura: es necesario un software compatible con la tecnología DRM para poder hacerlo, algo que constituye uno de los grandes problemas de Libranda.

Pero la transformación del libro no se queda ahí. Tenemos además que la distribución de los mismos se está concentrando en actores que ofrecen el lector y la tienda integrada, y, por tanto, establecen las reglas de qué podemos comprar para esos lectores. Además tenemos escenarios más sofisticados, editoriales que transforman libros en apps y casos como el de iBooks 2 de Apple, que merece la pena analizar aparte.

Hay una confusión, con iBooks Author no se hacen libros

Cuando fue lanzado este nuevo sistema para crear un nuevo tipo de libro interactivo cuya factura es realmente atractiva (véase apple.com/education) surgió una interesante polémica por los términos y condiciones de la misma: se produce un fichero con formato propietario de Apple que sólo se podía comercializar en la tienda propiedad de la compañía de la manzana. Permiten exportar a otros formatos como PDF, (y comercializarlos), pero ya dejarían de ser «obras interactivas».

La confusión redise en entender que con iBooks Author se hacen libros cuando realmente se programan módulos para un software de Apple. No es la única de este compañía, la última consiste en bloquear libros con enlaces a Amazon dentro de los mismos.

Control y géneros híbridos en el libro electrónico

Al final las mayores concesiones se producen cuando se quiere aumentar el control de la obra. Se añade DRM para evitar la copia y los efectos que se producen son que los libros son menos libros: no se pueden prestar, no se pueden leer desde cualquier parte ( es decir, cualquier dispositivo, puesto que se introduce incompatibilidad) y se abrazan plataformas que limitan y controlan lo que se puede publicar.

La otra vía por la que los libros están siendo transformados es por la hibridación de géneros, tomando elementos de los juegos, incorporación de elementos multimedia y aprovechando características de los nuevos soportes de lectura como son la integración de redes sociales y la geolocalización. Por un lado esto supone que habrá más confusión respecto a lo que podemos considerar un libro digital, por otro, que de nuevo tenemos problemas de software: licencias, compatibilidad o no con según qué plataformas y, también muy interesante, evolución de versiones frente al concepto de obra terminada.

Estándares abiertos Vs la lectura como servicio

Siendo problemas software, conviene enfocarlos desde las distintas estrategias que se han venido aplicando en la informática las últimas décadas. Una vía de solución a estos problemas es la utilización de estándares abiertos, que permiten su adopción por cualquier lector y, por tanto, evitan problemas como la incompatibilidad. Aquí tenemos ePub como referente del sector, pero cuando se introduce DRM se evaporan parte de sus ventajas. ¿Alguien quiere publicar y no producir obras incompatibles y que no se pueden prestar? LA solución es ePub sin DRM

La otra vía que están explorando las distintas plataformas es la de dar una solución multidispositivo en el caso de Kindle, a cuyos libros uno puede acceder casi desde cualquier cacharro con navegador web. Han convertido el acceso a la lectura de tus libros en un servicio y uno empieza a despreocuparse de si realmente «tiene» la obra comprada o no encima. No se evitan los problemas del control, pero sí que esquivan el debate sobre el DRM construyendo una versión más sofisticada del mismo.

Sea como fuere, el debate del libro digital debemos abordarlo cada vez más en clave de debate sobre el software