Contra el chupipandismo en social media

Hoy Pep Ortuño en su Google + – que al menos queda como sitio donde dejar textos más largos que un twit pero que no te encajan en tu blog – comparte una reflexión contra «el chupipandismo» (esta expresión no es suya, pero creo que encaja) en social media: convertir el medio en fin, hacerse un profesional de la cobertura tuitera de saraos en los que no se aplica el mínimo sentido crítico sino sólo la repetición de los mensajes de la marca y acabar en un círculo vicioso en el que los presuntos «influenciadores» crean eventos para marcas a los que van los demás, invitándose en cadena… un sinsentido para la marca, ¿de verdad tiene credibilidad alguien que se pasa día tras día haciendo esto?, que se justifica en base a ciertas métricas cuantitativas bastante endebles en su relación con la influencia.

Pep aboga, creo que con buen criterio, a que se pueden hacer acciones y eventos pero no con profesionales del social media, sino con quienes tengan credibilidad y autoridad en la temática, por mucho que los siga menos gente en Twitter y por mucho a que nos arriesguemos a que van a ser más críticos. Servidor, revisando su historial, recuerda algún planteamiento de este tipo en el que ha picado (cuando me han metido en temas que no son tecnología) y sinceramente creo que lo mejor en estos es dedicarse al área en la que uno, al menos, entiende un poco.

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6 comentarios en “Contra el chupipandismo en social media

  1. Mismos ponentes y mismos asistentes a múltiples eventos para hablar de lo mismo. Es una tendencia en alza y lo peor de todo es que al final no se aporta nada. Lo que mas me apena es que este ruido puede solapar grandes eventos, grandes mensajes o conferencias de gente con menos buzz pero que para mi podrían ser mas valiosos.

    Cada día discriminar es mas complicado y encontrar algo genuino casi imposible, pero estoy seguro de que alguien me sorprenderá, para bien, mañana o pasado, así que prefiero no perder la esperanza 😉

  2. A poco que se es crítico, se ve a uno le invitan a todos los sitios y les dejan todo tipo de productos, sea de lo que sea, solamente por el número de followers. Y es que muchas veces hatsa se nota que es forzado. Yo no me meto en su curro o no d, pero a mí nadie me pediría opinión para fotografía o cómo cuidar críos de la misma, yo me quedo en videojuegos, móviles, cómics y un poco de comida a nivel casero.

    Pero claro, quien paga es el que manda y contra eso no se puede.

    Se dice el pecado pero no el pecador

  3. Creo que está en vuestra mano, Antonio, dar consistencia a los eventos con influencia de verdad y conocimiento no huero y vano. En vuestra mano, me refiero, a gente que lleváis mucho tiempo ahí, que sois invitados repetidamente a tener presencia en todo tipo de saraos porque la cartilla de followers es atractiva, porque estáis en el círculo idóneo, porque quedan muy monos junto al cartel de tal marca, etc… Sé que es difícil decir «no» a ciertas cosas, porque al final unas vienen por otras, y tampoco es cuestión de perder oportunidades, pero a los que os seguimos ya no nos queda crédito y sabemos que detrás de toda la fanfarria y la máscara… no hay nada más que humo. Conste que no va por ti, maese Antonio, que aportas mucho conocimiento y crítica a todo donde pones el ojo, pero sí por mucha gente que luce la misma sonrisa Steradent en este evento y mañana en el de la competencia sin más que un OLA K ASE

  4. Creo que coincidimos casi todos los sospechosos habituales (esos que cuando la blogosfera cabía en un bar nos veíamos en todas partes) en un evento que convocó un banco muy conocido. Era inhabitual entonces el que a los escritores de blogs se les invitara a chupito y, como nos veíamos en todas partes era ocasión para seguir viéndose porque entonces todos los eventos eran divertidos, allí que estaba la creme de la creme de lo que hoy son profesionales reputados en redes sociales o conocidos dirigentes de empresas tecnológicas.

    El banco en cuestión subió un tipo a un escenario que empezó a tratarnos como si fuéramos tontos en una orgía vendedora propia de Glengarry Glen Ross. Y nos reímos de él en los tuits. Y pasamos mucho de él en nuestros posts. Y de la marca y del evento. Habían inventado un concurso para YouTube. Y tenía que ser guai.

    No ha cambiado mucho. Sólo que ahora muchos vivimos de esas cosas y hemos dejado de quejarnos en público de estos eventos y estas marcas con sus nombres y apellidos. También muchos de los que tenían nicks graciosos y entrenidos han mutado a sus nombres de pila porque ahora son marcas personales respetables. Al mutarse en gran negocio publicitario los fundamentos que nos gustaban de la experiencia digital (no, no lo llamaré dos punto cero) se perdieron desde el momento en que la marca aprendió a poner un tuit y los seguidores ya no eran los que lo arrancaron.

    Se quieren chupipandas porque se quiere volumen. Y los que lo pagan exigen volumen. Nunca quisieron cambiar sus relaciones con el cliente. Erróneo o no erróneo, lo que dió credibilidad en los tiempos pre-cuchipanda era eso. Pero ya a nadie le importa y puede que dé completamente igual. El star system de las redes (famosos de tele, azarosos famosos de ranking) funciona como toda la vida… pero sin que sea el Hola quien te haga popular. Sólo parece un cambio de canal.

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