Mirando el futuro de Uber con una licencia de taxi en la mano

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Hoy he publicado en Teknautas de El Confidencial «Mirando el futuro de Uber con una licencia de taxi en la mano», una aproximación sobre los diversos futuros probables del sector ante la tensión entre los modelos P2P y los gobiernos con sus regulaciones.

Mirar al futuro del sector del taxi con una licencia en la mano es la imagen de nuestro tiempo. Todos somos un taxista con un papel que garantizaba el porvenir, que nos costó un huevo y parte del otro, que nos daba entrada al club de la clase media occidental. A todos se nos cae la sonrisa cuando nos dicen que hay que ser valiente, adaptarse a los nuevos tiempos y a la tecnología, que el mundo se transforma, que es lo que toca.

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Pese a lo que mucha gente suele pensar, Uber y BlablaCar solamente difieren en cuanto al tipo de trayecto que introducen al mercado de transportes (corta distancia y con horario no previsible, algo tipo taxi, frente a media distancia o larga distancia organizado con planificación previa, más como un autobús o tren intercity), pero son idénticos en cuanto a lo que hacen respecto del sistema de transporte público de una ciudad: habilitan como transporte de pago a vehículos y prestadores que antes no formaban parte de ese ecosistema empresarial

De forma que la economía colaborativa no es ni más ni menos colaborativa que la de toda la vida. Lo que conocemos como economía colaborativa tiene en común que son sistemas con la audacia suficiente para concebir como comerciables bienes con los que nadie jamás ha comerciado antes.

Hay un punto (en otros no tanto) en el que no puedo estar más de acuerdo con José, cada vez que leo o escucho «sharing economy» o «economía colaborativa» para referirse al alquiler menos regulado no hago sino sorprenderme con lo bien que han hecho marketing alrededor de lo abierto, desintermediado y el compartir.

De taxis, Uber y «sharing economy»

Hoy he participado en un animado debate en Xataka, «¿Es el fin del taxi tal y como lo conocemos? Uber, P2P y la batalla legal y social a debate» con Remo, Jesús Fernández (vicepresidente de la Federación Profesional del Taxi Madrid) y Ricardo Galli.

45 minutos sobre un tema que va más allá de una aplicación, porque la mal llamada «sharing economy» – yo prefiero economía P2P. en más de los casos no va de compartir, va de alquilar – nos va a cuestionar sobre como ponemos – o no – límites a la tecnología, al liberalismo que muchas veces viene integrado en ella y cómo de inmovilistas somos protegiendo sectores establecidos frente a soluciones que los desafían.

El sector del taxi contra Uber y Cabify

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No habíamos hablado por aquí de Uber, el servicio de alquiler de coche privado con chófer que lleva operando bastante tiempo con éxito en Estados Unidos. La idea detrás es una suerte de competencia respecto al taxi con un alto componente tecnológico (aplicación para solicitarlo y pagar, cerrar horario y tener una previsión del coste) y de posicionamiento en servicio «premium» (chofer, coches de gama alta) pero sin ser mucho más caros (algo sí).

El caso es que Uber compite con uno de los sectores más regulados y con mayor poder de movilización y presión, el del taxi. De hecho en Chicago y otras ciudades en los Estados Unidos se está desencadenando una guerra legal con varios frentes: los taxistas que ven crecer una competencia a su servicio, los «innovadores» que defienden su propuesta disruptora del sector y en medio las administraciones que a su vez tienen sus propios incentivos en forma de tasas e impuestos al sector.

Hace unas semanas, cuando en Genbeta entrevistamos a la gente de Cabify (para entendernos, el Uber español), defendían la legalidad de su propuesta cuando le preguntamos precisamente por este escenario. Aunque así sea, ello no quita para que, si crece, vaya a haber una fuerte disputa con el sector del taxi.

El caso es que la propuesta de Cabify tiene sus puntos fuertes en la calidad de servicio que se le presupone (servidor no ha probado la propuesta española) que siempre ha sido bastante imprevisible en el sector del taxi (en resumidas cuentas, casi nunca el taxista tiene un incentivo para intentar dar el mejor servicio porque no hay necesidad de fidelización, te toca el taxi que te toca y eres un cliente cautivo), pero en España el hecho de pagar un precio extra en estos tiempos se antoja muy complicado. Mientras, tecnológicamente, el sector del taxi ha avanzado gracias a varias propuestas de servicios online y aplicaciones, pero – hasta donde servidor ha probado – se resiste a introducir elementos que incentiven el buen servicio como sistemas de valoración de cada taxista por parte de los usuario y que uno pueda pedir repetir quien le lleva.