La segunda burbuja tecnológica, según Mark Cuban

MArk Zuckerberg en la película la red social

Dos posts de Mark Cuban (I y II) sobre “la segunda burbuja tecnológica“, que me han interesado especialmente porque cuestiona lo que hemos sostenido por aquí sobre la posibilidad de una nueva burbuja.

Cuban compra la idea de que esta vez quienes están provocando / están quedando atrapados en la presunta burbuja son inversores en el mercado privado, no aquellos que invierten en bolsa pública. La tesis de Cuban es que esto no significa que si estalla sólo se vean afectados estos inversores con mucho dinero que además asumen que sus apuestas son de muy alto riesgo, sino que el número de gente participando como “angel investor” es tan alto y de un perfil no tan pudiente como se podría presumir, que los efectos de un pinchazo de la burbuja sería igualmente devastador.

De hecho la visión de Cuban está muy alineada con la regulación del equity crowdfunding: si se ha hecho muy fácil convertirse en “angel investor”, dentro de esa forma de inversión de alto riesgo empieza a entrar gente que no tiene la liquidez y la capacidad de asumir todos los riesgos que implica.

Como contrapunto a Cuban, la respuesta de Phil Pearlman, con la tesis contraria, el número de inversores en el mercado privado contra la población USA es insignificante.

Los verdaderos síntomas de la burbuja

Tumblr Yahoo

Por aquí hemos debatido que las valoraciones altas y mediáticas tipo Tumblr, Instagram o Whatsapp no eran una buena medida de si estábamos en una nueva burbuja tipo la de “las .com”. Por eso me ha interesado la entrevista a Bill Gurley (resumen en BI), que también comenta Fred Wilson:

Cada día que pasa tengo más esa sensación. Creo que Silicon Valley en su conjunto o la comunidad de capital de riesgo o la comunidad de startups está tomando una cantidad excesiva de riesgos en estos momentos. Sin precedentes desde el 99. En cierto modo menos tontos que el 99 y en otro más tontos que en el 99.

Te garantizo dos cosas: Una, la tasa media de “burn rate” en la empresa con respaldo de capital riesgo en Silicon Valley está en su punto más alto desde el 99 y tal vez en muchas industrias más alto que en el 99. Y dos, más personas en Silicon Valley están trabajando para empresas que pierden dinero de lo que han estado en 15 años

Es precisamente lo que resalta Wilson: el síntoma burbujil por excelencia es la creación de incentivos para quemar dinero, de perderlo, para crecer en un entorno porque los demás están haciendo lo mismo.

No Exit: la vida emprendedora se vive peor. Biblioteca Error 500

No exit Sillicon Valley

Por fin pude terminar No Exit el ¿libro, reportaje largo? de Gideon Lewis-Kraus que mencioné en “Contra la visión mítica del “ingeniero emprendedor en Sillicon Valley”“.

Me ha resultado un bálsamo en medio de la narrativa dominante de la era dorada del emprendedor. A pesar de que su enfoque – o precisamente gracias a ello – se centra en la historia de un par de jóvenes que han llegado a San Francisco a “cumplir su sueño y a cambiar el mundo” y que carece de una visión más general con las cifras del fenómeno, Lewis-Kraus consigue darle la vuelta a la historia prototipo que se suele contar: los chicos en el garaje, la rebeldía contra lo establecido, los inversores que confían en su visión y el éxito en forma de producto masivo que acaba haciéndolos millonarios.

Los emprendedores que retrata No Exit no forman parte de ese 0.1% de grandes exitosos, son de esa mayoría que empieza un proyecto y consigue inversión para empezar a comerse el mundo desde Sillicon Valley… pero pronto descubren que el sistema no está diseñado para darles tiempo, ser independientes y controlar lo que quieren hacer y lo que no (lo que se suele asociar a “emprender tu propio proyecto”) sino para ofrecer retornos a los inversores con unos múltiplos de valoración y plazos de tiempo determinados y para ser una suerte de I+D externalizada de los grandes gigantes que acaban devorando pequeñas compañías (y que parece que pagan mucho por ellas cuando realmente lo que tienen es un sistema que hace que haya miles de intentos de crear productos y servicios, algo que les costaría a ellos muchísimo más).

De hecho “No Exit” tiene más virtudes, como es la de mostrar que la vida en esta fase del emprendimiento es bastante miserable: absorbida por un proyecto que se piensa propio, controlada en plazos y metas por agentes exógenos, desvirtuada “pivoteo a pivoteo” del espíritu original que impulsó a sus creadores. Es más, es capaz de subrayar la obviedad que se escapa a muchos evangelistas del emprendimiento: un ingeniero suele sentirse mucho mejor en entornos controlados, con problemas bien definidos y estabilidad que “siendo disruptor” desde la incertidumbre.

En paralelo a esa historial Lewis-Kraus relata su experiencia en una casa compartida con “techies” venidos de todo el mundo a esa nueva meca de la tecnología y el emprendimiento que es San Francisco. Los retratos que hace de ellos y sus dicsursos son un buen termómetro de la narrativa creada en Sillicon Valley y esa suerte de “anarco capitalismo” que exuda: desconfianza total hacia el estado, tecnoutopismo a raudales (la tecnología es la gran solución para todos los problemas del mundo), asunción de que están haciendo lo más heroico que se puede hacer en estos tiempos y una gran pobreza intelectual más allá de la pantalla del iPhone.

Un libro recomendable para leer antes de emprender, pero sobre todo, para antes de animar a emprender a otros.

También lo ha reseñado Pau Llop

Contra la visión mítica del “ingeniero emprendedor en Sillicon Valley”

Felix Salmon reseña No Exit: Struggling to Survive a Modern Gold Rush un libro (casi diría un reportaje largo de 48 páginas, algo más de un euro en versión electrónica) y lo hace recogiendo su crítica de la visión mítica del “ingeniero emprendedor en Sillicon Valley”

…demuestra lo miserable que es la vida del fundador [de una startup], y plantea la cuestión de por qué alguien voluntariamente se sometería a una cosa así.

¿Por qué tanta gente en Silicon Valley quieren ser fundador de una startup? Debido a que cada emprendedor que conocen siempre está “partiéndolo”, teniendo un éxito abrumador, a punto de cerrar una gran ronda, etc etc De alguna forma deben saber que esto es imposible: si el 90% de las nuevas empresas fracasan, simplemente no puede ser el caso de que todas las startups que conocen están teniendo éxito

El libro ya está en mi pila de lecturas.

Dos de “así es Sillicon Valley”

Regulación del estado y visión del liberalismo tecnológico

Unión europea

Resulta revelador asistir a las reacciones que se producen desde el ámbito de la tecnología a los movimientos regulatorios a la luz de dos noticias de estos días. La primera apuntaba a que el gobierno español quiere regular el crowdfunding – de hecho parece que sólo el equity crowdfunding – tal como han hecho otros países.

Otra apunta a que la comisión europea quiere introducir medidas de protección a consumidores en compras dentro de aplicaciones y se ha reunido con Apple y Google para ello.

Quizás porque esta última tocan con una fibra personal, mi aversión a esos mecanismos psicológicos utilizados para maximizar las compras dentro de aplicaciones incluso dedicadas a niños y el escaso control y poder con el que me encuentro para poder impedir eso, he seguido los comentarios y reacciones en twitter y comentarios con especial atención.

Lo que más interesa de los primeros comentarios que veo desde el mundo de la tecnología es la idea de que la regulación del estado por definición es negativa – frena la innovación, “no saben”, “estropean” – mientras se defiende que la superioridad del enfoque más liberal capitalista de Sillicon Valley en el que lo mejor es dejar hacer a las compañías – grandes o pequeñas – minimizando la intervención.

Me sorprende por el escaso calado que tiene el liberalismo en España con excepción de este ámbito en el que esa corriente de pensamiento que idealiza al emprendedor y apunta como mayor éxito recibir grandes inversiones y tener “exits” millonarios. No digo que sea mejor ni peor, pero hay un punto de ruptura con la tradición reguladora europea de mayor peso del estado y mi impresión es que está filtrándose a través de la ideología que subyace al pensamiento de tecnólogos, inversores y empresarios de Sillicon Valley.

Relacionado: Internet, tecnología, liberalismo y desconfianza en las instituciones, Los “techies” como los nuevo yuppies

Los “techies” como los nuevo yuppies

MArk Zuckerberg en la película la red social

En io9:

La subida del techie hace obvio que los magnates de la industria de tecnología están en la cabeza de la carrera por la sustitución de los banqueros como los barones ladrones en nuestro imaginario. Tal vez la próxima lucha de clases urbanas realmente se librará en los campus de Facebook y Google.

Todo esto se refiere a Estados Unidos, más concretamente a la capital del capitalismo tecnológico, San Francisco. En Xataka anticipamos ya algunos de los problemas que están teniendo los “techies” en “No todo el mundo quiere ser vecino de un ingeniero de Google

Burbuja o no burbuja, esa es la cuestión

Tumblr Yahoo

¿Estamos ante una versión renovada de la burbuja de las “.com” de finales de los 90? ¿Hemos vuelto a algunos de los axiomas de la nueva economía a la hora de valorar empresas e inversiones? La valoración de Twitter en su salida a bolsa cuando todavía no gana dinero, la negativa de Snapchat a ofertas muy potentes, el precio pagado por Tumblr o por Instagram… ¿no son todo síntomas de una vuelta al pasado?

Aquí creo que merece la pena establecer un punto de reflexión porque, al mismo tiempo que sucede todo eso, tenemos por un lado lo mismo se afirmaba cuando Google compró Youtube (precio desorbitado, ausencia de rentabilidad) y ahora es difícilmente discutible el valor y negocio que les ha aportado tener el sitio de vídeo online líder; además hay una máxima que parece difícil de sortear, si precisamente hay mucha gente diciendo que estamos en una burbuja entonces es imposible que estemos dentro de una: una característica ineludible de las burbujas es el pensamiento generalizado de que va a seguir creciendo y que si no entras, te vas a quedar fuera de un gran negocio.

En Bits de NYT recogen el debate, reforzando mucho que la visión desde Sillicon Valley es de negacionismo. El titular en todo caso refleja la fuerte sospecha desde otros estamentos, “si parece una burbuja y flota como una burbuja, entonces…”, sobre todo desde los entornos de “financieros puros” que al final del día esperan ver Ebitdas y flujos de caja.

En la defensa de la “no burbuja” tenemos las posturas de partes interesadas (grupos de inversión, Dixon, Arrington y similares), pero especialmente me ha gustado este artículo de Jon Rushman que a partir de los datos de inversiones intenta buscar paralelismo entre los patrones de 1999 y 2013… y no los encuentra, concluyendo que:

A los medios de comunicación les gusta concentrarse en los extremos de éxito o fracaso. Nosotros los podemos ignorar sin problema. Los promedios indican que si hay otra burbuja tecnológica en el camino, esta apenas ha comenzado.

Mi impresión es que burbujas pasadas – la de las empresas de internet a finales de los 90, la de la vivienda en España más reciente – ha provocado a que prácticamente ante cada caso aislado de aparente sobrevaloración o de fracaso se recurra al recurso dialéctico de la burbuja, como se hace como con cada fenómeno en el que la gente intuya grandes diferencias entre oferta y demanda (desde los community managers hasta los emprendedores y las incubadoras).

¿Es posible que se esté gestando una nueva burbuja en el sector de internet en Estados Unidos? Perfectamente, pero ni parece que estemos ahí todavía ni parece posible que vuelva a haber una fiebre del oro como la de aquellos años.